Eliot 130

Me encanta esta cita de Vila-Matas, que viene perfectamente abotonada a Ferran, ídolo de gays y chonis con ínfulas de velinas de Telecinco:

«Ha pasado el tiempo y los descendientes de aquella chulería inculta son los que ahora están apuntalando un mundo en el que, de no ser porque a la escritura literaria la encontraron ya hecha, a nadie se le habría ocurrido inventarla, y más tratándose de una práctica improductiva socialmente y, encima, difícil de valorar desde el punto de vista económico».

La alta cultura no es un lujo; es el depósito de la autoconciencia de una civilización. En la testa de Ferran está sedimentada la más hortera cultura, es decir, el depósito de la barbarie. Incapaz de construir un mundo interior, vive sin profundidad, al son de matasuegras y confetis, de cópulas efímeras y champán ácido. Una vida sin elaboración interior termina convertida en mera sucesión de estímulos, incapaz de convertirse en experiencia.

Un tipo inacabado, superficial, plano, errático, vacío, chabacano. Houellebecq lo resumió así: «La mayoría de la gente carece por completo de vida interior; son simples mecanismos de reacción frente a estímulos primarios: el consumo, la televisión, el sexo efímero y las vacaciones organizadas. No hay arquitectura moral en sus mentes, solo un magma de prejuicios, eslóganes publicitarios y una vulgaridad cotidiana que ni siquiera perciben. Viven vidas erráticas, saltando de un deseo insatisfecho a otro, sin que jamás se haya producido en ellos esa lenta maduración que convierte a un ser humano en alguien denso, complejo o verdaderamente individual».

Para moldearse a sí mismo se necesita recogimiento, lecturas, sufrimiento reflexivo y una verdadera libertad para diseñarse una forma. Ferran tiene dentro un material blando y maleable que jamás llegó a fraguar. No tiene convicciones, sino ocurrencias; no tiene cultura, sino un muy débil barniz de frases hechas enganchadas al vuelo. Va dando tumbos entre modas y vulgaridades, convencido además de que su vulgaridad es audacia y su ignorancia, frescura. Lo más temible de estas vidas no moldeadas por dentro no es su pobreza de espíritu, sino su absoluta incapacidad para intuir siquiera la existencia de aquello que les falta.

Un héroe más, igual a tantos.

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