Cornaro 78

«Al releer hoy mis diarios, experimento un cierto asco… Cada frase parece decir: «Mírame, soy aburrido, soy torpe, no sirvo para nada». Esta tarde he leído el principio del relato. Es malo, insoportable, falso… Siento una pereza y una tristeza infinitas al mirar lo que he hecho», Kafka.

(Recogido por el biógrafo Elio Donato): «Virgilio, antes de morir, pedía con insistencia sus cofres para quemar la Eneida. Al negarse sus amigos, la encomendó a Vario y a Tucca, pero con la condición de que no publicaran nada que él mismo no hubiera corregido… No pudo soportar la imperfección de lo que dejaba».

«Al volver la mirada a las palabras que ya había trazado, comprendí que la memoria no puede retener la grandeza de aquella visión sin sufrir… Mi pluma se detiene, avergonzada de su propia pobreza, pues al releer lo escrito veo que la tinta es un velo demasiado grueso para la luz que intentaba narrar», Dante.

«Releo mis poemas y no encuentro paz. Lo que ayer me complacía, hoy me muerde el espíritu; lo que creía pulido, me parece tosco y bárbaro. Siento un dolor agudo al ver que mis versos envejecen peor que yo. Paso la vida borrando y cambiando, y temo que la muerte me sorprenda con la lima en la mano, dejando solo fragmentos heridos», Petrarca.

«Es una tortura infinita releer lo que uno ha publicado bajo la presión del impresor. Cuando abro mis propios libros, las erratas me saltan a los ojos como demonios. Siento vergüenza de que el público lea lo que mi prisa dejó imperfecto; cada página impresa que reviso es un reproche a mi falta de cuidado», Erasmo.

«Muchas veces tomé la pluma para escribirle, y muchas la dejé, por no saber qué escribir; y estando una de ellas suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría… me consumía el miedo de lo que dirían de mi obra aquellos antiguos legisladores de la poesía», Cervantes.

«Al releer las páginas de este invierno, me invade una mezcla de autocompasión y asco ¡Qué criatura tan miserable era yo hace solo tres meses! Releer lo escrito me produce una vergüenza espantosa: veo mis ambiciones literarias impresas en papel y, al mismo tiempo, el temblor de mis manos que ya apenas pueden sostener la pluma. Es la crónica de una demolición», W. N. P. Barbellion.

«Hay días en que, al releer lo que escribí la víspera, me entran ganas de vomitar. Siento que mi estilo es pesado, que mis metáforas son rancias y que estoy condenado a arrastrarme por el fango de la mediocridad cuando lo que quería era volar», Flaubert.

«He cometido el error de abrir mis viejos cuadernos. He sentido una opresión en el pecho, un dolor sordo. Lo que en el momento de escribir parecía una emanación del alma, hoy me parece la cháchara vana de un colegial. Releerse es asistir al entierro de la propia inspiración; ver que donde hubo fuego, hoy solo queda la fría arquitectura de las palabras», Maurice de Guérin.

«Cuando releo mis pensamientos anotados, a menudo siento que he cometido un crimen contra mí mismo. La idea era libre en mi mente; al releerla atrapada en la frase, la veo como un pájaro disecado. Sufro al comprobar que la fijeza de la tinta ha matado la fluidez de la luz que yo había entrevisto», Joubert.

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