Eliot 142

Yo, Aleix mi nombre, con más de 50 años de viejo, dispongo de casa decente y limpia, doméstica amable y guapa y, sobre todo, ante todo, lujo en la mente ¿Oficio? Rentista y propietario rural. Si prefieres el supuesto placer cinematográfico al enclaustramiento doméstico, eres un descoyuntado insensato. El estricto aislamiento voluntario es la forma más inteligente para lograr la felicidad; solo conozco una intoxicación digna, la resumida en la palabra «ataraxia» o tranquilidad del alma. La película de Nolan es, obviamente, una bazofia; eso se sabe sin ver previamente un solo fotograma.

En un mundo cultural y social centrado totalmente en el mercado, con un déficit educativo de dimensiones mundiales, donde la información se reviste de entretenimiento, en un mundo donde la explicación científica y técnica se desplaza a favor de la superstición, donde la comprensión de la sociedad pertenece a las ciencias sociales y la crítica política es un eco de los media, en este mundo, dadas las condiciones de este mundo ¿es posible un cine que ya no pacte de un modo definitivo con el entretenimiento, lo burdo y la banalidad?

Me acomodo en la butaca y sostengo entre las manos la Ulixea de Homero, en la primorosa versión que Gonzalo Pérez —secretario real de Carlos I y Felipe II— vertió directamente del griego al castellano. Fue la pionera en nuestra lengua y una de las primeras de toda Europa, solo adelantada por aquella prosa alemana de 1537. Un texto formidable que se reimprimió sin descanso entre Venecia y España durante dos siglos, y el mismo puente venerado en el que Cervantes o Quevedo aprendieron a leer al viejo poeta.

A tomar por c… la bisutería a granel de Nolan.

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