Negocios y literatura

El término “allrightnik”, utilizado en inglés para indicar a quien prospera en los negocios, es en realidad un préstamo morfológico del yiddish. En literatura muchos o pocos se llevan el lauro del comercio y las ventas. Son más que escritores ejecutivos. Más escribidores que escritores. Más oficinistas que artistas. Un escritor debe saber componer la frase y el párrafo, poseer instinto de forma, deliberar una estructura, y una evidencia retórica hacia la belleza o la grandeza o el mito. La prosa de La Catedral del mar, del aficionado Ildefonso Falcones, parece garbanzos renegridos, un torpe mecanografiado de sucesivos tópicos expresivos y avulgaradas aventuras embutida en una monótona sintaxis. El valor en royalties de su libro es inversamente proporcional al valor estético, o intelectual, o sapiencial. Literatura para cajeras de Carrefour. Literatura de taller grueso y a granel. Épica de espárrago seco. Obrador literario sin sorpresas o altura. Parece que los lectores de ahora prefieren un cucurucho de grasientas patatas fritas en un puesto callejero a un menú en Bucase. Parece que buscan piedras o balas duras dentro del budín. El triunfo de la literatura mundial es un triunfo que juega muy a la baja, y cada vez más a la baja.

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