Eliot 148

Como escritor no triunfé y me ignoraron. ¿Perdono al mundo por hacer como si no existiera y yo fuera completamente innecesario? De alguna manera sí (aunque reside en mi interior un ofuscado resentimiento). Me compensa el reconocimiento de pares y maestros (Álvarez, Lamas, Gracia, etc.), pero no coincidieron el veredicto del mercado y el veredicto de la forma.

Un gran medievalista puede producir una obra intelectualmente extraordinaria que compren 800 personas; alguien puede producir entretenimiento mediocre consumido por ocho millones. El mercado no está afirmando que el segundo posea un alma superior ni que su obra sea estestéticamente mejor: está registrando determinadas preferencias respaldadas por la capacidad de compra. Nada que objetar. El propio intelectual puede tener razón cuando afirma que Fra Angelico vale culturalmente más que determinada mercancía popular; su error empezaría cuando exige que el sistema de precios ratifique esa superioridad estética.

Tenemos noticia de la literatura fast-food, el cine de fórmula ultra-repetitivo, los hits veraniegos de consumo efímero. Lo trágico del asunto es que la inmensa mayoría de la obra humana (con o sin destreza) está destinada al olvido.

Yo fracasé pre-mortem y fracasaré post-mortem. El rechazo del público no es prueba automática de genialidad, ni mucho menos; pero tampoco debemos ser unos filisteos y suponer que la pobreza de ventas es prueba infalible de inutilidad. Existen libros comerciales y buenos, libros comerciales y malos, libros minoritarios y buenos, libros minoritarios y malos. Y casi todos seremos triturados por el tiempo, sin demasiadas distinciones.

Mi principal rencor es hacia mí mismo: creo que, por precipitación, a menudo escribí por debajo de mis posibilidades. Mi principal agravio es que me empequeñecí porque, debido a una muy precaria salud, escribo con el cuchillo de la muerte cada vez más cerca del cuello. Pero creo que no fui mezquino e intenté ser lúcido. En mi obra hay grietas y deficiencias, pero, aun con sus no pocos defectos, es una mesa que se aguanta y se tambalea poco. Me esforcé. Hice lo que pude. La gloria dirá.

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