Eliot 61

Heinrich Kramer y Jacob Sprenger escriben en el Malleus Maleficarum:

«El Demonio actúa principalmente mediante la fascinación y la ilusión óptica (praestigium). Posee la facultad de alterar los sentidos de los hombres de tal manera que ven lo que no es, o interpretan como benevolencia lo que en realidad es la simiente de su propia perdición».

Ciertamente, el árbitro de la final era un ser diabólico, con una enorme habilidad para fingir, disimular y actuar con perfidia. Yo también lo advertí, Millás.

Martín del Río, uno de los demonólogos más leídos del siglo XVII, teorizó sobre cómo el Demonio engaña incluso a sus propios acólitos:

«Es propio de la naturaleza demoníaca prometer el favor a una parte mientras prepara secretamente su ruina. Nada hay más peligroso que la paciencia del Diablo cuando parece conceder una ventaja temporal» (Disquisitiones Magicae, 1599).

P. S.: En serio, muy inteligente la denuncia, a partir de la sátira, de la lógica conspirativa y el victimismo llevado al extremo. Enhorabuena, Juan José.

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