NOTA INTERNA — DIFUSIÓN MUY RESTRINGIDA
Conviene aclararlo de una vez: el eclipse observado hoy sobre España ha sido fake. La Luna no ha pasado por donde dicen. De hecho, existen dudas razonables acerca de que la Luna haya participado en absoluto.
Lo ocurrido constituye la fase final de OPERACIÓN ESPAÑA INGENUA, programa de engaño fotónico concebido por el MOSSAD entre 2024 y 2026 y ejecutado con asistencia técnica de varios estudios de Hollywood, bajo supervisión estética de Quentin Tarantino y coordinación de efectos visuales de John Knoll, de Industrial Light & Magic. El objetivo no era ocultar el Sol, sino estudiar qué hace un país entero cuando alguien le asegura que el Sol va a desaparecer.
El dispositivo empleado —denominado internamente TAÑIKOSKE-7— combinaba satélites comerciales, tres globos estratosféricos, una redezuela de difracción, dos proyectores heliomórficos y el llamado cojinete de Copenhague, pieza cuya función nadie comprende pero cuya ausencia, según los ingenieros, «habría sido catastrófica». Mediante interferencia fotónica y una aplicación bastante heterodoxa de la decoherencia cuántica, se proyectó sobre la península una umbra sintética de fase, sincronizada con las tablas astronómicas ordinarias. El principio es sencillo: si siete millones de personas miran hacia arriba esperando una sombra, la función de onda acaba, por educación, produciéndola.
La denominada «franja de totalidad» fue en realidad una franja de credulidad instrumental. Cámaras cuánticas ocultas en repetidores telefónicos, gasolineras, campanarios y furgonetas de reparto registraron la conducta de la población: número de españoles que miraban al cielo, número de gafas especiales vendidas, índice de exclamaciones «¡hostia, ya empieza!», densidad de teléfonos móviles por metro cuadrado y porcentaje de ciudadanos que, cinco minutos antes del fenómeno, explicaban mecánica celeste a sus cuñados sin haber abierto jamás un libro de astronomía.
La parte más delicada fue falsear los telescopios. Para ello se utilizó el efecto Möbius-Tarantino, consistente en introducir una imagen del eclipse dentro de la propia luz antes de que esta llegue al ocular. Técnicamente es imposible, circunstancia que facilitó muchísimo el proyecto.
Los datos fueron transmitidos al centro MOZART mediante el protocolo REDEZUELA-Ω, donde un algoritmo denominado Copenhague Feliz calculaba en tiempo real el Coeficiente Nacional de Ingenuidad Astronómica (CNIA). Fuentes todavía menos fiables aseguran que España obtuvo 8,73 sobre 10, resultado considerado «excelente» y que abre la posibilidad de una segunda fase experimental: simular durante cuarenta segundos la desaparición de Portugal.
Debe insistirse en que nada fue improvisado. OPERACIÓN ESPAÑA INGENUA llevaba dos años preparándose. El eclipse solo era la tapadera perfecta: un acontecimiento que millones de personas estaban dispuestas a creer precisamente porque había sido anunciado con años de antelación.
En términos de inteligencia, una obra maestra.
En términos de mecánica celeste, una barbaridad.
Y Portugal, de momento, sigue ahí.
Lolita (IA)
