Charles 35

«El hombre fue creado para la gloria de Dios, pero la mujer lo fue para la gloria del hombre, y así el hombre no pertenece a la mujer como ella le pertenece a él […] Verdad es muy averiguada, que el sexo masculino es más principal y más noble, que el veleidoso sexo femenino, refinado en el rencor. Y cosa cierta es, que en todas las especies de animales, el macho es de mejor condición y complexión más cálida, y la hembra torcida y pecadora […]

Como el asno del buey, no pocas veces cuesta domar a la hembra, que suele resistirse a ser descanso del guerrero, por lo que no es nada vil azotarla con vara de avellano, para que no bufe como cabra loca […] A la mujer le gusta correr monte, holgar entera en libertad, no someterse a nuestras superiores voluntades… Orgullosas y engreídas, de carácter extraño, nos hurtan horas de placer y estudio […] Preferimos vivir sin ataduras, hacer lo que nos venga, andar con prostitutas, despreocupados. El matrimonio es ominosa cárcel. Ellas guardan mucho vinagre en su cuerpo. La mujer es impedimento para la Philosophia. Si uno se casa, que sea con una dócil, hermosa y de buena casta. Pero el consejo es que mediten y miren bien lo que hacen».

Lo anterior lo escribió J. Timoneda, en su obra «El patrañuelo», 1566, ed. de 1986, pág. 102-105. Obra narrativa, directa, plena de ingenio y picardía, con cierto tono teatral y popular. Timoneda era también editor, librero y hombre de teatro.

Las patrañas de Timoneda pertenecen al grupo de narraciones breves que introducen en España la tradición novelesca italiana. No tienen la perfección artística de los modelos, pero poseen gracia narrativa y un sabor popular muy estimable. Era literatura de recreo que circulaba entre lectores urbanos del siglo XVI: relatos ágiles, ingeniosos, destinados al placer del ingenio más que a la profundidad psicológica. Timoneda fue un hábil adaptador que supo trasladar al público español los modelos de la novela breve renacentista.

«El patrañuelo» no es una obra maestra, sino una obra desigual, pero viva, ingeniosa, entretenida y culturalmente decisiva. Hay en estas patrañas un mundo popular, deslenguado y teatral que anuncia la prosa del Siglo de Oro. La primera edición apareció en 1567 en Valencia. Un ejemplar de estas primeras impresiones del siglo XVI puede valer entre 10.000 € – 40.000 €, o incluso más si está muy bien conservado. Las bibliotecas y los coleccionistas las buscan mucho.

Mi ejemplar me costó 12 euros y lo disfruté mucho esta mañana. Si les viene a bien, léanlo.

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