Tentativas 134

Brindo con champán por mi locura y mi biblioteca. Las burbujas suben irónicas; se afina la alegría hasta convertirse en arte. Entre sorbo y sorbo, una dulzura casi dolorosa. En la terraza, al caer la tarde, cuando ya todo está perdido o a punto de perderse, uno descorcha la botella como quien abre una ventana a la frivolidad necesaria. Beberlo es aceptar que la vida no tiene arreglo, pero sí estilo.

El champán tiene una claridad de campana, una luz que no se ve. Y en su frescura hay huertos lejanos, rocíos detenidos en la mañana, y una inocencia anterior a toda memoria. Bebo despacio, sin temer al tiempo.

El burbujeo se acompasa a la mente. Una emoción depurada de todo residuo, como si el mundo hubiera sido reducido a su quintaesencia y servido en una copa transparente. Bebo despacio. Debo retrasar cualquier evidencia

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