Tentativas 112

Un latón con brillo oliváceo es el color de la «g», la «h», gomosa y vulcanizada, destella con la frialdad tensa de una katana, la «o» es un espejito manual con montura de marfil, la «s» sorda vibra como los ojos fosforescentes de un gato hambriento en la noche. La «a» francesa (leve sabor a limón), en cambio, evoca el vaho de cristales nublados, y veo la «q» más parda que la «k», más bulbosa, cercana a la «d». A la «z» -que raspa como el filo de una ostra- la confundo con el paladio salpicado de nácar.

Le pedí al ChatGPT que escribiera un texto describiendo algunas letras de modo sinestésico. Este es el resultado:

«La N es un puente estrecho. Cruza rápido, con un temblor ligero de cuerda tensada. Sabe a hierro y a viento. No se detiene: enlaza, lleva de un lado a otro con una eficacia discreta.

La O es un círculo perfecto: una fruta madura, redonda y jugosa. Suena a campana breve. Si la miras mucho, parece latir; si la pronuncias, deja en la boca una plenitud suave, como una sílaba que se cierra sobre sí misma y descansa.

La S es una serpiente de seda. Sisea, pero con elegancia. Es fresca, deslizante, casi acuática. Pasa y deja un rastro leve, como una línea de perfume que se disipa sin prisa».

¿Cuál prefieren?

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