Eliot 46

Abro mi baúl con flejes de hierro y saco una antigua edición de Platón. Encuentro también excoriaciones en mis ediciones de los gnósticos. Afortunadamente quemé Ciento volando de catorce.

Una vez descorchado el champán, leído al Cardenal de Retz y las memorias de Saint-Simon; tomado el sol en el hotel Crillon, usufructuado cuerpos exquisitos y almas delicadas; llevado corbatas impecables, ponderado los indigestos mamotretos marxistas y medido la altura de las mentes, solo quieres que tu doméstica te avise a la hora del crepúsculo para poder ver, solitario, el atardecer, rezar por Monseñor Lefebvre y apartar de ti a ciertos cómicos.

Genus irritabile vatum, cantaba Horacio en la antigüedad: los poetas son gente de malas pulgas. En el Siglo de Oro, los principales ingenios rivalizaban por captar el favor de los nobles; hoy los nuevos trovadores se desloman por alcanzar el favor del público.

Sabina tiene un mucho de «pato de la aguachirle castellana». «Doce canciones estampó la Sabina ciencia / cantor llano sí, mas aunque llano, / a cuanto ventosea en castellano / se tapa las narices la elocuencia».

Sabina tiene un estilo gris, fácil y refractario a la abstracción. Uno de los cantantes (sic) más tediosos del siglo. Explicador del pueblo, nunca nada más. Un hombre que confunde la cantidad con la calidad. Poesía de vieja. Basurita sentimentaloide.

Evelyn (véase su Diario) considera que la escalera de las Tullerías es «as bold and noble a piece of architecture as any in Europe of any kind». En España se menciona a vieux maîtres; se vocea a Sabina como a uno de ellos. Ulrico de Estrasburgo, en De Pulchro:

«Imperfectio vel absoluta est, scilicet cum deficit rei aliquid sibi naturalium, ut corrupta et immunda sunt turpia, vel est comparata scilicet cum deerit rei pulchritudo alicuius nobilioris cui ipsum comparatur, precipue si nititur illud imitari».

Sabina, aburres.

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