Ensimismaros, examinad con detenimiento la amarilla flor del tojo, la oscuridad y la claridad, la llama y el libro, la ciencia y el estudio. Pasead con calma llanos y colinas, y oíd su música. Divagad al ritmo de los sueños. El verde quema poco a poco a la lechuza. La Luna reposa: no os apresuréis, muchachos; lo que transcurre aprisa pronto ha de pasar, tan solo cuaja lo moroso. El morado lento de un bosque exige un parsimonioso ser. Apartad del camino la velocidad. Vivid -creedme- con sosegados ojos lúcidos ¡Y despertad!
He vivido en los cataclismos del polvo, en arrabales, en comisarías, minas y manicomios. Ya morí, estrangulado por la Fuente Cruel del Tiempo. Y a lo largo de aquel camino, preguntad a los que me sobrevivieron, y que me escupieron, quién fue ese ser misterioso que no existe, que se ocultó por miedo, y volaba despacio por la noche, esperando la ternura de los ángeles y los demonios de la tierra.
En la entrepierna, ataúdes a chorro de piedra blanca, en las orejas este chupar de trompas de mosca, en los dientes drogas de cognac y astillas prisioneras de madera. Hablo solo. Pero la experiencia está “ahí”. Hablo para un Oyente totalmente expandido: el Tiempo. Para una Coincidencia totalmente expandida: el Espacio. Hablo solo y oigo voces. Ya acepté el insulto, lo vestí como una trágica y sonrosada muñeca, fantasma blanco, sudario de espuma, pez rojo de la morgue. Ideas como un jeep transitando dunas, platillos volantes en las sábanas de mi cama. Estoy de rodillas ante la nube y la roca. Y Charlize Theron excitada, babeando loca, devorándome como al comer un Steak tartar.
A lo mejor lo escribió Dumas o lo pensó un inglés absorto en su vaso de vino en un pueblo andaluz. Describe nuestra ciénaga y parece un premiado microrrelato: “Africa begins at the Pyrenees”.
Ya lo decía Chuang Tzu: SER UN HOMBRE ÚTIL SIEMPRE ME HA PARECIDO ALGO DESPRECIABLE Y REPUGNANTE.
«Había dirigido dos revoluciones, engañado a 20 reyes, contenido el mundo entero», sentenció Víctor Hugo al morir Talleyrand, en 1838. Eso preferiría que se dijera de mí, a este útil y ligero, útil y descafeinado, útil y liviano, útil y aéreo, insustancial e invertebrado tipo humano que está creando el siglo. Tipos eficientes, sin rebelión personal y sin análisis. Tipos consumistas de apabullante frivolidad. Tipos de talla tan pequeña que son incapaces de dejar ejemplo o memoria.
Prefiero también a alguien como Critón, discutidor con vehemencia en las calles de Atenas, despreciado y tomado a risa, pero LIBRE. Independiente y digno. De continuo solía citar aquellos famosos yambos:
“Los adornos de plata y la púrpura son útiles para la escena trágica, que no para la vida”.
Critón o Talleyrand como modelos, sí, frente a tantos mamarrachos.
NOTA BENE: En medio de un confusión nietzscheana adolescente de mis ideas, recuerdo una filípica de mi padre: me habló de esa gente ordinaria, pero buena, que trataba de hacer las cosas bien, pero que sabía que muchas veces no lo conseguiría. Personas humildes, que conocíann sus capacidades y sus limitaciones, que escuchaban las opiniones de los demás pero no se dejaban deprimir por sus críticas, que cuidaban los pequeños detalles porque sabían que las cosas grandes, heroicas, no estarán, habitualmente, a su alcance. Gente con la que da gusta trabajar y convivir. De alguna manera, papá, treinta y cinco años después resuenan tus palabras otra vez en mí, y, SÍ, yo soy o me convertí -eso deseo- en una de ellas, como tú fuiste una de ellas. En el principio de mi escrito, al contrario, me refiero a gentes demandantes, irritantes, inmaduras, imbéciles, a un pueblo no noble, sino a un populacho utilitario e imberbe, en el peor sentido de la palabra.
Este 2024 ha sido dramático en lo personal (muerte de mamá), y mediocre en lo general, bueno, como desde hace veinticuatro años. Sólo el amor sarmentoso de mi hermana y sus fogonazos mágicos, me salvaron del Horror, y algo me han devuelto la irregular ilusión.
Y la publicación de “El falso aristócrata”, tercer volumen de mi pentalogía, bajo el principio de que si hoy se presentan tantos libros, a menudo tan infumables ¿por qué no iba a aportar yo los míos, menos malos que la media?
En lo social, no hace falta comentar mucho. Una España mediocre, empobrecida, colapsada, paralítica, raquítica, gris, inculta, abajada, triste. Con la democracia, leyes y derechos gravemente heridos. Una España dominada por la frivolidad, centrada en el consumo, aturdida por la publicidad, infantilizada, influida por “personajillos”, llena de hombres que no dejan huella, felices con sus ideales asépticos. Frente a tantas hienas, reivindico al gatopardo, el aroma suntuoso y carnal de Angelica y Tancredi por las habitaciones de Donnafugata. Bebo a la salud de Emil el penúltimo vodka por un mundo más noble y un lugar menos desafecto.
Mi propósito para el 2025 es que la cultura no muera en mí, tan muerta como está en millones de españoles. Es trabajoso escribir a la par con acento trágico y conmovedor en el lenguaje cotidiano. Qué abismos bajo el amplio Océano de la Incultura. Fanfarrias y chismorreos ignaros nos rodean. Yo no quiero ser uno de esos plácidos analfabetos.
Los niños y adolescentes cada vez leen menos, y también cada vez peor. Desde hace 50 años el nivel de lectura ha descendido de manera incontestable (un hecho, no una opinión) La orgía de las pantallas retrae tiempo al delicioso y solitario ocio lector. De nada sirven argumentos tabernarios como que Séneca o los griegos ya se quejaban de que los jóvenes leían poco, frente a la ciencia de los datos. El elefante digital está destrozando la cultura en su sentido secular.
La tecnología es implacable ¿Llegarán a suprimirse las formas naturales de concebir al hombre, sus propósitos y fines seculares? Pero la tecnología no puede dar al hombre equilibrio (más bien le provee de cierta ambigua desesperación) El hombre tiene una naturaleza que no debemos ceder a las máquinas si deseamos sobrevivir.
Me levanto a las seis. En mi celda alquimista, una ocasión para la alegría. Sentimiento de reposo y aun de quietud. Hay silencio en la casa y fuera de ella. Fuego tranquilo. El retrato de mamá parece sonreírme. No me siento confuso ni triste, sino sereno. Pienso, atropelladamente, en mamá y en el lenguaje y en las palabras. El recogimiento mudo. Uno se siente vivir bajo una forma pura, en la manera más etérea del ser. No necesito cantidad ni movimiento. Solo detalles, divagación y errancia.
Imagino al lenguaje algo como un agua de azulete clorado, como una hilera de párrafos fluidos, sensuales y directos. Las palabras, incluso sus desmanes y ultrajes, avivan la tramoya o caudal de lo más real y propio nuestro. Francesco Melosio hizo juegos de palabras cómicos y caricaturescos, Max Jacob abandonó la casa comercial de las palabras en la que trabajaba para vivir como poeta. Qué filigranas ovoides y moradas dibujan el lenguaje y las palabras, algunas ásperas al paladar, otros con sabor a chinchibí. Bellas y brillantes palabras como un poney nervioso, gotas de mármol tropical dentro de un alfabeto helénico. Mi futuro siempre pertenecerá a las palabras. Las amo y siento con pasión de enamorado.
Crucial la tranquilidad para el espíritu. Cito: «Porque así dijo Jehová El Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza» Is (30:15) Paz a los hombres.
Moriré conforme a mi modesto destino. No me preocupó agradar a la masa. A la masa le gustaban cosas que yo desconocía, y lo que a mí gustaba sobrepasaba su entendimiento. Que mis vicios sean enterrados conmigo.
Queridos amigos, no olviden a Quevedo: «Un pueblo idiota es seguridad para el tirano».
Un verso del Regimen sanitatis Salernitanum, del siglo XIII, dice así: «Hi vigilant studiis, nec mens est dedita somno», es decir, «[los hombres de estudio] pasan la noche estudiando, y su mente no se abandona al sueño».
No hay nada mejor que ir fatigando dulces volúmenes.
***
Eso les deseo para el nuevo año; que fatiguen volúmenes, no sean idiotas, no pretendan agradar a la masa, y gocen de un espíritu tranquilo. No es poco, no.
Arranca palabras hermosas de la piel de tu lengua, curiosea en los grandes libros y sus grandes temas, báñate en los dedos dorados del Nilo, piensa que, las cosas que se ven y las que no se ven, son temporales y no eternas, la misma Roma, en otro lugar diferente a Roma, es otra Roma. Toma ginebras fuertes contemplado por la Luna y el mar, abrazado a su cuerpo de mañana clara. El sonido oscuro de la casa acabará, la lengua pastosa del loco se hundirá en la más profunda mina. Ama y arriésgate. Desconfía de quien te diga «ten cuidado»: deja que los Cíclopes se duerman y, a la media noche, sal por la ventana, pon en marcha el coche y pisa el acelerador. Es estupendo. Convierte el Todo en gasolina. Ayer naciste, y morirás mañana. Para tan breve ser, ¿merece algo malgastar los años?
***
Crucial la tranquilidad para el espíritu. Cito: «Porque así dijo Jehová El Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza» Is (30:15) Paz a los hombres.
Moriré conforme a mi modesto destino. No me preocupó agradar a la masa. A la masa le gustaban cosas que yo desconocía, y lo que a mí gustaba sobrepasaba su entendimiento. Que mis vicios sean enterrados conmigo.
Queridos amigos, no olviden a Quevedo: «Un pueblo idiota es seguridad para el tirano».
Un verso del Regimen sanitatis Salernitanum, del siglo XIII, dice así: «Hi vigilant studiis, nec mens est dedita somno», es decir, «[los hombres de estudio] pasan la noche estudiando, y su mente no se abandona al sueño».
No hay nada mejor que ir fatigando dulces volúmenes.
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Eso les deseo para el nuevo año; que fatiguen volúmenes, no sean idiotas, no pretendan agradar a la masa, y gocen de un espíritu tranquilo. No es poco, no.
Para este 2025 deseo comer encima de mis libretas y realizar mis necesidades fisiológicas en una vasenilla dispuesta junto a la mesa del despacho de trabajo. Incluso, si recibo visitas, sea dentro de este paisaje surrealista, aunque, como es de esperar, el nauseabundo olor ahuyente rápidamente a los desprevenidos visitantes.
Ya ahora, ya en el ocaso de mi existencia, totalmente loco, producto de una larga y penosa enfermedad (probablemente esquizofrenia paranoide) quiero, sin embargo, no cesar de escribir. Y visitar con frecuencia bares, cantinas y burdeles, donde sea asiduo protagonista de riñas y escándalos. Incluso hacerme amante de una puta bizca y calva. Consumir coca y hachís en abundancia. Salir a la calle con una estola de plumas. Teñirme el pelo de color rosa. Insolente, responder con insultos a los elogios. Nombrar cónsul y sacerdotisa y diosa a mi perrita, hasta mandarle construir un palacio.
Yo, con los labios pintados de carmín y las pestañas teñidas con henna. Organizando banquetes donde servir gelatina con arañas y postre con excremento de leones. Llegar a las fiestas en carruajes tirados por mujeres desnudas. Y gozar de un gabinete o troupe conformado por atletas, borrachos, mendigos, bailarines y hasta boxeadores. Enviar emisarios por toda Europa buscando a los hombres mejor dotados y a hermosas mujeres vírgenes. Mis preferidos, los «onobelos» (que en griego significa: “con pene de asno”)