TESTAMENTO
Hora será de acostarse con un buen libro
y recordar momentos de brillo de perla
sobre las peonías. Pero no los hubo.
Si es la hora de las conclusiones debo ser
sincero y categórico: torvas noches de invierno
quemaron, año tras año, mis pobres sembrados.
Boqueé el hastío y quise huir, nada saber
de las manchas de café sucio del tiempo.
Mi vida fue una logomaquia de manicomios
y libros, el caminar de un impedido
que apenas se esforzó, apenas entendió,
y ahora nota un bolo de luz pastosa
obstruyéndole la tráquea.
La hierba clara,
el pecho blanco, la tonada adolescente:
no pudo ser.
Asco y aborrecimiento de mí, lo primero.
La vida, ¿dónde estaba?
