

Escucho a Irene Montero y Trump. Desconocen astronómicamente una cantidad enorme de bibliografía. Discursos exaltados de barricada y nula capacidad de análisis.
¿Cuáles son las tres características -se pregunta Hayek- para que un grupo político, un grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto, sea conformado por los peores elementos de la sociedad?
En primer lugar, dice el austríaco: “si deseamos un alto grado de uniformidad y semejanza de puntos de vista, tenemos que descender a las regiones de principios morales e intelectuales más bajos, donde prevalecen los más primitivos y comunes instintos y gustos”.
Luego viene “el segundo principio negativo de selección: será capaz de obtener el apoyo de todos los dóciles y crédulos, que no tienen firmes convicciones propias, sino que están dispuestos a aceptar un sistema de valores si se machaca en sus orejas con suficiente fuerza y frecuencia”.
El tercer factor es: “quizás el más importante elemento negativo de la selección para la forja de un cuerpo de seguidores estrechamente coherente y homogéneo. Parece una ley de la naturaleza que le es más fácil a la gente ponerse de acuerdo sobre un programa negativo, sobre el odio al enemigo, sobre la envidia a los que viven mejor, que sobre una tarea positiva. La contraposición del «nosotros» y el «ellos», parece ser un ingrediente esencial de todo credo que enlace sólidamente a un grupo para la acción común”.
Nadie con una formación intelectual sólida tiende a someterse a los dictados de un líder sin cuestionarlo, nadie decente se suma al staff de aplaudidores, nadie responsable se pone de acuerdo para destruir en vez de construir. Recuerden el credo tan comúnmente asociado al gran Ludwig von Mises, “Tu ne cede malis sed contra audentior ito“, no cedas al mal, sino procede cada vez más audazmente contra él.
Montero y Trump, glorificar la peligrosa mediocridad.
