Aristocracia

Paz a los hombres, que no fue nunca fácil el vivir.
Y para mí el silencio casto y conventual de la luna que investigo
ardiendo en mis imaginaciones e incendiando mi mente.
¿Para qué sirve una mente alunada?
A mi ver, para sopesar, medir, discriminar,
para calibrar lo alto y bajo, lo noble y avulgarado, el mar y la charca,
y, al final, como las metamorfosis de los hombres-lobo,
juzgar a favor de lo mejor -que es irrefutable- y en ello confiar para transmutarse.
La santa alianza con lo mejor es carácter y destino.
Y cómo agrada entonces que tanto agrade
lo que los genios crearon para que te agradase,
como agrada el rímel en las estatuas
y el cortejo de danzas amarillas de un cielo estrellado.
Y cómo agrada la soledad de la noche y el libro
en que el silencio hondo suma beatitud a bendición.
Si el lujo mora en tu mente,
si la casa de la palabra reside en tu mente,
si tus contemplaciones son las más bellas ideas unidas a los más verdaderos sentimientos,
si buscas el lustre y no la medianía común,
si ponderas y te alzas con sederías de alado corazón,
si te mides con la divina cumbre nevada,
mucho, mucho dudo, te arrastre
esas corrientes de los ríos que van a dar
en Nike Air shoes, o Sony & Philips & Garbage Television,
o BMWs de rojo ébano alquitranado. Dudo de Twitter, Justin Bieber y sus tatuajes,
o la vil pasión democrática estadística -hoy universal-
si alto y perfecto es el orden de tu mente,
si tu Ítaca no es una leprosería de neurosis y familia y monedas de latón.
Si vives dentro de ti, dentro de los reinos de las lunas de invierno,
tu Bien no depende de Fortuna, ni del auxilio o el azar o el estado de bienestar,
si insaciable mereces el mérito de adorador de lunas, de los pumas blancos bajo la luna,
si no eres lacayo de bodrios y rebuznos,
después libremente solo te someterás a la mayor sabiduría.
De la confusa selva del pensamiento contemporáneo
apártate, al igual que se apartaría un visionario de paisaje urbanizado
o un pintor delicado ante un lienzo sin valor.
Del mundo mendaz retírate en aldea, ermita o biblioteca.
Y recuerda que lo mediocre genera mediocridad como sombra sigue al sol.
Lo mejor galopa lunas de éxtasis en soledad, enhebra sinestesias,
y descree del amor fabricado en serie o en Hollywood,
de los objetos labrados sin arte ni dignidad,
de los pensamientos rápidos y al tuntún,
de los hombres labrados en deporte y oficina,
lo mejor solo cree en la mente idiosincrásica que calibra y mide y pondera
a la busca del jardín del Bien sin cizañas feas y falsos hierbajos,
a la busca de la aristocracia de la mente,
cuyo temple es indiscernible del destino,
y cuyo destino es una mezcla de pasiones,
la del conocimiento
y la de una vida, si no feliz, al menos sin miseria, pobreza, o innoble ruindad. Vale,
y paz a los hombres. Si todavía es posible.

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