
Escrita por el cartujo alemán Gregor Reisch, «Margarita Philosophica» (1503), fue una de las primeras enciclopedias impresas. Se estructuraba como un manual universitario que abarcaba las artes liberales (gramática, lógica, retórica, aritmética, geometría, música y astronomía) además de principios de filosofía natural. El libro fue concebido como un manual de estudio para los estudiantes de la Universidad de Friburgo. Está organizado en doce libros que cubren las Siete Artes Liberales y las ciencias naturales y morales. Uno de sus mayores atractivos son sus célebres grabados en xilografía (madera), que servían como alegorías visuales para explicar conceptos complejos.
Aunque no contiene un tratado autónomo sobre bibliotecas comparable al «De bibliothecis» de Lipsio o Naudé, sí aparecen varios pasajes muy reveladores acerca de los libros, los depósitos del saber y la transmisión de la ciencia. Además, las célebres xilografías de bibliotecas y estudios humanísticos asociadas a sus ediciones tuvieron enorme influencia cultural.
Uno de los pasajes más citados aparece en el prólogo general, donde el saber escrito es concebido como un tesoro acumulativo de la humanidad:
“Quicquid a priscis sapientibus subtiliter inventum, ingeniose disputatum, vel utiliter traditum est, id omne librorum custodia servatum ad nostram usque aetatem pervenit. Nam libri sunt quasi receptacula memoriae, thesauri disciplinarum, et vivorum simulacra mortuorum”.
“Todo cuanto fue descubierto sutilmente por los antiguos sabios, discutido ingeniosamente o transmitido de manera útil, ha llegado hasta nuestra época conservado por la custodia de los libros. Pues los libros son como receptáculos de la memoria, tesoros de las disciplinas y simulacros vivientes de los muertos”, Gregor Reisch, Margarita Philosophica nova, Friburgi Brisgoiae: Johannes Schottus, 1503, Prohemium generale (Edición facsimilar: Gregor Reisch, Margarita Philosophica, Basel: Michael Furter, 1504; facsímil, München: Fink Verlag, 1973)
En la sección dedicada a la gramática y las artes liberales aparece otra reflexión muy humanista sobre el estudio y los libros:
“Sine libris iacet omnis doctrina sepulta; neque enim memoria mortalium tantam rerum multitudinem continere potest. Itaque prudentes viri bibliothecas comparaverunt, in quibus reponerentur monumenta ingeniorum et labores omnium saeculorum”.
“Sin libros, toda doctrina yace sepultada; pues la memoria de los mortales no puede contener tan gran multitud de cosas. Por ello los hombres prudentes reunieron bibliotecas en las que se depositasen los monumentos del ingenio y los trabajos de todos los siglos”.
Especialmente notable es este pasaje, donde la biblioteca aparece como defensa contra la destrucción del tiempo:
“Tempus omnia consumit, urbes delet, regna mutat, memoriam hominum abolet; sed quae litteris mandata sunt diutius durant. Inde bibliothecae non tam librorum horrea quam arcis quaedam adversus oblivionem esse videntur”.
“El tiempo consume todas las cosas, destruye ciudades, transforma reinos y borra la memoria de los hombres; pero aquello que ha sido confiado a las letras perdura más largamente. Por ello las bibliotecas parecen no tanto almacenes de libros cuanto fortalezas levantadas contra el olvido”.
Y este último fragmento posee ya un tono casi monástico y contemplativo, muy coherente con la espiritualidad cartuja:
“In silentio bibliothecarum animus ad contemplationem erigitur. Ibi sine strepitu docent magistri mortui; ibi sine labore peregrinamur per omnia saecula; ibi cum sapientibus familiariter colloquimur”.
“En el silencio de las bibliotecas el espíritu se eleva hacia la contemplación. Allí enseñan sin estrépito los maestros muertos; allí viajamos sin fatiga a través de todos los siglos; allí conversamos familiarmente con los sabios”.
