Diario de Aquitania 107

(Laudes)

¡Reguetón! ¡Perreo! El ritmo se encabrita, cocea, se quiebra. Tembloteo, cacareo, carcajeo, parpeo. Trotan, saltan, se estremecen. No soy joven, no comprendo esa música. Mi mundo alude más bien a la voluminosa y concienzuda «Historia de la Literatura en Italia» del abate Tiraboschi. Soy un carcamal.

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Casi siempre la Historia en general, y la Historia Política en particular, se escribe tan sólo fijándose en las apariencias.

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Trump es el matón y amo. España debe ser cautelosa. Recordemos la receta de Sieyés, que pasó en la Convención todos los años del Terror sin abrir la boca, y después, al preguntársele qué había hecho durante todo ese tiempo, da la genial respuesta: «J’ai vécu» [He vivido]

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¡Pobre Quevedo que instó a Baltasar de Zúñiga a traducir a Montaigne! Ya al fin de mis días, me exilio en los estudios nobles. «Pulchorum autumnus pulcher», el otoño de las personas hermosas es hermoso. Ordenada y limpia la casa, es hora ya -atardece-, de la tranquilidad de los estudios nobles.

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En una aldea orensana me dedico al estudio, lectura y escritura. Duermo poco. Un verso del «Regimen Sanitatis Salernitanum»,del siglo XIII, dice: «Hi vigilant studiis, nec mens est dedita somno», es decir, los hombres de estudio pasan las noches estudiando, y su mente no se abandona al sueño.

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Barbazán cuenta que un alcalde-confitero sacaba hojas de cantorales y las utilizaba como suelo para cocer los bizcochos. Y un cura de pueblo, en los años 80 del s.XX, asaba los chorizos envueltos en hojas de manuscrito, porque decía que eso le daba un sabor especial. España y los libros.

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«CUM LIBELLIS LOQUOR», «Hablo con los libros», palabras de Plinio el Joven de mi ex-libris.

Feliz aquel que, ajeno a los negocios, guarda espesa miel en limpias ánforas, esquila sus ovejas, y, de madrugada, abre la luz de su biblioteca en busca de ciencia.

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Mediocre y trepador, y se llega a todo.

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Alrededor del año 90, Quintiliano se retiró de la enseñanza y atendió tranquilamente al estudio y composición de sus tratados. «Nec vixet male qui natus moriensque fefellit” Horacio, “No se da mala vida quien de nacimiento a muerte pasa desapercibido”. Mejor no podría ser dicho.

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Argumentar, razonar, inferir, discrepar amablemente, oponer educadamente puntos de vista diferentes, pero NUNCA rebuznar, insultar y embestir. Somos -o deseamos ser- racionales y civilizados, no bárbaros a golpes de maza.

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La oratoria feliz, la camaradería verbal, la pulsión de hablar y oír hablar sobre todo, vale más que vueltas al mundo en yate, salidas a teatros o cines, o bien amores de una noche en hoteles de una noche.

Puede ser un garabato

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