Adiós a la mente 5

ME PASÉ DE CLARO A ÁLVAREZ

Querido Maestro, demasiado tiempo ya
sin usted. Fue a la muerte, no al olvido.
Doloroso es saber que vanamente
esperaremos leer otro libro suyo.
Pero, orgulloso, me paso de claro
a Álvarez: albergue de la poesía,
hospital de gusto y la opinión delicada,
sitio único en Belleza, espejo de poetas.
Buscaré un cobijo agradable y sombreado,
a los pies de una higuera de regalada
dulzura, entre hayedos claros, detenido
el embate del sol, y entre acacias, fresnos
y chopos, abriré las hojas mágicas de
“Museo de cera” y “Los decorados del olvido”.
En mi sangre blancos pájaros, agua de Luna
rebosando en labios. Usted, querido Álvarez,
estimula siempre fecundos pensamientos;
yo, pobre discípulo, escuchando las estrellas,
donde desde la inmortalidad nos escucha.

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