Eliot 113

La tesis central que expresa el gran Ussía —que los imperios y las fronteras no caen con estrépito, sino que se entregan mediante la desatención y la parsimonia— es un tema clásico de la Realpolitik y de la historia diplomática. Los territorios se pierden antes por el abandono político que por la derrota militar.

Viene al pelo aquí Klemens von Metternich: «La política no consiste en perseguir deseos, sino en calcular posibilidades». Sin olvidar su otra máxima: «Un Estado que deja de prever los acontecimientos acaba siendo gobernado por ellos». La Historia nunca avisa, señoras y señores.

En política, lo importante no es tener razón, sino llegar antes. Es crucial que nuestros políticos comprendan esa lógica —o desarrollen esa astucia—. En política internacional no existen espacios vacíos: cuando un país renuncia a ocuparlos, otro los ocupa. Las fronteras no empiezan a perderse el día en que cambian los mapas, sino el día en que un Estado deja de pensar estratégicamente en ellas.

«El principal error de los gobiernos débiles radica en creer que el peligro desaparece simplemente porque se niegan a mirarlo a la cara. La historia no perdona la parsimonia disfrazada de prudencia», Henry Kissinger, Diplomacia, 1994.

O también Churchill (Bettino Craxi siempre expresó ideas similares, aunque la idea proviene originalmente de Lord Palmerston): «En la alta diplomacia no hay amigos eternos ni alianzas inmutables; solo hay intereses. Quien crea que sus aliados tradicionales sacrificarán sus propios proyectos por proteger la integridad ajena, desconoce la naturaleza del poder».

El desinterés de un pueblo por sus confines es el mejor aliado de la ambición extranjera.

P.S.: Te envío un abrazo afectuoso, Alfonso.

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