(Laudes)
¡Reguetón! ¡Perreo! El ritmo se encabrita, cocea, se quiebra. Tembloteo, cacareo, carcajeo, parpeo. Trotan, saltan, se estremecen. No soy joven, no comprendo esa música. Mi mundo alude más bien a la voluminosa y concienzuda «Historia de la Literatura en Italia» del abate Tiraboschi. Soy un carcamal.
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Casi siempre la Historia en general, y la Historia Política en particular, se escribe tan sólo fijándose en las apariencias.
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Trump es el matón y amo. España debe ser cautelosa. Recordemos la receta de Sieyés, que pasó en la Convención todos los años del Terror sin abrir la boca, y después, al preguntársele qué había hecho durante todo ese tiempo, da la genial respuesta: «J’ai vécu» [He vivido]
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¡Pobre Quevedo que instó a Baltasar de Zúñiga a traducir a Montaigne! Ya al fin de mis días, me exilio en los estudios nobles. «Pulchorum autumnus pulcher», el otoño de las personas hermosas es hermoso. Ordenada y limpia la casa, es hora ya -atardece-, de la tranquilidad de los estudios nobles.
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En una aldea orensana me dedico al estudio, lectura y escritura. Duermo poco. Un verso del «Regimen Sanitatis Salernitanum»,del siglo XIII, dice: «Hi vigilant studiis, nec mens est dedita somno», es decir, los hombres de estudio pasan las noches estudiando, y su mente no se abandona al sueño.
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Barbazán cuenta que un alcalde-confitero sacaba hojas de cantorales y las utilizaba como suelo para cocer los bizcochos. Y un cura de pueblo, en los años 80 del s.XX, asaba los chorizos envueltos en hojas de manuscrito, porque decía que eso le daba un sabor especial. España y los libros.
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«CUM LIBELLIS LOQUOR», «Hablo con los libros», palabras de Plinio el Joven de mi ex-libris.
Feliz aquel que, ajeno a los negocios, guarda espesa miel en limpias ánforas, esquila sus ovejas, y, de madrugada, abre la luz de su biblioteca en busca de ciencia.
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Mediocre y trepador, y se llega a todo.
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Alrededor del año 90, Quintiliano se retiró de la enseñanza y atendió tranquilamente al estudio y composición de sus tratados. «Nec vixet male qui natus moriensque fefellit” Horacio, “No se da mala vida quien de nacimiento a muerte pasa desapercibido”. Mejor no podría ser dicho.
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Argumentar, razonar, inferir, discrepar amablemente, oponer educadamente puntos de vista diferentes, pero NUNCA rebuznar, insultar y embestir. Somos -o deseamos ser- racionales y civilizados, no bárbaros a golpes de maza.
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La oratoria feliz, la camaradería verbal, la pulsión de hablar y oír hablar sobre todo, vale más que vueltas al mundo en yate, salidas a teatros o cines, o bien amores de una noche en hoteles de una noche.

