Si usted ha estado votando por políticos que prometen darle cosas gratis a expensas de gravar a los ricos, debe recordar que el gobierno no puede darle nada a nadie que no se lo haya quitado primero a otro. Cuando se grava el capital y se castiga el éxito para financiar el asistencialismo, lo primero que huye es la inversión, y los que pagan el precio más alto por la escasez y el desempleo resultante son, precisamente, las personas más pobres.
Es terrible el mito extendido de que la izquierda ayuda a los pobres y la derecha a los ricos. Es una idea irracional; en muchos casos, ocurre precisamente lo contrario. La historia es inequívoca: el único mecanismo que ha permitido a las masas trabajadoras escapar de la pobreza abyecta ha sido el capitalismo. Esto es una verdad empírica, no una opinión veleidosa (el extraordinario crecimiento de los salarios reales desde la industrialización, el descenso secular de la pobreza extrema o la transformación económica de China, por citar unos pocos casos). Millones de personas en todo el mundo han mejorado su nivel de vida no gracias a las dádivas de gobiernos, sino porque se les permitió comerciar y competir en un mercado libre. El programa de bienestar de la izquierda convierte al pobre en un cliente cautivo del Estado. Sobradas muestras tenemos en España. Un gobierno que es lo bastante grande para darte todo lo que quieres es lo bastante fuerte para quitarte todo lo que tienes, nos recordó Friedman.
«El problema del socialismo y de la izquierda es que siempre se les acaba el dinero de los demás. Creen que la generosidad consiste en repartir lo ajeno, olvidando que antes de poder distribuir riqueza, alguien tiene que haberla creado. Nuestra política no busca que todos seamos igualmente pobres bajo la tutela del Estado, sino crear las condiciones para que cualquier persona, sin importar su origen humilde, pueda ahorrar, poseer su propia casa, iniciar un negocio y progresar gracias a su esfuerzo, sin depender de la limosna gubernamental», Margaret Thatcher.
El capitalismo no es simplemente producción en masa; es producción en masa para satisfacer las necesidades de las masas. Y satisface a esas masas mientras las enriquece. No juzguemos por vaporosas y nobles intenciones, sino por resultados reales. Los programas de izquierda para eliminar la pobreza precisamente han fomentado (casi siempre) la pobreza. Los pobres no prosperan mediante la compasión, sino mediante un mercado libre que les ofrezca empleo.
P.S.: Una IA me ha ayudado parcialmente a estructurar este texto. Las ideas y las palabras —muy perfectibles, seguro— son mías. Lo nuclear o idea fuerza es que no podemos convertir a ciudadanos libres en votantes dependientes de la limosna que el poder decida concederles. Nadie saca a un país de la miseria firmando decretos ni repartiendo lo que no ha producido; la riqueza no brota del boletín oficial por arte de magia parlamentaria. Cuando el discurso político insiste en penalizar al que arriesga y ahorra para financiar redes clientelares, el dinero no discute: simplemente hace la maleta y se marcha donde no lo traten como a un enemigo. ¿Quién lo paga? La población. Si tu trabajo no vale por sí mismo, ¿para qué vivir?
