Cuando se habla del «metaestudio» que asentó las bases del cambio climático de origen humano en el debate público y científico, generalmente se hace referencia a uno de estos dos frentes: el metaestudio del consenso de los científicos (Cook et al., 2013) o los informes del IPCC (Naciones Unidas), que en realidad son macro-revisiones de toda la literatura científica existente. AMBOS HAN SIDO EL NÚCLEO DE LA EVIDENCIA Y, AL MISMO TIEMPO, EL BLANCO DE INTENSAS CRÍTICAS.
Moreno Bonilla es un blandito. En mis libros critico esta derecha política que carece de un cuerpo intelectual sólido y prefiere mimetizarse con el adversario para evitar ser tachada de «reaccionaria». La derecha española es, desde hace décadas, una derecha puramente administrativa. No tiene ideología, tiene contabilidad. Por eso, en cuanto se levantan de la mesa de números y entran en el debate de los valores, tiemblan. Compran el lenguaje de la izquierda porque es el único que está homologado en los medios y en la academia. Prefieren ser considerados incapaces a ser llamados autoritarios, y en ese chantaje verbal han perdido toda su personalidad.
Mi maestro Savater explica el gran drama de los políticos que se dicen de centro o de derechas y es que viven con el temor reverencial a no parecer lo suficientemente progresistas. La izquierda ha establecido una aduana moral, y la derecha hace cola pacientemente en ella para que le sellen el pasaporte. Al aceptar sus términos, sus definiciones de lo que es bueno y malo, compran el paquete ideológico completo. Se vuelven políticos blandos, incapaces de sostener una batalla cultural porque, en el fondo, creen que el adversario tiene la superioridad moral.
En su obra Cómo ser conservador, Scruton explicaba por qué los políticos conservadores se vuelven «blandos» frente a la izquierda:
«El conservadurismo moderno se ha visto intimidado por la máquina del resentimiento de la izquierda. Los políticos conservadores, temerosos de ser tildados de crueles, elitistas o intolerantes, han adoptado apresuradamente la jerga de sus críticos. Han aceptado la premisa de que la sociedad debe ser constantemente deconstruida y reformada desde el Estado. Al hacerlo, sabotean los fundamentos mismos de lo que deberían proteger. Un conservador que acepta el lenguaje de la liberación y la igualdad abstracta de la izquierda ya ha perdido la batalla antes de que empiece la discusión».
En mis libros denuncio cómo los políticos de derechas suelen pertenecer a la facción de los gestores, los ingenieros económicos. Creen que el mundo se arregla equilibrando los presupuestos. Pero como carecen de una formación cultural y humanística sólida, cuando la sociedad demanda respuestas sobre la identidad, la moral o la justicia, se encuentran vacíos. No tienen narrativa propia. Es ahí donde la izquierda, que domina la cultura de las humanidades, les impone su relato. El político técnico, al no saber qué responder, asume el marco mental del intelectual de izquierdas porque no tiene otro a mano.
P.S. Un abrazo, Sostres. Describiste de mil amores al zoquete de Moreno Bonilla.
