El término «allrightnik», utilizado en inglés para indicar a quien prospera en los negocios, es en realidad un préstamo morfológico del yiddish. En literatura muchos o pocos se llevan el lauro del comercio y las ventas. Son más que escritores ejecutivos. Más escribidores que escritores. Más oficinistas que artistas. Un escritor debe saber componer la frase y el párrafo, poseer instinto de forma, deliberar una estructura, y una evidencia retórica hacia la belleza o la grandeza o el mito. La prosa de La Catedral del mar, del aficionado Ildefonso Falcones, parece garbanzos renegridos, un torpe mecanografiado de sucesivos tópicos expresivos y avulgaradas aventuras embutida en una monótona sintaxis. El valor en royalties de su libro es inversamente proporcional al valor estético, o intelectual, o sapiencial. Literatura para cajeras de Carrefour. Literatura de taller grueso y a granel. Épica de espárrago seco. Obrador literario sin sorpresas o altura. Parece que los lectores de ahora prefieren un cucurucho de grasientas patatas fritas en un puesto callejero a un menú en Bucase. Parece que buscan piedras o balas duras dentro del budín. El triunfo de la literatura mundial es un triunfo que juega muy a la baja, y cada vez más a la baja.
Negocios y literatura
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura. Ver todas las entradas de christiansanz71
