Tu quoque 14

«No he sido nunca un lector superficial. Un libro serio exige una disposición moral: paciencia, humildad y una atención prolongada. Leer es una forma de conversación con espíritus superiores, y no se debe entrar en ella con ligereza. Muchos creen que el genio nace del cálculo rápido; se equivocan. El verdadero progreso intelectual se alimenta de lecturas profundas, meditadas, repetidas. Un libro leído con atención puede cambiar el curso entero de una vida intelectual», Carl Fiedrich Gauss, carta a Farkas Bolyai.

«Una disciplina científica no vive de resultados aislados, sino de la continuidad de su tradición escrita. Los libros son la memoria viva de las matemáticas; sin ellos, cada generación debería empezar desde la ignorancia. Quien no lee a los grandes maestros termina por redescubrir torpemente lo que otros ya habían pensado mejor. Leer es, para el matemático, una forma de respeto hacia el pasado y una condición de posibilidad del futuro», David Hilbert, conferencia en Göttingen.

«Mi amor por los libros ha sido uno de los grandes sostenes de mi vida. En ellos encontré un refugio contra la brutalidad del mundo, una ampliación de mi conciencia y una conversación permanente con las mentes más lúcidas de todos los tiempos. Leer no es una evasión, sino una intensificación de la vida mental. Las matemáticas mismas serían estériles sin esa vasta cultura literaria que enseña a pensar con claridad, a escribir con precisión y a desconfiar de la charlatanería», Bertrand Russell.

«Siempre he considerado la lectura como una parte esencial de la vida matemática. Las matemáticas no son una sucesión de trucos ingeniosos, sino una literatura seria, con sus clásicos, sus estilos y sus exigencias. Un joven matemático que no lee está condenado a la trivialidad. Los libros enseñan no solo resultados, sino actitudes: rigor, elegancia, economía del pensamiento. En ese sentido, una buena biblioteca vale más que un laboratorio entero», G. H. Hardy , «A Mathematician’s Apology».

«He pasado buena parte de mi vida entre libros, y no lo lamento. Una biblioteca no es un almacén de papel, sino una arquitectura del espíritu. Leer a los matemáticos del pasado es una experiencia profundamente formativa: uno aprende tanto de sus errores como de sus aciertos. Los libros nos enseñan que el pensamiento verdadero es lento, arduo y, por eso mismo, durable», André Weil, «Souvenirs d’apprentissage»,

«Los libros fueron para mí mucho más que herramientas de trabajo: fueron compañeros de soledad, espacios de libertad y de resistencia interior. Leer es un acto creador. Un texto matemático verdaderamente profundo no se consume; se habita. Uno vuelve a él como se vuelve a un paisaje interior que nunca se agota», Alexander Grothendieck, «Récoltes et Semailles».

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Ægidius Librarius de Campania nació hacia 1187 en las cercanías de Capua. Estudió en Salerno y más tarde en Toledo, donde entró en contacto con traducciones árabes de Euclides, Al-Juarismi y textos neopitagóricos. Allí desarrolló una obsesión patológica por los libros: no solo por su contenido, sino por su materialidad. Escribió «De Numero et Silentio», «Liber de Lectione Mathematicorum», «Marginalia infinita super Euclidem» y «Tractatus de Bibliotheca ut Forma Mundi» (publicada recientemente por Boydell & Brewer) De esta última extraigo las siguientes citas:

«El roce del pergamino calma más que la oración; la tinta ordena el espíritu mejor que el ayuno. He aprendido más inclinando la cabeza sobre un códice que levantándola hacia el cielo», pág. 29.

«Me llaman loco porque hablo solo; no saben que converso con autores que murieron hace siglos. Más loco es quien solo oye a los vivos», pág. 77.

«Leo no para saber, sino para vivir más de una vida. Cada libro añade años a mi existencia, aunque robe horas a mi cuerpo. Prefiero morir leído que vivir ignorante», pág. 82.

Terminó sus días como bibliotecario errante, viviendo de copiar textos matemáticos y escribir glosas interminables que a menudo ocupaban más espacio que el texto original. Oh mon semblable, mon frère!

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