Diario del zalapastrán 115

HABLA EURÍPIDES

Envejecí entre las llamas de Troya
y me despedazaron los perros.
Troncha mi Grandeza la Historia
como el tajamar las ondas.
Mis tragedias golpearon un mundo
con más luz; pulí todas las joyas
de las cuevas. Soy inmortal.
***
¿Y tú? Flotas en la muerte sin un
solo recuerdo de las futuras
generaciones. Ni un solo jinete
se cobijó a tu sombra. Escribiste
(sin arte) palimpsestos de silencio.
Luna hueca, tú no supiste. Eres mortal.

Diario del zalapastrán 114

En la “Historia de la decadencia y caída del Imperio romano”, Gibbon resalta cinco aspectos de su decadente cultura: preocupación por mostrar opulencia en lugar de generar riqueza, obsesión por el sexo y perversiones del sexo, el arte que se vuelve extravagante y sensacionalista en lugar de creativo y original, disparidad cada vez mayor entre los muy ricos y los muy pobres, mayor demanda para vivir del Estado. Los paralelismos con nuestra época son abrasadores (cosas fútiles, vasto dominio de la Nocilla y los subsidios, papanatas artistas), una época donde los juglares son los monos, con luz negruzca y ganchuda, de pelo hirsuto con ladillas.

***

Copio y pego estas ideas de mi Maestro mágico José María Álvarez, poeta con trazo de ráfaga de aire en los cuadros de Giovanni Battista y una caballerosidad de gasa de pedrería, ideas que parecen haber leído las mías.

“Vamos a partir de una base: El ser humano – como ya lo sabía Homero, y desde luego Tucídides y qué decir del maestro Tácito, y de ahí, hasta hoy, todas las cabezas memorables -, NO TIENE SOLUCIÓN. Si bien es cierto que es capaz en muchos momentos de los mayores sacrificios por el Bien, alberga en su alma una facilidad morbosa para el Mal; su capacidad de ser codicioso o discernir sobre lo afortunado o desgraciado que esta o aquella elección pueda ser para su suerte, presumo dolorosamente que en la mayoría padece de raquitismo, cuando no de vileza.

En consecuencia, carezco, creo que afortunadamente, de certezas políticas. Me da lo mismo una forma de gobierno que otra y sus nombres, pues lo único que me importa son los resultados; esto es: si bajo ese poder somos o no más Libres, si se respetan o no los derechos a la Propiedad, a todo lo que constituye nuestra Individualidad inviolable, nuestra libertad de Expresión, nuestra Conciencia, nuestra libertad de comerciar, de movernos por el mundo. Por lo tanto soy un desesperanzado Old Whig – podéis considerarme un modesto alumno de Hume, de Hayek y de von Mises, y así nos entenderemos mejor – que asegura (de esto sí) de que lo que más nos acerca a una convivencia tolerante y fecunda es el Liberalismo digamos «clásico», el Gobiernos de las Leyes y no de los hombres, y que me limito a apoyar considerándolo bueno todo lo que vaya en menoscabo del poder del Estado, en el grado que sea, y a condenar todo lo que pueda fortalecer a ese gran enemigo de nuestras libertades y nuestras escasas posibilidades de felicidad.

En ese horizonte, obviamente, sí mantengo odios feroces: a la Izquierda en general y sobre todo a sus formas extremas en nuestra época, como el Comunismo. Pienso que en una sociedad civilizada no debería permitirse la existencia de ese partido como no debería tener cabida el Nazismo ni movimiento alguno de características totalitarias. Soy un liberal porque me parece indiscutible que las ocasiones en que la sociedad ha estado mejor ha sido cuando más se ha acercado a formas de gobierno Liberales. Como es evidente que cada vez que se ha alejado de ello, ha derivado hacia el empobrecimiento y la esclavitud.

Cuando considero un gobierno no miro si se proclama monárquico, republicano, demócrata (palabra que hoy, por cierto, sirve para todo), dictatorial… Tengo en cuenta sólo si bajo sus leyes soy más libre, si cuanto soy como ser humano está más garantizado.

Todo esto, en cuanto a la vida de la sociedad. Si hablamos de Arte y de artistas, creo que su plenitud no tiene que ver con esa prosperidad social. Los caminos del Arte, de la Literatura, son otros, y cruzan paisajes que socialmente pueden ser aborrecibles, pero que resulta que, a ese Arte, a esa Literatura, los nutre con gusto. Quiero decir: un gobernante no puede ser una mala persona. Un artista, sí. De un depravado pueden nacer obras excelentes, y que mejoren a la sociedad. El Arte puede tener alianzas que abominaríamos en la convivencia «normal». Pero es que el Arte no es «normal». Porque lo que cuenta es la obra, y si esta es grande, si el artista es grande, lo que nos regalará, hasta más allá de sus torpes – con mucha frecuencia, en muchos, muy torpes – opiniones, es Vida, la más profunda verdad de la Vida. Y la Vida nunca miente. El artista mezquino es aquel cuyas páginas mienten.

Y con respecto a ese Arte y esa Literatura, os sorprende lo que suelo decir. Creo que estamos asistiendo a su muerte. Nadie puede predecir cómo terminará todo. Quién sabe si algún día se dará un renacimiento espiritual considerable. Pero lo que hoy veo, en general, es basura. Y todo hace imaginar que la destrucción que se ha consumado del Pensamiento, la «amnesia planificada», la absoluta incultura de la sociedad, hace lejano y problemático ese Renacimiento. ¿Qué podemos hacer quienes tenemos tan funestos augurios? Nada. No podemos hacer nada. Es demasiado fuerte la resaca del Mal. Sólo podemos hacer una cosa: decirlo, repetirlo, combatirlo, rechazarlo, atacar sin cesar lo que ha venido a llamarse «Pensamiento Correcto» y que es el mayor peligro que ha existido contra la Inteligencia, la Sensibilidad, la Excelencia y la Libertad desde que el mundo es mundo”.

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“Mi época ha sido al comienzo, si no buena, soportable al menos; a la mitad fue incurriendo en toda clase de maldades y crímenes, hasta parecerme que ahora se ha hundido en la miseria. El final de esta época es el comienzo de la siguiente, ya tan ajena a cualquier estudio honroso, tan atiborrada de oprobios y vanidades que, si por la flor podemos barruntar el fruto, acabará por disculpar y hacer buena la época anterior; y tan es así, que me arrepiento y me avergüenzo de haber llegado vivo hasta el día de hoy para ver estas cosas”, Petrarca.

“Puesto que el enemigo se precipitaba de forma irresponsable, Cécina y Valente aguardaban atentos a la estupidez ajena, lo cual puede pasar por sabiduría”, Tácito.

Como decía von Mises, elijamos como lema personal aquel verso de Virgilio: “Tu ne cede malis sed contra audentior ito”.”

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“Dice Guicciardini -por cierto, uno de los pocos historiadores, y más que historiador, al que conviene leer y releer- que si queremos conocer cuáles son los pensamientos de los tiranos, hay que ir a Tácito cuando hace mención de los últimos razonamientos de Augusto con Tiberio”, J. M. Álvarez, escritor total contra los ecos imbéciles de la palabra.

Diario del zalapastrán 113

La “e” abierta catalana, rojo vivo de dalia, brillo húmedo de carnosa cereza. Misterioso arrapiezo y palmoteo en mi lengua. No, no vivo a través de una prosa sencilla, transparente, familiar y con hondo sabor al terrazgo. Para mí letras y palabras, en varios idiomas, se visten de chaquetillas ceñidas, bombachos, bombines, fracs, tienen caras tostadas, eventualmente posturas rígidas. Acaso peque de demasiada fatuidad, de una neurosis o asomos de sinestesia, pero vivo el lenguaje como una musa gozadora de colores y evocaciones de imágenes. Letras corteses que inspiran al corazón. “A” verde, “b” azul democrático, “c” blanco vestidito de comunión, “d” amarillo canario difuminado, “z” crápula francés de mediana edad, “y” verde helecho que embriaga al fornicador, “u” sabor a asadura de cordero.

El alfabeto no se distingue de los cinco esmaltes heráldicos: gules (rojo), azur (azul), sable (negro), sinople (verde) y púrpura (morado), y dos forros: armiños y veros. Acaso, debido a mi sensibilidad morbosa con el idioma, mi estilo es recargado. Seguramente tener estilo es no tener estilo. Leer algo con el sabor fresco del agua en una fontana. Ser barroco, qué duda cabe, es sinónimo de ser vanidoso. Temo en mí una prosa charra. Puede que discurra con pormenores absurdos. Mi aliño proviene del agolpado entrevero o concentración de sensaciones. Ojalá que dentro de diez años -si estoy vivo- simplifique, aplane, clarifique, me deje de verbosidades.

“Q”, maderas alabeadas, carcomidas, oscuro lobato en la capilla, “l”, marejada de espumas, peñascos con coquitos, “p” anciano colérico, “g” pequeño torrente en el centro del zampeado, “s”, vestido de buriel pardo. El lenguaje vive en el cielo, en el mar, en una isla remota, en los rascacielos y redacciones de periódicos, en las charlas a la salida de las fábricas, en comercios, oficinas y lonjas, en la más soleada placita de pueblo. Los nombres (por mí ruedan dudas y tanteos, enjambres confusos) son lámparas, los adjetivos calientes bombillas de tungsteno, las subordinadas retablos esculpidos o rosa ropilla en el ajuar.

Leo a escritores (eso creo) que articulan sus obras de un modo peregrino. Culpa mía si escribo rápido, y no aplazo la resolución, por lo que suelo no vencer las dificultades. Sosiego, reposo, quietud y meditación, me digo; pero escribo contra la muerte.

Disculpen la confesión plañidera. Pero sí deseo que consten mis desprecios por los babosos pitidos o libros perroflautas o peditos de burra de los meros tecleadores, de los ejecutivos millonarios del oficio. Esos escritores desalinizados, con escorbuto y joroba, lobotomizados, de pobrísima cháchara negligente. Burdos, cegatos, infantiles, hilando frases como si esputara un hipopótamo.

Las cuartillas deben enervarse, aguzarse, estremecerse. Mi desdén a pícaros y vivales con su timo de la estampita a todas horas y sus novelas o poemas de a penique.

Diario del zalapastrán 112

Si la literatura no tuviera la capacidad transformadora de provocar en los lectores emociones o respuestas nunca vividas, los dictadores no la hubieran visto como un peligro y una amenaza para su poder. La historia de la humanidad está llena de momentos en que libros, autores y lectores han sido censurados, perseguidos o encarcelados. Citemos “1984” de Orwell:

1. “Le sorprendía que lo más característico de la vida moderna no fuera su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido. La vida no se parecía, no sólo a las mentiras lanzadas por las telepantallas, sino ni siquiera a los ideales que el Partido trataba de lograr”.

2. “Al final, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo. Era inevitable que llegara algún día al dos y dos son cinco. La lógica de su posición lo exigía. Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia, sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común”, Orwell.

3. “Hacer algo que implicara una inclinación a la soledad, aunque sólo fuera dar un paseo, era siempre un poco peligroso. Había una palabra para ello en neolengua: vidapropia, es decir, individualismo y excentricidad”

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Dos citas significativas de “Farenheit 541”:

1. “Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, pues le preocuparás; enséñale solo uno. O, mejor aún, no le muestres ninguno. Haz que olvide que existe uno cosa llamada guerra. Si el gobierno es poco eficiente, excesivamente intelectual o aficionado a aumentar los impuestos, que lo sea pero sobre que la gente no se preocupe por ello. Paz, Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones populares, o los nombres de las capitales de estado o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórrala de datos no combustibles, lánzales encima tantos “hechos” que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, de que se mueven sin moverse, y serán felices, porque de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como la filosofía o la sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se llega a la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego (en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo) es más feliz que cualquier otro que trate de medir, calibrar y cuestionar el universo, que no puede ser medido ni cuestionado; ese hombre se sentirá como un salvaje y muy solo. Lo sé, lo he intentado. ¡Al diablo con ello! Así pues, adelante con los clubes y las fiestas, los acróbatas y los prestidigitadores, los coches de reacción, las motocicletas, helicópteros, el sexo y las drogas, y más de todo aquello que esté relacionado con los reflejos automáticos. Si el drama es malo, si la película no dice nada, si la comedia no tiene sentido, dame una inyección de teramina. Me parecerá que reacciono ante la obra, cuando únicamente se trata de una reacción táctil a las reacciones. Pero no me importa; tan solo quiero distraerme”.

2. “[…] Deseamos conservar, intactos y a salvo, los conocimientos que consideramos indispensables para el hombre. […] Porque si nosotros desaparecemos, los conocimientos habrán muerto, quizá para siempre. […] En este momento, nos aguarda una misión horrible; esperamos que la guerra empiece y termine cuanto antes. No es agradable, pero nadie nos controla. Constituimos una extravagante minoría que clama en el desierto. Cuando la guerra haya terminado, quizá podamos ser de alguna utilidad al mundo. […] Al principio, no se trató de un plan preconcebido. Cada hombre tenía un libro que quería recordar, y así lo hizo. Luego, durante un período de unos veinte años, fuimos entrando en contacto unos con otros, viajamos, creamos esta organización y establecimos un plan. […] Cuando la guerra haya terminado, algún día, algún año, los libros podrán ser reescritos. Las personas serán convocadas una por una para que reciten lo que saben, y lo imprimiremos hasta que llegue otra Era de Oscuridad, en la que quizá debamos repetir toda la operación. Pero esto es lo maravilloso del hombre: nunca se desalienta o disgusta lo suficiente para abandonar algo que debe hacer, porque sabe que es importante y que merece la pena hacerlo”.

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En plena pandemia mundial, mientras el mundo se paralizaba de horror, la literatura vino otra vez a rescatarnos de la desesperación, como declaró Irene Vallejo en el artículo «Reescrituras del tiempo»:

“Sumidos en la perplejidad, hemos vivido este año como un pliegue temporal. La vida estaba en otra parte y, durante los días enjaulados, los libros resultaban liberadores. […] Leer es un raro hechizo que nos permite recordar soñando, tomar aire frente a la asfixia, cazar al vuelo briznas de esperanzas, atrevernos con el disfraz de optimistas lúcidos. En estos meses de tiempo perplejo y fractura no hemos dejado de escuchar, como en una caracola, el oleaje de los clásicos: ese pasado sereno que alumbra el vértigo del presente”.

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(BOOK OF THINGS)

“La literatura no es sólo principio y origen de libertad intelectual, sino que ella misma es un universo de idealidad libre, un territorio de la infinita posibilidad. Los libros son puertas que nadie podría cerrarnos jamás, a pesar de todas las censuras. Sólo una censura sería realmente peligrosa: aquella que, inconscientemente, nos impusiéramos a nosotros mismos porque hubiéramos perdido, en la sociedad de los andamiajes y los grumos mentales, la pasión por entender, la felicidad hacia el saber”, E. Lledó.

“Un libro es un jardín, un huerto, un almacén, una fiesta, una compañía de camino, un consejero, una multitud de consejeros”, Charles Baudelaire.

“Piensa antes de hablar. Lee antes de pensar”, Fran Lebowitz.

«Escribir y leer disminuyen nuestra sensación de aislamiento. Profundizan y amplían nuestro sentido de la vida: alimentan el alma. Los escritores nos hacen menear la cabeza con la exactitud de su prosa y sus verdades, e incluso nos hacen reír de nosotros mismos o al menos aplaudir ante lo absurdo de la vida, en lugar de ser aplastados por ella una y otra vez. Es como cantar en un barco durante una terrible tormenta”, Anne Lamott.

“Que la science que nous acquérons par la lecture ne soit pour nous que le ciseau du sculpteur; qu’elle nous aide à tailler le bloc de pensées et de sentiments qui fait le fond de nous-mêmes”, O. Pirmez.

“Los libros son, seamos realistas, mejor que todo lo demás. Si jugáramos a la “Cultural Fantasy Boxing League” e hiciéramos que los libros se pasaran quince asaltos en el ring contra lo mejor que cualquier otra forma de arte pudiera ofrecer, entonces los libros ganarían prácticamente todas las veces”, Nick Hornby.

“Cuando lees un libro palabra por palabra y página a página, participas en su creación, del mismo modo que un violonchelista que toca una suite de Bach participa, nota a nota, en la creación, el devenir y la existencia de la música. Y, a medida que lees y relees, el libro, por supuesto, participa en tu creación, en tus pensamientos y sentimientos, en el tamaño y temperamento de tu espíritu», Ursula K. Le Guin.

“Buenos amigos, buenos libros y una conciencia tranquila: ésta es la vida ideal”, Mark Twain.

“L’acte d’amour et l’acte de poésie sont incompatibles avec la lecture du journal à haute voix”, A. Breton.

«Nunca podrás conseguir una taza de té lo suficientemente grande o un libro lo suficientemente largo para mis necesidades», CS Lewis.

“En nourrissant l’illusion d’habiter d’autres corps, le temps d’une lecture, la littérature autorise le déploiement d’un type d’intelligence différente”, N. Mathieu.

“Une vie sans lecture est une vie que l’on ne quitte jamais, une vie entassée, étouffée de tout ce qu’elle retient”, C. Bobin.

“Toda palabra que se dice convoca a su contraria”, Goethe.

Diario del zalapastrán 111

El empedrado del siglo: tragaperras, agreste cemento, televisores, redes sociales, lastimeras bocas farfullando, visires execrables detentando el poder, detestables subterráneos, aire compungido de los hipócritas, arrodilladas muchedumbres, pereza de la mente, el mildiu de las rosas…

Quién sabe si el hálito del hombre sube arriba y el de las bestias baja abajo; acaso sea al revés. Los tramperos somos nosotros.

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Me infecta la melancolía, mezcla a su vez de “suave mari magno” y de “memento quia pulvis”. Todos los hombres son mortales. Sócrates es hombre. La enfermedad -o el pasar del tiempo- nos devora el rostro, roe las mejillas (como una luna menguante), cambia un rostro agradable y juvenil, volviéndolo tumefacto y enrojecido. Nos suprime los segmentos de belleza, aja las capas forradas de seda, aflige pómulos, nos fatiga y sobrecoge de miedo. Nos hace algo así como alcanforados, contingentes y putrescentes.

Un verso de las “Geórgicas” de Virgilio (70 a. C.- 19 a. C.), muy conocido. Dice:

«Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus»

(Pero huye entre tanto, huye irreparablemente el tiempo)

El tiempo, ay, ya todo se comprende…

Diario del zalapastrán 110

Montesquiou, alto, gran esteta y sibarita, sortija de algodón, peletería con música de piano, empuñando siempre un bastón, de modales ceremoniosos y trajes con las telas más exquisitas a juego con los guantes color marfil, compró en 1908 el Palais Rose de Le Vésinet, a las afueras de París.

El lenguaje, sonando como una marimba, con su libertina dimensión estética, o es otro Palais Rose o no es.

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En las cartas que Marcel Proust dirigió a Philipp Sassoon, o a M. Walter Berry, pone siempre el acento en el bienestar que experimenta en el Ritz, al sentirse rodeado de cuidados y de aquella cortesía que le era tan necesaria y sin la cual se diría que le faltaba aire para respirar: tan susceptible a las corrientes de aire como a la vulgaridad y la grosería.

En el Ritz y Proust, junto al lenguaje -del sonajero al hisopo-, hallamos lo único por lo que vale la pena vivir.

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Según Galeno, el filósofo estoico Crisipo sostenía que:

“La belleza humana reside no en la simetría de elementos sino en la de las partes, esto es, de dedo con dedo, y de estos colectivamente con la mano y la muñeca, y de todos ellos con el antebrazo y el brazo, y de todos estos con todo lo demás, como se describe en el Canon de Policleto. Pues, tras enseñarnos en ese tratado todas las simetrías del cuerpo, Policleto confirmó su argumento con una obra: hizo una estatua de acuerdo con los principios de su argumento, y llamó a la estatua misma, como al tratado, el Canon. Que la belleza del cuerpo reside en la simetría de sus partes, está de acuerdo con los puntos de vista de todos los médicos y filósofos”.

El Hortus Botanicus Amsterdam es uno de los más antiguos jardines botánicos del mundo. Fundado en 1638 por el consistorio de la ciudad para que sirviera como jardín de hierbas para los remedios de médicos y boticarios, contiene más de seis mil árboles y plantas tropicales e indígenas.

El idioma se taracea de aromas, simetrías y olores canónicos de jardín botánico, y acorrala la pestilencia deforme.

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“Porque Zeus puso a los mortales en el camino del saber, cuando estableció con fuerza de ley que se adquiera la sabiduría con la belleza y el lenguaje”, Esquilo, “Agamenón”

El lenguaje procura la forma e impulso de ese yate atravesando el mar de los Sargazos.

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“Un dandi es una persona que utiliza el vestido como una manera de disidencia, es decir, se viste bien, con prendas buenas, pero nunca como los demás. Introduce elementos transgresores en su forma de vestir: Lord Byron vestido de turco; ningún inglés de inicios del siglo XIX vestía de ese modo. El dandismo es ponerse prendas que puedan llamar la atención, dentro de un aire de elegancia, pero que a la vez destaquen”, L. A. de Villena

Bien vistamos y engalanemos al lenguaje, con un punto de extravagancia. Evitemos las palabras y frases degradadas y marchitas, torcidas y envejecidas por la bestia del uso común, los islotes turísticos abarrotados. La estética lingüística se aleja poco de quitar familiaridad a las masas verbales.

Diario del zalapastrán 109

Mamá estuvo en la tierra conmigo durante más de cincuenta años ¿Cómo salir de la solitaria cápsula mental de no lograr olvidarla? Recuerdo su rostro contenido, concentrado, pulcro, bello, con su alma divina envuelta en un traje sastre. El tiempo, el paso del tiempo…Bebo un vaso de agua tónica. Empieza el frío.

El genio de nuestra época es el periodismo, cosas diarias que al día siguiente se saldan. Mi madre vive en un sueño eterno larguísimo y no fungible. La echo de menos. No hay día que no piense en ella. En mi humilde palacio payés gallego, desabastecido y arisco, puebla todos los rincones. Cuando nieve, sentiré más su frescura en mis manos.

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Tengo leído y subrayado, algo estudiado, el libro “Leyes políticas del Estado”, editado por Enoch Alberti y Markus González, trigésimo quinta edición, 2017, Aranzadi.

Un monumento a nuestro sistema legal.

El desapego a la ley ha nacido en el seno del Estado de derecho; una actitud de desprecio y desdén al orden legislativo. Ese desapego es como un desplome o corrosivo de la misma esencia de la civilización. Parece una moda burlar leyes, reglamentos y disposiciones, y, si se acatan, es por temor y no por convicción. Para que una democracia funcione a cabalidad debe haber cierta concordia entre el imperativo moral y el legal. Eso ya pertenece a tiempos muy remotos.

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Escribió en un artículo de “El Mundo” Luis Antonio de Villena:

“Algunos pedirían saber de entrada qué es lo que distingue a la llamada “alta cultura” de la otra o popular, a su vez con muchas modalidades. Tratemos de empezar fácil: “Alta cultura” es la cultura que procede de unas Universidades buenas o que tiene un nivel parigual. “Alta cultura” es la de la persona que tiene estudios superiores y sabe que no se puede dejar de aprender, y busca aumentar sus conocimientos y su inteligencia porque entiende asimismo que la cultura es un trabajo, pero, a la par, un placer. La mayoría cree, en este momento, que la “alta cultura” está tocada de muerte. Conste, que al hablar de libros no hablo de su soporte (papel o electrónico) sino del hecho mismo de leer, y de buscar intelecto y calidad, porque no existe otro modo de avance…”

Qué sugestiva expresión: “la alta cultura busca intelecto y calidad, es un modo de avance”. Para mí cultura es el más alto modo de vida cruzado por la creatividad en busca de la perfección y la libertad. Un mapa -se diseña, se avanza en el dibujo del mapa con tranquilidad y reflexión- para orientarnos con una serie de ideas extraídas de la larga conversación ilustrada de la historia (ideas religiosas, filosóficas, literarias y pictóricas, científicas) Una segunda piel que te enfrenta y confronta con aquello inevitable y hondamente humano. Y no, para mí la cultura no debiera tener el mero sentido de pasatiempo, o bien la actual definición antropológica, como suma del derecho, las creencias, los mitos, los hábitos, o lo aprendido -trivial o excelente. Porque entonces no hay cultos ni incultos, porque todos tenemos un tipo u otro de cultura (en el sentido etnográfico estipulado)

Diario del zalapastrán 108

Contra «King Lear» echó espumarajos León Tolstoi. En sus numeradas anotaciones personales, luego recogidas en «Culture and Value», Ludwig Wittgenstein acusó al autor de «Cuento de invierno» de una monstruosa concentración quasi solipsista en sí mismo (decía que «la gente no habla así», en oposición a la flamante exuberancia shakesperiana) Dijo Eliot: “Pocos críticos han admitido incluso que Hamlet no es una obra maestra, y que el propio Hamlet solo es un personaje secundario”, para añadir: “La obra es en efecto un fracaso artístico”. René Girard opinaba que el genio shakesperiano brillaba con más naturalidad en la comedia que en la tragedia.

La desmesurada imaginación verbal del bardo inglés recibe y recibirá sapos y anatemas. En esta nota solo puse ejemplos a modo telegráfico.

Frente a pellejos de hideputas muertos, frente a eruditos mangurrianes, frente a los que gozan leyendo a Coelho o a Susana Tamaro, frente a los (esqueletos que habitan el olvido) Frank Yerby, Erich Segal o Richard Bach, estamos los que no perdemos el juicio, y sabemos que cobrarlo importa.

Diario del zalapastrán 107

Me llamo Christian Sanz Gómez Leví Carballo, con sangre catalana, navarra, gallega y sefardí. Porfié en el difícil arte de componer libros, casi con el mismo amor que el quesero artesanal, pero con los inevitables agobios ante mis anchísimas limitaciones. Mis libros, hijos del entendimiento y de Caos, deseo causen esparcimiento entre las rutinas embrutecidas de nuestras vidas, y que enciendan, quiéralo Zeus, alguna lamparita en el cerebro del lector. Pero más que hermosos y gallardos, son contrahechos y calvorotas, pues, no pudiendo contravenir a la naturaleza, cada cosa engendra a su semejante.

Viví de día, al alba me despierto, pero en mis ojos nunca dejó de hospedarse el húmedo resplandor del bosque por la Luna iluminado, y, a mi lado, en la cama, no me abandonan venerables y graves espectros. Lo real y lo irreal son como letras de una misma palabra.

Soy peludo, cejijunto, de ojos a veces color avellana, y otras de color tarrito acanelado de botica vieja. Feo, mas no resultón. Labios de boca “petonera”, que fecundan flecos rojos de saliva. Un habla de niño. Hablar pastoso en que no pronuncio algunos fonemas o bien me como otros grupos de fonemas. De huesos grandes. Ni alto ni bajo. Contento si puedo leer. Capaz de oler lavanda en el pelo retratado de algunos cuadros. Aunque dicen que es falso, juraría que paseé por los pasillos del Kremlin y del Museo del Hermitage. Levemente sinestésico con las palabras. La palabra “pay pay” cruje con un rugoso crix crit y tiene sabor de kikirikí concupiscente. Pay pay es igual a un fluido organdí por las venas.

Mi vida termina. Así que hablo con mi pequeña alma, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, como a una amiga efímera. Pronto descenderá a parajes lívidos, rígidos y desnudos, donde deberá renunciar (“Collige, virgo, rosas”) a los placeres de antaño. Se esfumarán las riberas familiares, como desapareció de mi memoria la voz de mi padre. Todo son límites: la última calle que pisaré, la última sombra del árbol que ya no me cobijará más, el objeto por siempre vedado a mi tacto. Trataré de entrar en la muerte sereno y con los ojos bien abiertos. Vivir fue maravilloso.

Diario del zalapastrán 106

SOLITUD

M’amago sota la catifa.
Em travessa un cruixit com de
botes de plom. Odio la cara
riallera de les noies.
Un estudiant brillant amb un
munt d’amics no ets tu.
Nadal: dues dècades sopant
solitari davant del televisor.

***

AL TIK TOK

El nus d´un llavi, descurat.
Una esquerpa juvenàlia.
Prop de l´engonal el tatuatge.
Bikini retruny de tempestuositat.
Tinc calent el desig com granotes.
Delit i bany: les dones ballen.
Que mai t´apaguis. No salpes mai.