Frater Aelredus de Rupibus Nigricantibus (c. 1090-1158), monje benedictino del priorato de San Miguel de las Rocas Negras, situado —según una crónica igualmente perdida— en una garganta boscosa junto al curso alto del río Sûre, entre la actual Luxemburgo y las Ardenas.
Patrologia Latina, vol. CCXVII, col. 1347:
«Mundus onus est et ego eius addictus servus. Quotidie ad eandem rotam redigo, et quotidie magis frangor. Nihil iam cupio nisi discedere. Non sustineo amplius vel momentum unum huius morae. Dies ipsi graviores fiunt quam lapides molendini. Si Dominus aperiret hodie portam silentii, nudis pedibus et sine respicientia intrarem. Non odio creaturae, sed lassitudine peregrinationis. Nam terra tota mihi videtur diversorium fumosum viatorum aegrotantium».
«El mundo es una carga y yo soy su siervo adicto. Cada día vuelvo a la misma rueda, y cada día me quiebro un poco más. Ya no deseo nada salvo partir. No soporto ni un instante más esta demora. Los días se vuelven más pesados que las piedras del molino. Si el Señor abriera hoy la puerta del silencio, entraría descalzo y sin volver la vista atrás. No por odio a la creación, sino por cansancio del viaje. Toda la tierra me parece una posada humeante llena de viajeros enfermos».
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Ernest Dowson, de vida autodestructiva, no se suicidó técnicamente (murió joven tras años de alcoholismo y deterioro), pero es una de las voces más próximas al sentimiento de agotamiento del mundo. En su poema «Vitae Summa Brevis Spem Nos Vetat Incohare Longam» (1896) escribió:
They are not long, the days of wine and roses:
Out of a misty dream
Our path emerges for a while, then closes
Within a dream.
«No duran mucho los días de vino y rosas:
de un sueño nebuloso
nuestro camino emerge por un instante,
y luego vuelve a cerrarse
dentro de un sueño».
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James Thomson, poeta escocés del siglo XIX, autor de «The City of Dreadful Night». Allí describe una ciudad metafísica donde la esperanza ha muerto y donde los hombres continúan viviendo por pura inercia. Su obra entera parece escrita desde la convicción de que la existencia es una larga fatiga.
«La luz sigue brillando sobre las calles, pero ya no ilumina nada. Los hombres caminan, hablan y comercian; sin embargo, todos parecen haber olvidado por qué continúan haciéndolo. La vida prosigue por costumbre, no por esperanza».
