En mi biblioteca tengo joyitas como: Samuel Johnson, «The Lives of the Poets» (ediciones de finales del XVIII, no la edición príncipe, que desequilibra mi magro presupuesto) Encuadernación en piel inglesa con nervios, papel verjurado, tipografía preciosa. Y, por 250 euros, también adquirí: François Fénelon, «Télémaque», muy ligado a la tradición homérica. Papel de tina, mármoles, piel jaspeada.
Una primera edición del XVII de verdad (tipo George Chapman o John Ogilby) se dispara fácilmente a los miles de euros. Y, siendo franco: lo mío —una buena piel gastada, un dorado ligeramente apagado, papel que cruje— vale más, literariamente, que muchas “primeras ediciones” sin espíritu.
En mi biblioteca también poseo un García Bacca histórico, «Introducció a la logística amb aplicacions a la filosofia i a les matemàtiques», 1934, un hito internacional en su momento. Me lo regaló mi padre cuando estudiaba. Asimismo, colecciono libros -decenas de ellos- cuyo contenido entiendo muy difusamente. Así: «Logic: The Laws of Truth», de Nicholas J. J. Smith, o el muy técnico y formal de George Tourlakis, «Mathematical Logic».
Duran y Lleida se gasta la guita en trajes de tiendas del Paseo de Gracia para ir como un pimpollo. Otros cenan en DiverXO (450 euros por persona) Mi pasión como burgués poco hacendado son los libros. No hay ya elección: la biblioteca basta.
