Eliot 83

Me gusta la belleza; un indicador de que el portento es arduo, la excelencia, difícil. Cuando estoy en la playa y veo a barrigones, mujeres con las tetas caídas, pliegues adiposos y otras lindezas, creo menos en la civilización occidental.

Tengo la certeza de que el desnudo de un cuerpo bellísimo es algo de un atractivo fugaz si no media en él la intención artística o la emoción del observador. ¿Todo nuestro cuerpo es interpretable en pintura, escultura o fotografía, o acaso solo nos parece realmente bello aquello que el arte ha sabido resolver previamente? Me gusta la belleza transmutada en obra de arte.

«La belleza debe ser como el agua más pura extraída del manantial: cuanto menos sabor tiene, cuanto más carece de cualquier elemento extraño, más sana y sublime se considera. En las estatuas divinas de los griegos, el rostro no muestra la agitación de las emociones humanas cotidianas, sino una paz inalterable que eleva la mente hacia la contemplación pura de la forma eterna», Winckelmann.

Dejarse arrebatar por la perfección de un poema, por el matiz de un lienzo o por la presencia física de un rostro bello es la única manera de expandir nuestro efímero paso por el mundo. No me gusta la gente fea.

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