Lo de Cleón en Atenas tras la muerte de Pericles no fue muy distinto a lo que vemos hoy de Alvise y otros en Telegram o TikTok. Cleón agitaba a la Asamblea apelando a las tripas: miedo a Esparta, resentimiento social y promesas radicales. Siglos después, Clodio Pulcro hizo exactamente lo mismo en Roma armando a bandas callejeras y soltando libelos anónimos por las esquinas para reventar al Senado.
Nihil novum sub sole. Al final, la mecánica es muy similar. Las plataformas de hoy no buscan la verdad, buscan solo la atención. Y nada engancha más a la pantalla que la dopamina nutrida por la rabia y el pánico. El algoritmo simplemente aprendió (o reproduce) la lección que Cleón y Clodio ya sabían: el espectáculo y el odio venden; la moderación y la racionalidad, en cambio, aburren.
