Eliot 40

Cuando Chiang critica que las decisiones queden en manos de Amazon o que el sistema empresarial premie el «ser comprados por Google» en lugar de la libre competencia, un liberal clásico no puede más que darle la razón. Eso no es libre mercado; es oligopolio y corporativismo puro. El verdadero capitalismo se fundamenta en la competencia y en la destrucción creativa, no en blindar a los gigantes tecnológicos mediante barreras regulatorias.

Del mismo modo, cuando señala que los algoritmos restringen la capacidad de elección, acierta: el liberalismo sitúa al individuo y su autonomía en el centro. Si una tecnología se utiliza para centralizar el control y someter a la sociedad a estructuras de poder —ya sean estatales o corporativas—, estamos ante un peligro legítimo para la libertad individual. Chapeau en eso por el entrevistado.

Sin embargo, las discrepancias con su visión del mundo son insalvables en otros puntos, especialmente en esa insistencia en convertir al mercado en el chivo expiatorio. Chiang afirma que «el mercado y las finanzas» han distorsionado la tecnología; la experiencia económica apunta más bien en sentido contrario. El mercado es el mecanismo que permite que la tecnología se democratice. Si hoy miles de millones de personas llevan un superordenador en el bolsillo, no es por planificación estatal ni por altruismo —conviene dejarlo palmariamente claro—, sino porque los incentivos del mercado obligaron a desplomar los costes y a maximizar la utilidad para el usuario. Chiang pasa por alto la magnitud de ese proceso económico.

Lo mismo ocurre con la falacia de la regulación salvadora. En buena medida, la escasa regulación favoreció el extraordinario ciclo de innovación que ha transformado el mundo. Sostener de forma tan rotunda que el internet actual es peor que el de hace veinte años no es más que una añoranza romántica injustificada. Por último, su dardo hacia los ingenieros afirmando que «los humanistas entienden mejor la ciencia que la mayoría de los ingenieros las humanidades» resulta, desde un punto de vista técnico y económico, sumamente discutible.

El entrevistado deja caer observaciones atinadas, sí, pero su receta final —más regulación y recelo crónico hacia el capitalismo— es completamente errónea. No es el capitalismo el que corrompe a la IA.

Deja un comentario