Leo en el absolutamente esplendoroso, nada nejo, librito de Jean-Joseph Mounier: «De l’influence attribuée aux philosophes, aux francs-maçons et aux illuminés sur la révolution de la France» (1801), donde defiende la tesis de que ciertos libros actúan como auténticas epidemias morales o enfermedades del espíritu.
«On ne sauroit nier qu’il n’y ait des livres capables d’altérer la pureté des moeurs, ou d’inspirer le fanatisme de la liberté comme celui de la superstition, et qu’ils ne soient un poison pour les esprits. Leurs maximes, adoptées sans examen, circulent comme un venin contagieux».
«No se podría negar que hay libros capaces de alterar la pureza de las costumbres, o de inspirar tanto el fanatismo de la libertad como el de la superstición, y que son un veneno para los espíritus. Sus máximas, adoptadas sin examen, circulan como un veneno contagioso».
[Mounier escribe este libro en el exilio, concretamente en Weimar, para moderar las tesis conspiranoides extremas -como las del Abad Barruel. Su postura es matizada: reconoce que los libros causan «epidemias morales» y actúan como «contagio», pero sostiene que este contagio solo tiene éxito si el gobierno y las instituciones ya estaban corruptas y el pueblo predispuesto a enfermar]
Tengan todos ustedes unas felices vacaciones. Joaquín María Bartrina, prematuramente fallecido, era un lector obsesivo. En 1876 publicó «Algo». Libro casi olvidado, mitad aforismos mitad poemario, repleto de observaciones irónicas sobre los libros como enfermedad.
«No leas para saber más, sino para ignorar menos; que el exceso de lectura suele producir una indigestión de ideas ajenas que impide la digestión de las propias», Bartrina, Joaquín María. Algo. Barcelona: Imprenta de la Renaixença, 1876, pág. 97.
Lean este verano, queridos amigos.
Y un ensayo médico extraordinariamente raro sobre el agotamiento mental y neurastenia que provoca la lectura lo encontramos en: José Moreno Nieto: «Del exceso del trabajo mental» (1882)
«La lectura continuada y febril, la absorción incesante de nociones abstractas y de imágenes que no dan tregua al cerebro, produce una verdadera plétora orgánica en los centros nerviosos, estancando la corriente de la vida y sembrando el germen de la neurastenia moderna. Aquel que busca en el papel impreso el pasto continuo de su entendimiento, sin el contrapeso del ejercicio corporal y del reposo reparador, no hace sino fatigar la máquina viviente, provocando una postración tal del ánimo que anula las fuerzas más nobles de la voluntad y sume al hombre en una postración melancólica, fatídico tributo que la civilización impone al exceso del trabajo mental», Moreno Nieto, José. Del exceso del trabajo mental (Discurso leído ante la Real Academia de la Historia en la recepción pública del autor) Madrid. Imprenta de la Viuda e Hijos de J. A. García. 1882. pp. 24-25
Qué monada. Despierten y lean.
NOTA BENE: Existe un pequeño subgénero médico decimonónico —hoy prácticamente olvidado— dedicado a las «enfermedades de los hombres de letras» (maladies des gens de lettres, overwork, surmenage intellectuel, higiene intelectual). En Francia, Inglaterra y España produjo opúsculos mínimos, tiradas reducidas y memorias académicas casi inencontrables sobre la fatiga del estudio, la bibliomanía, la neurastenia del lector y los peligros fisiológicos de la lectura. Ese corpus constituye, en cierto modo, el verdadero heredero del opúsculo atribuido a Cazotte, «Des petits inconvénients de lire». Es un territorio bibliográfico extraordinariamente fértil y aún muy poco explorado.
