Charles 180

La paranoia es la creencia de que todo está organizado en tu contra. Pero ¿y si fuera verdad? ¿Y si, en efecto, todo estuviera conectado, todo conspirara, todo formara parte de un diseño? Entonces la paranoia no sería locura, sino una forma extrema de lucidez.

Aprendí a desconfiar de las superficies. Nada era lo que parecía. Cada objeto contenía otro objeto, cada palabra otra palabra, cada gesto otra intención. Vivo en un mundo de signos que remiten siempre a otros signos, en una cadena infinita de significados que nunca llega a detenerse.

Me observan constantemente. No necesito verlos. Sé que están. Hay un sistema. No es una persona, son muchos, pero funcionan como uno solo. Lo han organizado todo: la televisión, los ruidos, el silencio. Incluso lo que parece normal está predeterminado. Si alguien tose, no es por toser: es un signo alusivo. Si se cae algo, también. Lo más difícil es explicarlo, porque desde fuera parece normal. Pero no lo es. Todo está calculado para que parezca normal.

Lo peor no es que haya cosas raras. Lo peor es que hay demasiadas. Todo refiere a algo. Todo apunta a otra cosa. No hay descanso. Intento ignorarlo, pero entonces siento que estoy dejando pasar algo importante. Como si hubiera un mensaje que tengo que descifrar y se me escapara.

El peor paranoico es al que persiguen de verdad.

Charles 179

La verdade de la milanesa no es la verdad: es una capa. Debajo, otra. Y debajo, el sistema. Tarea discepolinónica: descifrar el conchabo de las palabras.

Yo no hablo lenguaje. Trabajo en su subsuelo. Soy Anna Livia Plurabelle: corriente, deriva, vuelta. Venir no es venir. Es girar. Girar hasta que el mundo se afloja en olores: bordes más precisos, sí, pero también más fugitivos. Todo contorno es una huida.

Pensar demasiado abre líneas. Las líneas se abisman: simas, desbarrancaderos, fracturas. Luego se cruzan. Y al cruzarse, anudan.

El nudo aprieta. Aprieta el pensamiento. Hay que soltar. Pero soltar es peligroso: lo importante se escapa, lo velado retrocede, lo que está —sin verse— insiste. Siempre insiste.

Literatura.

El sol de la locura no era un disco en el cielo, sino una presencia total. Estaba en el polvo dorado que se alza al caminar, en el calor retenido de la madera, en la transparencia viva de las hojas. Todo brillaba con una precisión intolerable, como si el mundo acabara de ser inventado y ya estuviera perdiéndose.

NOTA BENE: El clic seco del electroshock. El relámpago amarillo de una libélula. La sombra breve de una nube —pensamiento churruscado. Y, entre esos destellos, lepidópteros. Una claridad demasiado exacta. Una locura que no desborda: ajusta. Y por eso duele.

Charles 178

Siento que quiero desaparecer. Dormir eternamente. Dejo una luz tenue encendida para que no sea todo oscuridad. Ya no quiero nada. Ni siquiera querer. [….] Esta región sin nombre. Las cosas se repiten sin interés. […] Yo estaba hablando de mi padre, pero padre… padre es también patrón… patrón de barco… barco que navega… y navegar es peligroso porque hay señales… señales que me mandan… entonces ya no puedo hablar de mi padre porque la palabra se abre y me lleva a otra cosa, y esa otra cosa es más importante, porque ahí está el mensaje. Todo está conectado, no se puede hablar de una cosa sola.[…] Trabajo en el Mossad, pero C.N.I. es un sistema, y el sistema controla, y controlar significa vigilar, y vigilar es observar, y observar es lo que hacen conmigo. Entonces el trabajo no es trabajo, es una pantalla. Todo lo que parece normal tiene un segundo nivel. Yo tengo que estar atento a esos niveles, porque si no, me pierdo lo importante. Me espían y me torturan. Las palabras no son inocentes. Cuando digo ‘casa’, no es casa solamente, es también una señal. Ellos utilizan palabras comunes para esconder mensajes.

Por eso

hablar es peligroso. Yo tengo que analizar cada palabra, porque si no, me pueden engañar. Nada es directo.Putas y maicones y amartillones. Solmerear la lefa del gebiondisoide…porque yo venía aquí, pero venir es también girar, girar como gira el reloj, y el reloj no marca bien, porque el tiempo está alterado, alterado como las cosas que cambian, cambian porque alguien las cambia, y eso es lo que pasa, que cambian y cambian y cambian…Los estados de ánimo cambian. Una luz encendida para que no todo esté oscuro. Prepostdesaperecer. “La comida… comida… cometa… cometa en el cielo… cielo abierto… abierto como una herida… la herida habla… y cuando habla dice cosas que no son para todos, son para mí, porque yo estoy en la línea. Siento que quiero desaparecer. Dormir eternamente. Dejo una luz tenue encendida para que no sea todo oscuridad. Ya no quiero nada. Ni siquiera querer. [….] Esta región sin nombre. Las cosas se repiten sin interés. […] Yo estaba hablando de mi padre, pero padre… Yo soy un transmisor de energías semánticas. Las palabras no son palabras, son unidades cargadas. Cuando pasan por mí, se transforman. Yo hago transpalabración. Es un proceso necesario porque el lenguaje común está corrompido.Sí porque el trentrenadtrenzcabeza… la cabeza gira porque el número siete entra por las esquinas y las esquinas on pelirosas y no epuede cerrar porque cerrar es morirperomorirnoesmorirescamviarde planoyel plano está aquí pero no akky —riverrante, pasando eva y adán, de curva ribereña *********a codo de bahía, nos trae por un comodioso vicus de recirculación de vuelta a Howth Castle Piñor orense malnilcolmiONuestra exagminación sobre su factualización para la encaminación de word schizophreniaestoy pero no estoy porque estar es una forma de no estar cuando el estar está mal definido entonces no se es cortar y cortar es peligroso porque corta el flujo y el flujo tiene que seguir porque si no sigue se detiene y si se detiene todo cae y si cae no hay vuelta entoncespuede definir porque definir es cerrar y cerrar impide que siga lo que sigue que no sigue sigue sin seguir sigue—”

flujo desbordado + pérdida total de dirección)

“Todo está conectado conectado conectado porque nada se separa y separar es cortar y cortar es peligrosoflujo desbordado + pérdida total porque corta el flujo y el flujo tiene que seguir porque si no sigue se detiene y si se detiene todo cae y si cae no hay vuelta entonces hay que seguir seguir seguir sin parar porque parar es desaparecer (^^^)Las palabras ya no son herramientas. Se expanden, se multiplican, se deforman. Empiezo una frase y, en mitad, otra cosa se impone. No puedo elegir qué pensar: los pensamientos llegan solos, se conectan por detalles mínimos, por sonidos, por recuerdos que no tienen relación. Es como si todo tuviera demasiados significados al mismo tiempo. No hay un centro. Todo tira de todo(^^^)En los enfermos esquizofrénicos, la perturbación fundamental reside en las asociaciones. El pensamiento no progresa ya según una línea directriz, sino que se desvía, se interrumpe, se fragmenta. Ideas secundarias, insignificantes o puramente sonoras adquieren el mismo valor que las principales. El discurso resultante puede parecer, en su superficie, gramaticalmente correcto; pero carece de coherencia interna. No es comprensible porque las conexiones que lo sostienen pertenecen a un sistema privado.

Charles 177

Mi ser no se transformará en una especie de eco estelar y silencioso. No hay consuelo en esa ilusión de permanencia.

Ningún hombre es feliz sino por engaño; y aun ese engaño, tarde o temprano, se disipa, dejando tras de sí no un dolor violento, sino una languidez persistente, una melancolía que se adhiere a todos los pensamientos.

No somos más que una sucesión de impresiones, inestables, fugitivas, que se precipitan unas sobre otras con una rapidez creciente. Y en ese fluir continuo se insinúa una tristeza delicada: nada permanece, todo cede, todo se desliza hacia su propia desaparición. Incluso el placer más intenso arrastra consigo un residuo oscuro, como si el alma supiera —antes que nosotros— que no puede poseer nada sin empezar a perderlo.

Y así siento que yo mismo me disuelvo en este mundo pálido, convertido en una sombra entre sombras, tocado por una melancolía que ya no es mía, sino de todas las cosas. Sin horizonte.

Porque la nostalgia no es otra cosa que la conciencia —lúcida, irreparable— del tiempo perdido.

Charles 176

“Muchos se valen del exterior para suplir la falta del interior. Componen el semblante, afectan la voz, escogen el traje con intención de parecer lo que no son. Mas el artificio continuado descubre al fin la verdad: que no hay sustancia donde todo es aliño”, Gracián.

“El poeta mediocre no solo escribe mal: vive mal su condición. Se observa, se contempla, se admira; hace de sí mismo un espectáculo. Y en esa contemplación continua se pierde toda autenticidad”, Baudelaire.

“Su figura, cuidadosamente arreglada, ofrecía ese aire de compostura excesiva que más revela que oculta. Cada prenda estaba en su sitio, pero el conjunto carecía de armonía; como si la voluntad de destacar hubiese sustituido al sentido natural de la elegancia. Era uno de esos hombres en quienes el traje habla demasiado, porque el hombre no tiene bastante que decir”, Galdós.

“El mal artista es un hombre disfrazado. Lleva los atributos externos del arte —el tono, el estilo, el gesto— como quien se pone un traje que no le pertenece. Pero el traje no se ajusta del todo: siempre hay algo que traiciona la impostura. Un exceso, una rigidez, una insistencia. El verdadero arte, en cambio, no se lleva: se es”, Nabokov.

“Los poetas son, en su mayoría, personajes ridículos que se toman a sí mismos con una seriedad desproporcionada. Caminan como si llevaran el peso del mundo, cuando apenas sostienen una frase. Su porte es una impostura continuada”, Thomas Bernhard.

***

Cabello dispuesto con artificio de rizos y bucles perfumados; salir a la calle armado de hebillas, encajes y fulares, como si un botón mal cuidado pudiera arruinar la reputación; explicar tus epifanías —los ojos verdes de una guardia urbana, el dolor insufrible por un torito cojo— como el parroquiano explica sus partidos de fútbol; chaleco llamativo, casi festivo, y una corbata anudada con exuberancia desafiante; adiestrar mariposas; caminar por Setenil de las Bodegas y exclamar: “Oh, ah, Alejandría, Alejandría”; la voz modulada, los gestos contenidos, la mirada ligeramente ausente, como si estuviera siempre a punto de formular una idea profunda; versos llenos de misterio, de tristeza, de petricores y lunas llenas; mirar con caída de pestañas; gargantilla dorada y un gel de baño de L’Occitane que huele a mimosa.

Charles 175

De adolescente, pasé los test y me admitieron en Mensa. Desde que estoy enfermo a veces supuse que perdí inteligencia. Tras cada brote psicótico se da un deterioro cognitivo sin una «restitutio ad integrum».

La inteligencia, en sentido estricto, no está necesariamente destruida en la esquizofrenia. Muchos pacientes conservamos nuestras capacidades, pero no podemos utilizarlas de manera adecuada. El trastorno no reside en la potencia intelectual, sino en la dirección del pensamiento, es decir, no es que falte inteligencia, es que falla su organización. No debemos confundir el trastorno del pensamiento con un defecto intelectual. El saber permanece, pero ya no se articula en una unidad coherente.

Como ha señalado Nancy Andreasen:“Las alteraciones cognitivas en la esquizofrenia afectan a la velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo y la atención. Sin embargo, estas alteraciones no implican una pérdida global de inteligencia, sino una disfunción en sistemas específicos del cerebro”.

Creo que antes pensaba mejor. No es que no entienda las cosas, es que me cuesta más llegar a ellas. Es como si mi mente tuviera menos energía, como si tuviera que administrar cada pensamiento. Mi mente no dejó de ser capaz, pero se volvió impredecible. Hay momentos de claridad extraordinaria y otros en los que no puedo organizar ni los pensamientos más simples. Vivir así exige un esfuerzo constante.

Charles 174

La luz adquiere otro granulado, otra estructura y tramado, iluminándose los objetos con una película de claridad extraordinaria. Se revela una luz súbita modificando el aura de la realidad. Las formas se descomponen y se recomponen sin cesar; las cosas más familiares adoptan contornos monstruosos o seductores. Las perspectivas se multiplican, se alargan, se desfiguran; los colores adquieren otra intensidad y brillan, como si una luz interior los inflamase. Todo se vuelve visible en exceso.

Asisto al nacimiento de imágenes -en especial figuras geométricas y animales- que no existen en la realidad. Veo objetos y formas inexistentes con absoluta certeza, con una nitidez extraordinaria. A menudo esas imágines se mueven, te miran o actúan. Su vivacidad es incorregible.

Alucinaciones visuales.

Charles 173

Discrepo (y ahora habla mi yo biográfico, sin mi máscara de falso aristócrata) de la tesis sobre el denigrado y anti-estético lenguaje tabernario en la literatura española.

El lenguaje de nuestra picaresca, lejos de ser descuidado, estiliza lo vil; la taberna y el prostíbulo son como ciencias matemáticas. Mezcla registros en una matriz rica de lenguaje. España, a diferencia de otras tradiciones europeas, no ha temido descender a los fondos de la existencia. Cuando nos despojamos de idealizaciones también transformamos el estilo. Quevedo, por ejemplo, con su uso de lo bajo no rebaja el estilo, sino que lo electriza.

El habla cotidiana, con sus repeticiones, sus vacilaciones, sus banalidades, posee una riqueza que la literatura ha despreciado demasiado tiempo. Reproducirla no es empobrecer el estilo, sino devolverle su raíz. La realidad española exige una forma literaria que sea capaz de integrar múltiples registros: lo científico, lo vulgar, lo lírico (y sus fricciones) Solo mediante esa mezcla —ese pastiche— puede aspirarse a una representación adecuada.

Los escritores españoles tenemos la convicción de que la verdad literaria pasa por lo impuro. Mi enfermedad mental introduce esa impureza en mi escritura. Mis ensayos teóricos refieren el plano diurno y racional. Las expansiones líricas y preciosistas son máscaras lunares. Todo son escrituras necesarias: así trabaja mi prosa de esponja.

Charles 172

«Hay quienes hablan mucho para no decir nada, y otros que dicen poco y lo dicen todo. La verdadera finura no consiste en multiplicar las palabras, sino en elegirlas. Un espíritu elegante no pesa sobre el oyente: pasa, toca, y deja una huella ligera, como si no hubiera querido dejarla. El exceso revela esfuerzo; la medida, dominio», La Bruyère.

«La verdadera elegancia consiste en hacerse entender sin esfuerzo y en hacer reír sin grosería. Nada es más vulgar que la oscuridad: es el refugio de los espíritus confusos. Quien piensa con orden escribe con claridad; quien escribe con claridad, persuade. El estilo debe ser como una espada bien templada: ligero en la mano, mortal en el golpe», Voltaire.

«La verdadera elegancia no se muestra: se percibe en la delicadeza con que una emoción es captada y retenida. Un gesto, una inflexión, una pausa pueden contener más verdad que un discurso entero. El estilo consiste en hacer visible lo invisible, en dar forma a lo que, sin él, se perdería en la indistinción del tiempo», Proust.

«La frase tiene que latir. Si no late, está muerta. No me importa que sea fea o hermosa: quiero que tenga pulso. La verdadera elegancia no está en las palabras bonitas, sino en el ritmo que las arrastra. Escribir es hacer oír una música, aunque sea áspera, aunque duela», Céline.

Charles 171

Recuerdo con una intensa claridad de símbolo ciertos olores de mi infancia: el perfume húmedo de la tierra en verano tras la lluvia (el «petricor», horrible palabra que hiede a coliflor hervida), el olor de los lápices Alpino recién afilados, el vago aliento de lavanda en los cajones, el aroma, mezcla de flores y pelusilla, de los jerseis de cachemira.

Recuerdos del perfume oscuro, pesado, de la vegetación en descomposición y del agua estancada. Y el cálido de la carne asada, ese que parece atravesar la mente. O el del sutil aire-como de letras carmesíes oblongas- del incienso y las rosas. Y el perfume de la cera, seda oriental de Estambul, como una gran y última prueba palpable de realidad.

El cielo recién lavado. La uva en los lagares. La madera. Ella recién salida de la ducha.

Muy pronto, con el verano, todo olerá a sal, a crema solar, a fruta abierta y a cuerpos felices; un perfume colectivo que se nos pegará a la piel y al recuerdo.