Eliot 105

Y coincido con la primera parte del Prologus Baenenssis en su decidida apología al libro y la escritura. Según Baena, gracias a ellos se conserva la memoria de los grandes hechos del pasado y de los avances de las ciencias. El saber humano no cae en el olvido y pasa de generación en generación: “Ca si por las escripturas non fuesse ¿cuál sabiduría o cuán engeño o memoria de hombres se podrié membrar de todas las cosas pasadas? Onde si los homes pararen bien mientes al pro que nasce de las escripturas, conoscerán que por ellas son sabidores de todos los fechos e de todas las sciencias, e que de todo ello non sopieran ningua cosa, si cuando murieron aquéllos que eran vivos a la sazón e tiempo que pasaron los grandes fechos non los dexaran por escripto, para que los sopiesen los otros que eran por venir. Por la cual razón todos los homes son adebdados de amar a todos aquéllos que lo tal fezieron e ordenaron, pues que saberán por ellos muchas cosas que non supieran por otra manera”.

Para Baena el contacto con los libros es un ocio cortesano nobilísimo (como jugar al ajedrez, cazar, etc.), pero el provecho es mayor porque se refuerza el entendimiento y la memoria, se experimenta placer, se vuelve uno virtuoso. Esto nos dejó escrito al final de su prólogo: “Pero con todo esso, mucho mayor vicio e placer e gasajado e comportes reciben e toman los reyes e príncipes e grandes señores leyendo e oyendo e entendiendo los libros e otras escripturas de los notables e grandes fechos pasados, por cuanto se clarifica e alumbra el sesso e se despierta e ensalça el entendimiento e se conorta e reforma la memoria e se alegra el coraçón e se consuela el alma e se glorifica la discreción e se gobiernan e mantienen e repossan todos los otros sentidos, oyendo e leyendo e entendiendo e sabiendo todos los notables e grandes fechos pasados, que nunca vieron, nin oyeron, nin leyeron, de los cuales toman e resciben muchas virtudes e muy sabios e provechosos enxemplos, como sobredicho es […]”

Debido a mi pobreza se me negó la bibliofilia. Qué no diera yo por adquirir las notas de clase de Richard Kilvington, por una editio princeps del «Breve tratado y muy importante para saber hacer una confesión general», de Juan de Santo Tomás o por el incunable «Tratado de Derecho Sucesoral ab Intestato» de Nicolás de Ubaldis (1471).

“El libro –escribió́ Ramón Miquel y Planas- es la obra más perfecta que ha salido de las manos del hombre. Es un todo completo donde se reúnen un elemento espiritual, que es la obra literaria fruto del pensamiento, y un elemento material, que es el libro como obra tangible. Libro perfecto es aquel en el que ambos elementos -cosa y alma- se corresponden dignamente, aquel donde la belleza de la obra literaria tiene una exacta correspondencia con la belleza y perfección de sus componentes materiales. Esta es la concepción de libro que tienen los bibliófilos”.

P.S.: Hay volúmenes que son pura quimera. Aún imagino el impacto visual del De Arithmeticis Impressionibus de Visconti, donde la rusticidad de los tacos de madera contrasta con la ambición de sus esquemas matemáticos. O el peso histórico del Liber de Subtiliter Evocandis Spiritibus Aerialibus, esa rareza del «Frater Soter» que delata su valor en el uso insólito del cobre para ilustrar sellos demoníacos en un formato concebido para el anonimato.

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