Cornaro 61

Gabriel Naudé fue un bibliotecario, bibliógrafo y escritor francés (París, 1600-Abbeville, 1653).

Bibliotecario personal de Henri de Mesmes con solo veintidós años, presentó la dimisión para continuar sus estudios de medicina en Padua. En 1629 fue llamado a Roma como bibliotecario del cardenal de Bagni y luego del cardenal Barberini. Richelieu le encomendó la difícil tarea de investigar cuál era el verdadero autor de la «Imitatio Christi». Naudé se decidió por Tomás de Kempis, y Richelieu lo llamó a París como su bibliotecario. En 1633 fue nombrado médico de Luis XIII, y en 1643 se convirtió en bibliotecario del cardenal Mazarino, cuando éste sucedió a Richelieu como primer ministro de Francia.

Para Mazarino reunió unos 40.000 libros provenientes de toda Europa y formó así la Biblioteca Mazarina, abierta a todo el público y considerada como la mejor biblioteca de ese período. Adaptando un sistema desarrollado anteriormente, Naudé utilizó para esta biblioteca la siguiente clasificación: teología, medicina, derecho, historia, filosofía, matemáticas y humanidades, con las adecuadas subdivisiones. La Biblioteca Mazarina fue dispersada durante la insurrección de la Fronda (1648-53), siendo Naudé exiliado a Suecia. Murió en Abbeville el 30 de julio de 1653, cuando planeaba dirigirse a Estocolmo para encargarse de la biblioteca de la reina Cristina.

Considerado el primer teórico importante de la organización de una biblioteca, en 1627 escribió un tratado titulado «Advis pour dresser une bibliothèque» (Instrucciones para establecer una biblioteca), que circuló como manuscrito antes de su publicación en 1644. En esta obra -dirigida a una audiencia de aristócratas acaudalados y poco conocedores- sostenía que una biblioteca debía ser amplia en contenido y estar sistemáticamente organizada y catalogada, e instaba a los coleccionistas a que abrieran sus bibliotecas al público. Naudé escribió también obras como «Bibliographia politica» (1633), título en el que se utiliza por primera vez la palabra «bibliografía», y «Considérations politiques sur les coups d’Etat» (1639)

La primera edición de sus trabajos sobre la magia, las ciencias medievales, así como la historia de su aprendizaje y educación, se publicó en 1625. En sus escritos defendió a personajes tan conocidos como Merlín, Nostradamus, Roger Bacon o Paracelso de la grave acusación que se les hacía al catalogarlos como magos.

Naudé se dedicó al estudio de la magia y la clasificó en cuatro categorías: magia blanca, magia negra, magia divina y magia natural.

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El tratado de «Advis pour dresser une bibliothèque», constituye uno de los grandes manifiestos de la biblioteconomía humanista europea. No es solo un manual técnico sobre cómo organizar libros, sino una defensa apasionada de la lectura universal, de la libertad intelectual y de la biblioteca como instrumento de civilización.

Algunos pasajes particularmente significativos sobre la lectura y el ideal de biblioteca:

“No hay medio más honesto ni más seguro para adquirir una reputación sólida entre los pueblos que reunir una gran cantidad de libros excelentes y abrirlos al público. Porque no basta poseerlos encerrados por avaricia o vanidad; es preciso además que puedan servir al uso de todos aquellos que deseen instruirse”.

“Quien quiera fundar una biblioteca no debe olvidar jamás que el principal fin de los libros es el uso; y por ello es preferible poseer muchos libros útiles antes que pocos volúmenes raros conservados únicamente por ostentación”.

“Es preciso, por tanto, reunir y amontonar sin restricción alguna todos los autores que hayan podido aportar algo digno de consideración para el progreso de las letras; y ello sin hacer distinción entre profesiones, facultades, sectas, lenguas o naciones. Pues una biblioteca destinada al público debe ser universal. No debe parecer un gabinete particular dedicado al capricho de un solo hombre, sino un tesoro común donde cualquiera pueda encontrar aquello que necesita para instruirse”.

“No hay nada que haga más honorable y magnífico a un príncipe que fundar bellas y grandes bibliotecas, y abrirlas liberalmente a todos los hombres doctos y curiosos; porque no existe gasto más útil ni más glorioso que aquel que se hace para el aumento y la comunicación pública de las ciencias”.

“Muchos estiman los libros únicamente por la rareza de la impresión, la delicadeza de la encuadernación, el dorado de los cortes o la belleza del papel; pero quienes aman verdaderamente las letras los valoran por la doctrina y la utilidad que contienen”.

“Jamás debe rechazarse un libro por haber sido condenado o censurado; antes bien, es necesario conservarlo cuidadosamente, porque con frecuencia esos autores perseguidos contienen observaciones raras y útiles que no se encuentran en ninguna otra parte”.

“La lectura frecuente y continua forma poco a poco el juicio; hace al espíritu más sólido, más penetrante y más capaz de discernir la verdad entre la multitud de opiniones humanas”.

“No hay disciplina tan despreciable ni autor tan pequeño del que no pueda extraerse alguna utilidad; porque muchas veces una sola observación hallada casualmente en un libro mediocre vale más que largos discursos en otros más celebrados”.

“Una biblioteca debe contener autores de todas las religiones y opiniones, para que quien estudia pueda comparar, distinguir y juzgar por sí mismo. Pues la diversidad de voces es necesaria para el descubrimiento de la verdad”.

Resulta emocionante que Naudé, en pleno siglo XVII barroco, rodeado de censuras, intrigas cardenalicias y guerras religiosas, siguiese creyendo obstinadamente en la biblioteca como lugar de comparación libre entre doctrinas.

La influencia de Naudé fue enorme en la tradición europea de las bibliotecas. Su ideal anticipa parcialmente la Ilustración. Con Naudé, la biblioteca deja de ser un cofre de lujo y empieza lentamente a convertirse en una arquitectura pública de la memoria.

P.S. Ayuda parcial de Internet y del algoritmo de IA.

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