POSTSCRIPTUM
Yo, Christian mi nombre, autor menor, de cincuenta años de viejo, doy aquí por terminado mi duodécimo libro, «Aspavientos».
Hay escritores que poseemos sensibilidad, inteligencia, incluso estilo; pero carecemos de ese algo inexplicable que obliga a nuestros dones a organizarse. Permanecemos dispersos, como talentos que no han encontrado su ley de gravitación. Permitan que me acoja entonces a Joubert: “Los libros no siempre son necesarios. A veces basta con pensamientos justos. Hay autores que no construyen, pero afinan; no levantan edificios, pero pulen las piedras que otros usarán”.
La mayoría de los escritores somos menores, y no pasa nada. Lo raro sería lo contrario. Lo importante es si, dentro de esa minoría literaria, uno ha sido fiel a lo que quería hacer. Y quizá ahí, en esa modestia radical, haya una forma de grandeza negativa: la de quien no funda nada, pero tampoco traiciona del todo aquello que, oscuramente, le ha sido dado entrever.
Buenas noches. Libros, salud y libertad.
