Eliot 150

Me puedo burlar de mi insensata prudencia (refrené amores, limité experiencias); puedo pensar en lo poco que gocé pasionalmente mi juventud y maldecir impulsos que contuve, u ocasiones perdidas, y sacrificios. En vista de lo cual, solo lucho por lo único que tengo, por lo único que amo: mi soledad y mi biblioteca.

Mi quinta orensana rebosa de libros, incluso en la cocina y los baños. Un Cervantes magníficamente ilustrado, un ejemplar de Las aventuras de Tom Sawyer o Las mil y una noches (y Coleridge, Wells, Whitehead, Grosseteste, Belloc, Cantor, Euclides, Binswanger, Villalonga, Châtelet, Monterroso…).

Pero mi biblioteca creció al albur del capricho y la bibliofilia, con propensión a las rarezas. Así, encontramos un estudio de J. M. Millás Vallicrosa, Salomón ibn Gabirol como poeta y filósofo. O un libro ilegible: Hoofdlijnen der Theologie van het Oude Testament, de T. C. Vriezen (la nueva edición revisada). O La restaurazione del Diritto di Natura, de Carlo Antoni, sutil y extraña colección de ensayos.

Pero la sección de lógica matemática es la favorita entre mis libros. Lambertus Marie de Rijk: Logica Modernorum: A Contribution to the History of Early Terminist Logic (Assen, Van Gorcum, 1962–1967; 3 volúmenes), encuadernada habitualmente en tela editorial dura. Incluye transcripciones críticas en latín y un exhaustivo aparato crítico. Analiza la evolución de la «lógica terminista» (logica modernorum) en los siglos XII y XIII; De Rijk examina cómo los lógicos medievales desarrollaron teorías semánticas autóctonas (propiedades de los términos como la suppositio, la copulatio y la ampliatio, términos mezclados en la savia de mi sangre) que iban más allá del legado aristotélico.

Cabe mencionar igualmente Thirty Years of Foundational Studies (1966) y Constructible Sets with Applications (1969), ambas del gran Mostowski; otra delicia. ¡Cuántas veces soñé con su cuidada tipografía matemática! Y cuántas veces soñé con el genio de Carl von Prantl. Todo esto da sentido a mi vida.

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