Eliot 90

En las redes sociales (esa fue mi experiencia) abundan las palabras malignas, las egoístas y las memas. La mente se llena de una Sodoma de fruslerías, de una Babel de distracciones inanes, y todos farfullan sus írritas miserias incapaces de acallar la verborrea seborreica. Yo ahora las usaré muy ocasionalmente.

No veré sus vídeos de posesión sentimental donde triunfa la emoción kitsch, no participaré en sus dramas de corrala donde la única catarsis consiste en experimentar una ineludible vergüenza ajena, me alejaré de sus ritmos coribánticos y —duele decirlo— manifiestamente analfabetos.

Como liberal-conservador creo en la comunidad (aunque las nuevas costumbres sean una calamidad); como escritor creo en un mandato, una exigencia: destribalizarme. Vuestras redes sociales son una fuente de irrelevancia y necedad, el Gran Océano Gris de la Nada, la Gran Sucia Pelambre de Rata; hay excepciones (escasas). Me equivoqué al seguir a la multitud.

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