Eliot 167

TESTAMENTO

Hora será de acostarse con un buen libro

y recordar momentos de brillo de perla

sobre las peonías. Pero no los hubo.

Si es la hora de las conclusiones debo ser

sincero y categórico: torvas noches de invierno

quemaron, año tras año, mis pobres sembrados.

Boqueé el hastío y quise huir, nada saber

de las manchas de café sucio del tiempo.

Mi vida fue una logomaquia de manicomios

y libros, el caminar de un impedido

que apenas se esforzó, apenas entendió,

y ahora nota un bolo de luz pastosa

obstruyéndole la tráquea.

La hierba clara,

el pecho blanco, la tonada adolescente:

no pudo ser.

Asco y aborrecimiento de mí, lo primero.

La vida, ¿dónde estaba?

Deja un comentario