
Mi KIT DE SUPERVIVENCIA: orujo del municipio orensano de Ramiranes, olla de San Antón, cabeza de cordero asada, sangre encebollada, zarajos, crestas de gallo, lengua de vaca, sesos, criadillas, cachucha de cerdo, manteca colorá, unas gachas con gallinejas, morcillas de Tirgo, un barbo y dos lampreas, y, claro, perdices antes de desplumarlas en agua hirviendo de río, y gallinas con el obispillo eviscerado, y cerdos sin ganchos ni lazos corredizos por las mandíbulas, y berza con compango. Y de postre higos al ron añejo, orejas de carnaval y botellas de anís de Chinchón.
También, por supuesto, que no falten Oreos, Bocabits, Chupa Chups, gominolas, el Interviu con el desnudo de Marta Sánchez, pipas Facundo («Siento dejar este mundo sin probar pipas Facundo»), un muñequito de David Hasselhoff de premio del Happy Meal, Rivotril, calzoncillos de repuesto y condones, una foto de Begoña Gómez y Koldo García, vídeos de Eva Nasarre, pósters de Iván y Leif Garret, películas de Van Damme, Steven Seagal, Pajares y Esteso, el diploma universitario del Grado de Ciencias de la fermentación, el Catecismo Astete, farlopa, una muñeca hinchable y el libro «Una nueva vida es posible», de Carmen Bazán.
