Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Leemos en el último volumen de memorias de Carlos Barral:
“No sabría explicar cómo empezó ese fenómeno, ese descaro de la profesionalidad entre la gente de letras que se fue contagiando a los letraheridos. De pronto todas las conversaciones derivaban a asuntos relacionados con el éxito y el dinero. Sin ningún pudor por parte de los practicantes y de los aspirantes, la literatura era una cuestión de mercado y se hablaba de ella en los términos que hasta entonces habían sido privativos de la infraliteratura y la escritura para el consumo. Por fin los escritores eran productores, pero en el peor sentido de la palabra. Ya dijo Quintiliano que cuando la palabra comenzó a ser lucrativa y se comenzó a abusar de los dones de la elocuencia, ésta fue presa de los mediocres. “Infirmorum ingeniis velut praedae fuit”.
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Entre los escritores los juicios versan de parné y ventas, no de estética. A todos les gustaría ser una nueva Corín Tellado o un remozado Vázquez Figueroa. Buscan triunfar, y sinecuras y fama, no escribir midiéndose con Tácito y Montaigne. La posteridad y rotundidad de sus obras les importa poco; quieren comprarse un chalet con piscina.
Estos escritores ejecutivos del mercado hacen jogging, lucen moreno todo el año y dentadura inmaculada, visten trajes a rayas y corbatas “llampants”. Hablan de ligues y juegan al pádel en clubes del extrarradio. Para ellos los libros son una mercancía absolutamente fungible. Las palabras, contantes y sonantes, se gozan como sumideros de dinero. La belleza es el territorio de la acronía. No les importa que la historia los termine engullendo onerosamente: “¡Que me quiten lo bailao!” No escriben con la cabeza y el corazón el libro que quieren escribir, escriben con el talonario. Ven poco decoro en una larga y silenciosa vida de trabajo. Les chifla lo audiovisual y su natural envanecimiento les reconforta. Son los triunfadores. El presente y el futuro de la literatura.
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Decía Feijóo: «Más oportuno es, para ganar créditos, delirar con valentía que discurrir con perplejidad; porque la estimación que se debía a discretas dudas se ha hecho tributo de temerarias resoluciones».
Chesterton asimismo afirma: «Un hombre no sabe que está diciendo hasta que sabe qué no está diciendo».
Así que la estrategia de esta nota será decir clara y perspicazmente QUÉ NO ES filosofía para, indirectamente, inquirir QUÉ ES filosofía; discurramos con valentía, seamos diligentes a la vez que próvidos. Conmovamos, deleitemos y persuadamos.
(i) La filosofía no es la cansina y abnegada propaganda (la tarambana propaganda) de una ideología política.
(ii) Tampoco la farragosa y árida propagación de un credo o dogma religioso, el esportizo por donde cae su ortodoxia.
(iii) Tampoco es una histérica y empalagosa metafísica recalcitrante e ininteligible, la micrografía de cómputos de terrorismo conceptual y diarrea verbal
(iv) Ni un vaporoso poema del universo o cosmovisión de gurú basada en particulares experiencias inefables, de intuiciones con contratos mercantiles de condiciones y cláusulas secretas y no compartibles
(v) Ni la exploración de estados de imperturbabilidad de conciencia o similares, de resbaladizos umbrales por noches sagradas y esótericas del filósofo (o supuesto filósofo)
(vi) Ni un complanar experiencias o ideas cuya convicción íntima de certeza sustituye las pruebas por la emoción, es decir, la narración no susceptible de debate crítico de las verdades o evidencias de un yo
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Un buen filósofo es un filósofo con buenos argumentos, pues la filosofía es un campo en general remoto a las corroboraciones empíricas. Un buen filósofo buca la argumentación explícita, persuade con la claridad, usa la lógica y no hace ascos a la mejor información de la que disponemos, a saber, la información científica. Un filósofo bueno no cae en la trampa de la seducción o embrujamiento del lenguaje, no se rinde a sus malabarismos, calambures, artificios, tretas y añagazas. Su cabeza no huye a paraísos verbales de brevaje misticoide, sino hacia la conjetura razonable y meditada a lo largo y a lo ancho, con no poca sabiduría, y, por ello, por supuesto, con no poca audacia. Un buen filósofo es dispendioso en inteligencia, y parco -nulo- en melopeas verborreicas. Un buen filósofo es una delicia fluxible. Y con discurso no profético, sino empírico y exacto.
La investigación filosófica se convirtió, para Carnap, en una especie de “ingeniería conceptual”. Como colofón, digamos que no me parece ese ningún mal programa, si no de final, al menos sí que de inicio.
Sánchez parece ya indiscernible de un árade agazapado en las grietas.
En el “Diccionario nacional o gran diccionario de la lengua española” de Ramón Joaquín Domínguez, publicado en Madrid, 1849, figura la entrada araditos, y dice: “Araditos. Familia de geocorizos hemípteros”.
Su clasificación taxonómica es: Orden. Hemíptera. Familia. Aradidae. Especie. Aradus depressus depressus. Se trata de una de las especies más comunes del género Aradus, con una gran distribución. Se les conoce comúnmente como CHINCHES PLANOS.
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Así definía Covarrubias el concepto de «bernardina» y explicaba su procedencia en “Tesoro de la Lengua Castellana o Española”, Madrid, 1611:
“Bernardinas son unas razones que ni atan, ni desatan, y no significando nada, pretende el que las dize, con su dissimulación, engañar a los que están oyendo. Pienso tuvo su origen en algún mentecapto llamado Bernardino, que razonando dezía muchas cosas sin que una se atase con otra”.
Bernardina y sanchina, mismo sentido y misma referencia.
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«Rolf Hochhuth, calificó de «horrendo jurista» al ministro presidente de Baden-Würtemberg y antiguo juez del ejército en razón de algunas sentencias por él dictadas en tiempos de guerra y de posguerra. En las subsiguientes explicaciones públicas y ante tribunales -Filbinger introdujo la acusación, Hochhutt fue absuelto y el ministro presidente tuvo que renunciar a su alto cargo- se hizo notar la declaración asombrosa e increíble de Filbinger de que hoy no puede ser antijurídico lo que antes fue jurídico. Esa frase del fanatismo, la perseverancia en la legitimación de la justicia inhumana del Tercer Reich puso en evidencia todo el aspecto horroroso de aquellos juristas y de muchos colegas de profesión de su generación, ya que el Juez de la Marina Filbinger no era un caso aislado. En1927 el jurista Kurt Tucholsky, en el periódico Weltbühne ya había substanciado a la justicia con «la casta en la que reclutaba la judicatura alemana» añadiendo que «no representa a la Alemania que desde algo de Goethe, pasando por Beethoven y llegando hasta Hauptmann contiene esos elementos que nos hacen amar la tierra» Quien en ello esté de acuerdo, a lo mejor sostiene y cree que «terribles juristas» es una tautología, que la justicia inevitablemente debe ser algo terrible, debería tener claro que la palabra «justicia» de ningún modo debe tener el sonido de un latigazo, que ella también fue para los alemanes sinónimo de derecho y juridicidad y dio tiempo para que en aquella gran parte de la judicatura se procurara desprenderse de ese alegato», Ingo Müller, Furchrtbare Juristen.
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La primera oportunidad que tuvieron los tribunales de justicia de expresar su simpatía hacia el recién fundado partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) fue en el juicio seguido a Hitler y otros ocho nazis después del fallido «golpe de la cervecería» del 8 y 9 de noviembre de 1923.
La sentencia fue muy benigna. La defensa numantina a Sánchez y el papelón realmente alucinante de nuestro gobierno y ministro de Justicia nos permite poder inferir peliagudos y tristísimos paralelismos.
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» Todavía quedan jueces honestos en Berlín». El viejo adagio se atribuye, entre la historia y la leyenda, a Federico II el Grande de Prusia, en referencia al episodio protagonizado junto a un humilde molinero bajo el absolutismo de pleno siglo XVIII. Sucedió que el monarca, desde el recién inaugurado Palacio de Sanssouci en Postdam, ordenó derribar un viejo y ruidoso molino ubicado en los aledaños de su flamante residencia. Sin embargo, el propietario, lejos de rendirse, recurrió a los tribunales de Berlín donde acabó derrotando al poderoso, y cuenta la leyenda que el Rey, o el molinero, quien sabe, pronunció la famosa frase. Sea como fuere, la moraleja se refiere al control judicial sobre el poder a través de la tutela judicial efectiva que sirve de garante de los derechos del débil frente al poderoso.
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El gobierno es un páramo decadente que vive en un no-tiempo, suspendido, inerte, donde todos dependen de Pedro Sánchez para ser, alienados, ya que sus movimientos y destinos giran en torno al cacique.
La historia de Sánchez es indistinta a la de Fouché: un traidor nato, reptil en estado puro, intrigante y amoral, camaleón de ideas, sedicioso tahúr, corrupto irremplazable, traidor imperturbable y todopoderoso. «Cuántas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo»,
Hamlet, Acto III, escena 1, 49-51.
La decadencia solo genera decadencia. Sánchez falsifica el sufragio y corrompe el sistema, abusa de su posición, de su poder, de los resortes de su autoridad. La mediocridad solo genera mediocridad.
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«Ellos a todo se atrevieron, pero vosotros lo permitisteis todo:
cuanto más vil es el opresor, tanto más infame es el esclavo».
Jean-François de La Harpe (1739-1803), tras su desengaño con los revolucionarios franceses. Plenamente actual.
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Los medios de comunicación se convirtieron en hipnosis de masas y propaganda organizada. Cómo deseo leer a Dante en lugar de a esos pordioseros de la verdad.
Cuando este libro ya estaba acabado, murió mi madre.
Abrigo sentimientos de desagrado contra mí mismo, sin casi poder atender a otra cosa que mi pena. Me veo impedido para seguir con mis trabajos intelectuales. Esto lo debería sufrir con entereza, pero no puedo, mi horizonte se me ha cerrado. Ovidio señala que los versos salen siempre de un alma serena. No sé.
Sin añadidos, tachaduras, correcciones o borrones, sin tiempo para que reposen y poder pasarlos a limpio, adjunto unos poemas dedicados a ella. Mi madre fue el centro y sentido de mi vida. Su amor, su compañía, su tiempo han muerto: pero, sustancialmente, no se embarcó, su alma quedó en puerto.
Cual de si la cabecera de su lecho me oyese, le relato esa vida que atesoramos. Charlo sin sentido con una imagen de aire: flotan vagos, vagos recuerdos, nada sino recuerdos. Pronto (nos dicen) llegará la nieve y Antioquía la espera en cada esquina.
Se puede seguir el consejo de Villaespesa: «Vive la vida mísera y goza la gloria póstuma«. Mi vida con mamá fue sencillamente memorable y celestial. Nada me importa, pues, mi gloria mísera. Ningún ser cae en la nada. No hay punto y final. Ella vive cerca del mar, entre plumones de ave. Lamento el desaliño estético de los poemas. Merecía los mejores.
A MAMÁ, IN MEMORIAM (1943-2024)
Detrás de la cortina del Capitán Trueno
con dibujos vela el Tiempo.
Te has ido al país de jade, mamá,
donde rompe la alborada,
y se duerme la estación del bosque.
Te fuiste al país de las hierbas fragantes,
a la gran llanura de la pampa de las estrellas
con papá y José. Se cubren de flores la tierra.
Fuiste agua limpia en torno a nuestros corazones;
seguirás viviendo en ellos y en la memoria
del Universo. Hola mamá, reina del bosque,
niñita con trenzas rubias, luz de fresa y nata.
Todo es ahora. Zarpa tranquila al horizonte.
CARMINA INVENIENT ITER
Hoy soñé contigo. Estábamos en la galería
cálida y, debajo de casa, corría un río.
Un río tintineante entre el nacimiento
y la muerte. La boca del oráculo no era
un tonel de silencio, sino que invocaba
pájaros de verano, púrpuras vivas,
sombras pensadas para lucir en la loca
alma de la historia, fuegos y un viento antiguo.
De repente me decías: “Se pueden llevar las
pulseras de oro a cualquier hora, pero sin exageración.
El papel de carta, para las cartas particulares,
deberá ser de color blanco o de algún tono
pastel claro: beige, gris, azul pálido, crema”.
Mamá, te envío desde el planeta Tierra
un beso ultra-secreto que cruzará el párpado
de los milenios. Virgilio, Égloga II: “Me tamen
urit amor”. Desde luego que ya no enmoheceré.
GABBIANI
Desprecio la calma marina o reposo
en la vía de una solución romana.
Si me atraviesan, gaviota herida, las espinas
de un destino demoníaco, no debo estropear
las fuerzas del espíritu. No debo trabucarme
al sentir tanta soledad en el prado populoso.
Encadenarme al aire de tu dulcísimo amor,
recordar y notar el sabor compasivo y noble
del achicharrarse de la niebla. ¿Por qué
no consumir la vida en un cementerio de recuerdos,
entregado desmesuradamente a la lectura
y la escritura, a la meditación, a viajar poco o nada,
y refugiarme en la soledad laboriosa? ¿Por qué
no residir en un Versalles o una Venecia mental,
en una calle de Roma en mitad de la aldea,
en el bosque de Fontainebleau? Vivir con traje
de titán herido, pero con los ojos abiertos.
Sí, es una especie de irreligiosidad maquillarse
con la solución senequista. Recuerda a Cardarelli:
“Come la tragedia è l´arte di mascherarsi”.
Desaliento, arrepentimiento, reproches. ¿Por qué no fui mejor hijo, más feliz? Mi ojo otea un sendero tenebroso, mi amor se agita en las turbinas de la noche. Perdona mamá por no creer en las cosas, por el efímero placer que me mueve. Tú eras bálsamo, fármaco fiel. Todo.
Me siento desvalido, ventana opaca a la luz. Desearía un dañoso y dulce invierno que, con su mano melancólica, verificara mi muerte. Desearía un selvático invierno que me condujera al bronce de luz gótica donde estás. Te quiero. Fuiste mi silabeo, mi aire, mis pulmones. Adiós, mamá. Te querré siempre, y todavía después.
Ante la marabunta vociferante y el desarreglo de la razón de los españoles por la victoria ante Francia, ante el encumbramiento de analfabetos futbolistas, les recuerdo a Eurípides:
«De todos los males que sufre Grecia, no hay ninguno más funesto que la tribu de los atletas. Para empezar, no han aprendido a administrar su casa según las normas. No sabrían cómo hacerlo […]Brillantes en su juventud e ídolos de su ciudad, de ello se envanecen; pero cuando cae sobre ellos la amarga vejez, se consumen como un trasto. Critico igualmente la costumbre de los griegos que organizan para ellos fiestecillas y convierten en honorables una serie de diversiones inútiles. ¿Quién, por haber ganado un torneo, por correr muy deprisa, o lanzar el disco, o golpear con fuerza una mandíbula, ha servido a la ciudad y a sus antepasados? ¿Acaso combatieron al enemigo con el disco en la mano? ¿Espantaron del suelo de la patria a los enemigos tan solo con sus puños? Son los sabios y la gente de bien a la que debemos coronar con una corona de oliva, y también al que gobierne la ciudad con racionalidad y justeza, y a aquellos que, con su elocuencia, eviten empresas desastrosas. Ellos sí son los buenos para la ciudad y para los griegos»
Eurípides, Tragédies, vol. VIII, París, Les Belles Lettres, 2002
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Con la invención de la bombilla, Edison hizo posible que se trabajara de noche. La profecía de Blake en «Los cuatro Zoas» se convirtió en realidad, la bombilla tomaba el mando:
«para desconcertar a la juventud en sus salidas, y para dejar
atadas las tareas
del día y la noche a las miríadas de la Eternidad, y que así
pudieran limar
y pulir el bronce y el hierro, horas y horas de trabajo laborioso…»
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Henry James escribió de Emerson: «Tenemos la impresión de una conciencia que jadea en el vacío, suspirando por sensaciones, con algo de los movimientos de las agallas de un pez recién sacado del agua».
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Marx incluyó en «El capital» un largo y violento pasaje en el que acusa a la usura que recogió de una de las diatribas antisemitas de Lutero.
(Figura como nota en Capital, vol. I., II, VII Capítulo 22.)
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«El estilo de los escritos de Marx no es el de un investigador…no cita ejemplos ni presenta hechos que contradigan su propia teoría, sino solo aquellos que indiscutiblemente dan fundamento o confirman lo que él considera la verdad última. El enfoque es, en su totalidad, el de una justificación, no de una investigación, pero es la justificación de algo presentado como la verdad indiscutible, con la convicción no ya de un científico sino de un creyente» Karl Jaspers, «Marx und Freud», Der Monat, XXVI (1950)
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A veces creo que la cadena SER, con su clima de opinión, son los líderes espirituales de los «enragés», de los que están -o creen estar- «branché». Si se me permite la osadía, evocaría las palabras de una amiga de Rousseau: «abandona la política ¡e studia la mathematica!».
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Yo, en mis libros, a veces también por aquí, deliberadamente evito el argumento templado o el mero argumento. Me gusta epatar con opiniones contundentes. Pero la vida pública no es literatura. Al señor Nacho Cano le recordaría La Rochefoucauld (máxima que, de paso, debiera aplicarme a mí mismo): «Las pasiones más vehementes de vez en cuando nos conceden una tregua, pero la vanidad siempre nos agita». La vanidad o la insensatez.
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(Entrevista a Borges)
-¿Cuáles son sus defectos?
-Creo que una vanidad desmedida
-No parece ser vanidoso
-Sí, lo soy con cierta astucia
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Amigos, escritores y demás. GRACIAS. Citaré la Sagrada Escritura según la traducción castellana de la edición elaborada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra: Sagrada Biblia (5 vols.), EUNSA, Pamplona, 1997-2002.
“Cuando me encontraba tus palabras,
las devoraba”. (Jr 15, 16)
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«Hemos pasado de la estupidez de que toda opinión es respetable a que cualquiera pueda indignarse por una opinión. Igual que el crimen organizado es más peligroso que el crimen, la estupidez organizada lo es. Estamos viviendo una era de la tontificación de la sociedad, donde las opiniones de bar se amplifican al escaparate mundial», Javier Marías.
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Ayer mismo leía que el mar es símbolo de, ante todo, misterio. Antonio Machado escribiría eso de «El mar ensaya olas y espumas por ti». Yo me quedo con esa canción de Héroes del Silencio que decía «Y nadar mar adentro…y no querer salir…»
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Cuando Biedma intentó explicar su pasión por la poesía en su juventud escribió que era como «Una fe ciega en que la poesía, un poeta cualquiera, iba un día a decirme algo importante, definitivo» . Boileau diría, en cambio: «El poder de una palabra puesta en su sitio».
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Del diario de Cesare Pavese
«Enamorarse es un hecho personal que no evita la soledad personal de cada uno, fría e inmóvil. El amor es una fantasía, la soledad es la única verdad».
«Sufrir es una tontería (no sirve para nada)»
«Si joder no fuese la cosa más importante de la vida, el Génesis no comenzaría por allí»
«Solo existe un vicio: el deseo, o sea la ambición».
«El problema fundamental es que yo vivo de pensamientos y la gente, el mundo, de realidades.»
«Al manifestar tus sentimientos los conviertes en absolutos».
«La voluntad del adulto está condicionada por las cien mil decisiones que fue tomando el niño en estado de irresponsabilidad».
«El sentimentalismo consiste en darle a las cosas o personas mayor valor del que tienen».
«La vida es dolor y el amor solo un anestésico».
«La superioridad de la mujer consiste en que si mañana quiere follar follará; en el hombre eso es más dudoso».
«La historia consiste en inventar explicaciones razonables para las locuras que se cometen».
«Ahora ya viejo vivo como los más despreciables personajes que me indignaron de joven».
«Para despreciar el dinero hay que tenerlo, y mucho»
«Ser moderno significa ser sensato».
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«El mezquino se consume en el aborrecimiento a los mejores», Carlos Marín-Blázquez.
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ESCRITO EN MANRESA, MIENTRAS ESCRUTO LIBIDINOSAMENTE A UNA PÚBER
Acepto los rigores del destino,
serenamente devolveré a la naturaleza,
en el instante de mi muerte,
todo lo que legítimamente le pertenece.
Afronto el fin impasible y gozoso.
Mucho me dio la vida: mi legado,
un ansioso refugio en la Belleza,
días veraniegos de arenas sexuales,
el zafiro exprimido del deseo,
mi biblioteca de caoba dentro de la mente.
Es hora de partir a la galaxia de vacío, frío y nada.
Vida y muerte, muy similar tono de voz;
yo noté la inmensa diferencia.
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Umbral calificó a la plebe como «la mayoría mansa y bienoliente».
despreciando los epígrafes con ratas de su tiempo.
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A veces tuve ínfulas megalómanas sobre el valor de mis libros. Solo son tebeos para intelectuales. No sé hacer otra cosa.
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Trump tuvo una epifanía. Se compró una casa en Sallent de Gállego, dejó las BigMac por gallinejas con gachas y asaduras con calabacín, descree de Llados y empieza a leer a Millás y se quiere enclaustrar en un monasterio trapense.
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«Todo este lugar es muy oscuro, pero la oscuridad es producida por nuestra ignorancia de los hechos a los que se hace referencia y a su cesación, siendo que como tales solían ocurrir, pero ahora ya no tienen lugar. ¿y por qué no ocurren ahora? Porque, mirad ahora, la causa de la oscuridad también ha producido en nosotros otra pregunta: esto es, ¿por qué ocurrieron entonces, y ahora no lo hacen más?… Bien, ¿qué fue lo que pasó entonces?», Juan Crisóstomo, Homilía sobre las Epístolas de Pablo a los Corintios, Homilía 19.1.
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Ser libre mediante el conocimiento (no hay otra forma), es esa capacidad de eliminar gota a gota al esclavo que a todos nos cuesta eliminar.
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Le debemos al lenguaje una veneración continua y una auscultación permanente, y al lenguaje de los gobernantes el deber de desactivar su uso artero y pervertido. El lenguaje piensa por nosotros, y si todavía se apodera más de nosotros, acaba actuando por nosotros.
Advierto que el lenguaje público o político se ha ido formando a partir de elementos venenosos, se ha hecho portador de elementos tóxicos, envilecidos. Nos tragamos sus palabras (por tanto, las ideas que implican, por tanto, las leyes derivadas de esas ideas) como si fuesen pequeños frascos de arsénico. Si a la libertad le llamamos bulo, se creerá finalmente que alguien libre es alguien necesariamente mentiroso, si llamamos al fanático héroe, se creerá que sin fanatismo no se puede ser un héroe.
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Las palabras se prestan mansamente a ser mancilladas, torcidas y manipuladas. No hay más que recordar a Lewis Carroll (capítulo VI de “Alicia a través del espejo”, donde se enfrentan Humpty Dumpty y Alicia):
“-Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso-, quiere decir lo que yo quiero que diga, ni más ni menos.
-La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
-La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo”.
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Euforia en este país de todos los demonios por la victoria internacional de algunos analfabetos.
¿Ha hecho algo España en el mundo, como no sea quemar herejes y perseguir eminencias científicas, destruir civilizaciones y dejar por doquier huella sangrienta de su paso?
¿Han hecho algo los españoles, aparte de ser especialistas en ignorar, el solaz en puterío tabernario y ser súbditos de reyes genopáticos?
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«Alios ego Vidi ventos, alias prospexi animo procellas», Cicerón.
«He visto otros vientos; he afrontado otras tempestades»
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«Quo magis in dubiis hominem spectare periclis
convenit adversisque in rebus noscere qui sit;
nam verae voces tum demum pectore ab imo
eliciuntur [et] eripitur persona manet res»
Lucrecio, De rerum natura, III.55
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Cucurella es el pelo que Cucurella fía
y Alcaraz el tenis que a todos apetece
Cucurella es la Roja que se ofrece
Alcaraz el gustirrinín y la alegría.
Cucurella es la raza de macha hombría
Alcaraz una nena creída a quien parece
que Nadal es chocho, y del fútbol no cree
como yo, que nada saca el alma mía.
Por victorias no se pierde el chollo,
por la patria to Dios de buen rollo
por el honor de la Federación no dudas.
Quede pues en secreto, privado foro,
mi idea de que perder no es desdoro.
Hijo de mil putas, condénete Lama y Judas.
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VIAJERO QUE VAS A ANTIOQUÍA
“[…] todavía suena en muchas gentes el nombre de Antioquía como una palabra de terror. Al contrario, la experiencia demuestra que este nombre produce un efecto eléctrico en cuantos han vivido en Antioquía y evoca en ellos agradables recuerdos”, Hellwald, F. de., La tierra y el hombre.
“Sobre la verde llanura cabalga un jinete salvaje con el cabello al viento. ¿Hacia dónde cabalga? A ningún sitio ¿Por qué? Por nada. Cabalga simplemente porque es un griego, porque se ha hecho uno con su caballo, porque es un centauro, y porque la libertad, la soledad, su caballo, son lo más querido para él”, Renfrew, Alex., El futuro es fúngico
“Esa muchacha soñó Antioquía con los siguientes rasgos de época: triunfo, fuerza, monumentalidad, poderío, seriedad, robustez, invencibilidad. Y se sintió orgullosa de imaginar algo distinto a una aldehuela, pueblo o arrabal. Al instante que la noche calienta la tierra con su sombra, satisfecha, dormía”, Höllmann, Th. O., The search for Persephone
“Los ríos se escapan de sus escarpadas orillas / tiemblan los bosques frondosos / con los frutos los lotófagos hacen vino / embarcan las naves”, Tibulo
“[…] y rosas y lirios y flores y violetas, hierbas y plantas olorosas de todas clases, árboles de varia belleza, frescos ríos. Los antioqueses promueven en gritos de alegría. Casas de madera tallada, amarillas, verdes, rosas […] ¡Antioquía! ¡Antioquía! gritan nuestros soldados al tiempo que baten palmas”, Fisk, Robert, The Great War of Civilisation
“No había lugar para la avaricia porque compartir era sinónimo de sobrevivir. La lujuria hubiera sido incómodo parásito. La ira era tan fugaz que cedía pronto paso a la acomodación y la risa. La gula era imposible ante la escasa pitanza, que apenas calmaba el hambre durante unas horas. La envidia nos fue ajena, porque nada teníamos sino la amistad. Y la pereza hubiera sido mortal, ante un camino sin retorno posible”, Font i Quer, Pius, Brins de la meva vida.
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Dejemos de hablar de mí. ¿Qué os pareció mi libro?
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«Ignorance is king. Many would not profit by his abdication. Many enrich themselves by means of his dark monarchy. They are his Court, and in his name they defraud and govern, enrich themselves and perpetuate their power. Even literacy they fear, for the written word is another channel of communication that might cause their enemies to become united. Their weapons are keen-honed, and they use them with skill. They will press the battle upon the world when their interests are threatened, and the violence which follows will last until the structure of society as it now exists is leveled to rubble, and a new society emerges. I am sorry. But that is how I see it”, Walter M. Miller Jr., A Canticle for Leibowitz.
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«Existen libros que hacen surgir en nosotros el deseo de una felicidad en el futuro, alivian las molestias del estado de exilio que ahora vivimos, nos alejan de los vicios, nos dan fuerza en las adversidades y transforman en algo fructuoso nuestro tiempo», J. Trithemius.
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Hazlitt: «Deseo hacer de este ensayo una especie de estudio del significado de varias palabras que en diferentes momentos me descorcentaron. Entre ellas hay palabras perversas, otras falsas o bien verdaderas, y palabras aplicadas al sentimiento; por último, el deseo unificador: profundidad y superficialidad. Acaso le divierta al lector ver la forma en que elaboré algunas de mis conclusiones ahogado bajo tierra, antes de arrojarlas a la superficie».
Así deseo mi prosa y verso, mis libros. No me acerco ni en sueños.
Se acaba aquí el tercer volumen de mi trilogía, y estas son las últimas palabras que doy a la imprenta. El Agua brota espontáneamente, el Cielo es por sí mismo alto, la Tierra es por sí misma espesa, el Sol y la Luna son por sí mismas luminosas. Pero una composición escrita no del todo indigna precisa buril y pulimento, tiempo y sosiego, e incluso de la vaporosa y enigmática inspiración. Ceceé, cojeé y fui negligente con mi literatura. Saboteé mis propios poderes. Queda en mí un runrún de tenaz descontento.
Vendrá pronto la muerte, cadenciosa, y tendrá mis ojos. Muerte: inocencia y olvido. Y me apena ver el estéril mecanismo de la vida de muchos de mis coetáneos: la publicidad les hace creer que su vida será mejor si compran determinados productos, para comprarlos necesitan dinero, y para conseguir dinero trabajan duro y se enduedan. Se enduedan para hacer realidad sus deseos y luego siguen trabajando para pagar sus deudas. El hombre jovial se convirtió en un esclavo oprimido.
Prefiero la virtud de los lagos iridiscentes al lujo chabacano. La elegancia del esplendor de un poema o una idea, el eco resonando en largas llanuras, las estrellas caminando a favor de la Fortuna, a no sé qué metalizados coches deportivos o balandros de precio escandaloso. Prefiero la Luna despuntando sibilante, el emblema sagrado de la LIBERTAD, a vivir una vida fagocitada por objetos inútiles y palabras sin lustre.
Mi vida (y valga la metáfora) fue como una estampa del viejo y magnificente París con reflejos de farolas de gas en el asfalto mojado de un bulevar lleno de carruajes. Con pastelitos al salir de misa, meriendas junto al río, viajes a Europa con mis papás y caviar de Osetra. Tuvimos muchísimo dinero (ahora nada), como tuvimos también a Nabokov, Musil, las Odas de Horacio, Montaigne, el cine negro y la comedia americana.
Pronto moriré, pero brilla el sol: ¡juguemos con alegría! Las violas suenan, y duermo y me levanto cuando me apetece. Nunca trabajé, y, si trabajé, en lo que trabajé debe permanecer velado. Pensé, reí, leí, forniqué, estudié, amé. Mi corazón y mis manos estuvieron ociosas, pero dedicadas a lo mejor.
Hijo de la noche azabache, dejadme dormitar eternamente.
Lean a los griegos, lean a Shakespeare, escuchen a Bach. Amplíen su visión del mundo con la alta cultura. Sientan la opulencia de una mente moldeada. Con hilo de seda y anzuelo delicado caminé entre una miríada de olas encontrando la Felicidad y la Libertad. Se acaba la fiesta. Una pena. Pero siento el alhelí de rocío inundando el aire. Y todo fue hermoso, escarchas y Lunas de agosto. Los chaparrones pasaron. En un templo tranquilo, escondido, me refugiaré fuera del espacio y del tiempo. Díganle a todos que gracias. Que muchas gracias. De veras. Buen verano, buena suerte, amor y buen camino.
La pútrida televisión y radio emitiendo sus ondas de cero, vacío y nada. Las gentes demasiado embrutecidas y bobas para lo que soy capaz de aguantar. Me extraña decirlo, pero, deseo escribir, no sé a quién ni por qué, y, sin embargo -tiránico placer-, papel y pluma me mantienen en vela y me gustan más que el sueño y el descanso.
Pero no escribiré más. Me retiro aquí definitivamente en el campo. La estancia es agradable, inocente y tranquila, adecuada a mi manera de ser; disfruto de placeres juiciosos y moderados: pasear con la perra, leer mucho, componer mentalmente algún poema o trozo de prosa. Aunque no cultivo mi cuerpo, cultivo mi inteligencia, y, si bien se mira, el cuerpo maltrecho por mis enfermedades se robustecerá con una vida frugal. Pendiente de mi conciencia, y guardados los oídos a las opiniones y consejos del vulgo.
Qué holganza y silencio esta de mi aldea gallega. Tranquilo. Sin alteraciones. El tiempo es una engañifa; hasta las estatuas de mármol se deshacen, hasta las rocas más altas de las montañas caen.
Llegó el invierno a mi vida. Estoy en paz. Inútil recordar dolores u ofensas. Aproveché mi tiempo. Se entreabren las dos puertas del mundo; voy a entrar en la doble noche (en la noche eterna de antes de mi nacimiento, y en la noche eterna tras mi muerte)
Adiós, vivan dichosos. Y no, no hace falta que me recuerden.
«Según hables, así oirás hablar de ti seguramente». ‘Ilíada’, XX, 250.
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El desprestigio de la cultura (científica o humanística) se está convirtiendo en un rasgo cultural. No prima en la escala de los valores ni el conocimiento ni el saber, incluso, a veces, uno pensaría (muy pesimista) que ni se desea saber o que incluso se esté satisfecho con la propia ignorancia (en el caso de que se sea consciente de ella)
Se está creando un nuevo tipo de analfabeto que ignora los rudimentos de la ciencia, el mínimo común de cultura general científico (y humanístico) Nuevos bárbaros que no sabrían definir lo que es un gen, una enzima o una molécula, o para quienes las tres leyes de la termodinámica les resultan absolutamente alienígenas.
El conocimiento no se relaciona necesariamente con la felicidad, pero sí con la LIBERTAD. Ser ignorante es encadenarse como un esclavo. Tener libertad es tener conocimiento. Quien más conoce del mundo, de la gente, de la sociedad… más libre es. Cuanto más se conoce, más cerca se está de la realidad, lo que permite vivir en libertad, con confianza, despejado y lúcido, más difícil de engañar.
En “El crepúsculo de la cultura americana”, publicado originalmente en el año 2000, el crítico e historiador de la cultura Morris Berman, recurre a la comparación entre la fase final del Imperio Romano y la situación contemporánea de Estados Unidos para diagnosticar lo que, a su juicio, es una situación de profundo declive:
«Factores como la brecha creciente entre ricos y pobres, el creciente clima de apatía, cinismo y corrupción, y las DRAMÁTICAS CAÍDAS EN LOS NIVELES DE ALFABETIZACIÓN Y CONCIENCIA INTELECTUAL EN GENERAL […] -que componen lo que colectivamente se denomina ‘barbarismo interno’- fueron cruciales para el colapso de Roma y, creo, están también en el corazón de la crisis americana».
Mi pronóstico, dada la decadencia de la cultura científica y humanística en Occidente, es que entramos en una nueva Edad de Piedra Tecnológica, de la que tardaremos siglos en salir.
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«Idiota» es un término que deriva de la raíz griega «idios», que hace referencia a lo privado y a lo propio, de ahí «idiosincrasia», del griego antiguo ἰδιοσυγκρασία (idiosynkrasía, «temperamento individual»), compuesto de ἴδιος («privado») y σύγκρασις («mezcla»)
Reividinco al «idiotés», el que se desentiende de la cosa pública y elabora su esfera privada. Ayer estuve leyendo a Tácito en lugar de seguir las elecciones catalanas. Infinitamente más fructuoso. La política es el arte de administrar el circo desde la jaula de los monos.
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«Los nazis fueron los promotores más implacables y exitosos de este discurso, se presentaban como rebeldes ante un pensamiento falsamente crítico que había esclavizado el mundo al judaísmo. “La era del intelectualismo judío desenfrenado ha llegado a su fin”, declaró Goebbels cuando quemaban libros en 1933. Pero su éxito en llevarlo a la práctica –esto es: su éxito en movilizar a buena parte de Europa en el esfuerzo de purgarse por medios criminales del judaísmo que la afligía– no puede ser explicado por el papel “real” de los judíos en Europa, ni por la excéntrica fantasía que había impuesto a las masas una poderosa maquinaria propagandística. Este éxito tuvo lugar en el marco de una historia que encriptaba la amenaza del judaísmo dentro de algunos de los conceptos más básicos del pensamiento occidental, regeneraba esta amenaza con formas novedosas para nuevos tiempos y ayudaba a muchos ciudadanos europeos –entre ellos, los más educados y críticos– a darle sentido a su mundo. Sin entender esta historia no es posible comprender cómo una sociedad pudo confundir de modo tan terrible la naturaleza de los peligros que la asaltaban.
Vivimos en una época con sus propias “cuestiones judías”, una era en la que millones de personas se ven expuestas a diario a alguna variante del argumento de que los desafíos del mundo se explican mejor en términos de “Israel”. Como Arendt, muchos de los autoproclamados pensadores críticos de hoy en día rechazan la posibilidad de que las historias del pensamiento sobre el judaísmo puedan decirnos algo vital sobre esas urgentes preguntas. Algunos consideran que semejantes historias no son más que alegatos especiales, o sea, intentos de negar la responsabilidad de un pueblo en cuanto a las críticas levantadas contra él (como, por ejemplo, cuando se invocan historias de antisemitismo o del Holocausto para silenciar a los críticos del Estado de Israel). Con mucha frecuencia tienen razón: la historia fácilmente puede volverse irreflexiva, al grado de impedir la crítica en vez de alentarla.
Y, sin embargo, me parece que el mayor peligro reside en una excesiva confianza en que nuestro realismo es independiente de nuestro pasado. Hacemos nuestra propia historia, pero no la hacemos como quisiéramos, y la conciencia de la fuerza de gravedad que el pasado ejerce sobre nosotros nos puede ayudar a comprender las maneras en que vemos el mundo.
Mi libro termina en 1948, pero concluiré aquí con algunos ejemplos del presente. Tanto en Europa occidental como en Estados Unidos y Canadá, uno de los discursos políticos nacionalistas blancos y racistas más poderosos se llama “la teoría del gran reemplazo”: la idea de que poderes conspirativos judíos operan para sustituir a las mayorías cristianas blancas en naciones como Francia (como decía Renaud Camus en Le grand remplacement, de 2011), Alemania, Hungría, Reino Unido, Canadá o Estados Unidos, con inmigrantes no blancos o no cristianos (especialmente musulmanes). Esas ideas alientan movimientos políticos y también asesinatos masivos. Las masacres de once devotos judíos en Pittsburgh en 2018 y de 51 fieles musulmanes en Christchurch, Nueva Zelanda, en 2019 estaban animadas por ideas semejantes.
La teoría del gran reemplazo es en varios sentidos moderna, incluso posmoderna, y bastante actual. Pero también se alimenta de ideas muy antiguas. Robert Bowers, el asesino de Pittsburgh, eligió para su último mensaje en medios sociales las palabras que Jesús dirigió “a los judíos que le habían creído” en Juan 8:44: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.”
Quisiera enfocarme en este último ejemplo por un momento, para señalar algo obvio. No es solo la durabilidad de estas ideas lo que las hace peligrosas, sino también el hecho de que están históricamente enraizadas en los depósitos religiosos que contienen muchas de las aspiraciones más altas de la humanidad, en este caso el Nuevo Testamento. ¿Cómo de profundas son estas raíces históricas? Sigo con este ejemplo. Unos 160 años después del nacimiento de Jesús, un oscuro autor llamado Heracleon Philologus discutió –en un comentario al Evangelio según san Juan– con los primeros cristianos que, basándose en este verso, aparentemente pretendían que los judíos eran descendientes de Satán. En tanto fuerza puramente negativa, argumentaba, el diablo no podía crear vida: los judíos no podían ser los verdaderos hijos de Satán. Pero esta limitación a lo demónico fue rechazada como herejía por su casi contemporáneo Tertuliano, cuyas enseñanzas pusieron las bases de una gran parte de lo que hoy en día llamamos teología católica, y quien prefería resaltar el poder creativo de la semilla de Satán, que transmitía este potencial a la posteridad.
La semilla de Satán es un buen ejemplo de cómo ideas muy viejas sobre los judíos ya contenidas en algunas interpretaciones tempranas de la sagrada escritura siguen afectando a las actitudes hacia los judíos en el presente. Pero no es necesario irnos tan lejos. También pueden encontrarse teorías del reemplazo en las fuentes de nuestras filosofías críticas modernas.
Immanuel Kant, por ejemplo, parecía algunas veces pensar en la historia de la humanidad como una larga lucha entre razas, en la que la victoria llegaría solamente con el reemplazo del no blanco por el blanco. Este no es el lugar para entrar en el detalle de los escritos de Kant sobre la raza (como su “Sobre las diversas razas humanas” de 1775-1777) ni para explorar cómo mapeó lo racial en la historia bíblica (por ejemplo, en su “Probable inicio de la historia humana” de 1786). Puesto crudamente, podemos decir que Kant divide las razas en dos categorías básicas –blanco y negro–, y las ve trabadas en una lucha. En sus conferencias llamadas Menschenkunde (¿de 1781-2?) y en notas inéditas del mismo periodo, Kant parece confiar en que “la raza de los blancos contiene en sí misma todas las motivaciones y talentos”, mientras que los negros “pueden ser educados, pero solo para ser sirvientes”. Por ende, como escribió en una de las notas privadas (Reflexionen 1520): “Todas las razas serán erradicadas [Alle racen werden ausgerottet werden]” porque son demasiado serviles o demasiado obstinadas. “Pero nunca la de los blancos. A menos, desde luego, que las razas inferiores reciban ayuda. ¿Ayuda de quién? La respuesta no les sorprenderá. En la Antropología en sentido pragmático, Kant describe al no blanco como incapaz de abstraerse del cuerpo y la materialidad. Se vuelve luego hacia los judíos, a los que atribuye rasgos similares, en conformidad con la teología cristiana. Pero los judíos son mucho más peligrosos, continúa, porque son cercanos a la blancura tanto en lo social como en lo racial. Son “palestinos que viven entre nosotros”, enemigos puertas adentro, cuya presencia, Kant parece temer, podría poner en riesgo todo el progreso al que su Ilustración está dedicada.
Mi argumento no es que se puede trazar una línea recta desde el Evangelio según san Juan o de los escritos de Kant a los manifiestos de pensadores antijudíos, antimusulmanes o antinegros de hoy en día. Mi argumento es más bien que las ideologías, ideales e ideas del presente pueden estar utilizando depósitos de ideologías, ideales e ideas del pasado, aun sin que seamos conscientes de ello. De hecho, cuanto más numerosas sean esas interacciones, más difícil es ser conscientes de ellas, porque se han vuelto parte de nuestro ambiente cognitivo, de nuestros hábitos de pensamiento crítico.
Permítanme entonces plantear de modo tan explícito como sea posible un asunto que me preocupa. ¿Podría ser que las muchas personas de buena voluntad en el mundo de hoy, cada uno de nosotros procurando mejorar el mundo, no empeorarlo, estemos atrapados en un momento similar al de Hannah Arendt? ¿Estamos pasando por un momento en el que el antijudaísmo está aumentando su difusión y se está volviendo aceptable como un lenguaje crítico en muchas partes del espectro político, sin que seamos colectivamente capaces o no tengamos la voluntad de detectar y nombrar el peligro, precisamente porque el antisemitismo de hoy día se presenta (como muchas veces en el pasado) como una crítica a las realidades del poder injusto?
El ejemplo más difícil es, por supuesto, el tema de Israel, que hoy en día ocupa casi tanto terreno como lo que Marx y otros llamaban “la cuestión judía”, que surge en casi cualquier discusión sobre el antisemitismo y moldea todo esfuerzo incluso para definir el término. En la actualidad existe, por ejemplo, una controversia acerca de la Definición Provisional del Antisemitismo –la definición del antisemitismo de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (International Holocaust Remembrance Alliance)–. No trataré el tema de esta controversia ni la cuestión de Israel, salvo para decir que, al parecer, nos encontramos de nuevo, en tanto pensadores críticos de buena voluntad, ya sea de izquierda, del centro o de derecha, procurando distinguir entre “realidad” y prejuicio antijudío. Ha sido trazada la línea entre por un lado “la crítica legítima” de los judíos, esto es, crítica de los judíos como agentes reales en un mundo imperfecto, y por el otro lado un “antisemitismo inaceptable” que distorsiona la realidad y coloca a los judíos desproporcionadamente como enemigos del bien, obstáculos primarios en nuestro mejoramiento de ese mundo imperfecto.
No estoy diciendo que no debamos trazar esas líneas. Pero me parece que, al hacerlo, no debemos olvidar que la historia del pensamiento sobre el judaísmo ha moldeado nuestro propio sentido del lugar del judaísmo en el mundo, nuestro propio sentido de la realidad judía. Cuando dejamos esto de lado, nos volvemos completamente incapaces de reconocer el antijudaísmo, excepto tal vez en el discurso del “otro lado” (la izquierda si lo ve la derecha, la derecha si lo ve la izquierda), nunca en nosotros mismos.
Una manera de presentar este peligro sería esta: en la primera mitad del siglo XX la realidad de la desigualdad económica y el brutal abismo entre el poder del capital y el del trabajo hacían imposible percibir el grotesco poder del antisemitismo activo en la sociedad europea. ¿Acaso las realidades de la desigualdad y los brutales abismos del poder en nuestras propias sociedades tienen un efecto similar y nos impiden ver el creciente poder que el antisemitismo puede estar adquiriendo en nuestro propio tiempo y lugar?
No es mi intención deprimir a nadie. Permítanme entonces dejarles un mensaje positivo. Una cosa que la historia puede ofrecernos es la conciencia de que la “realidad” y el “prejuicio antijudío” no son independientes el uno del otro, que es fácil deslizarse del uno al otro sin darse cuenta, aun cuando estemos centrados en nuestros más altos ideales, precisamente porque esos ideales con frecuencia han sido construidos a través de una larga historia de pensamiento sobre los peligros del judaísmo.
El deslizamiento entre “realidad” e “ideas antisemitas” ha demostrado ser muy difícil de detectar incluso para los más sutiles amantes del conocimiento. Desarrollar una conciencia acerca del terrorífico trabajo logrado por este deslizamiento en varios momentos del pasado es una de las mejores maneras de cultivar una sensibilidad respecto al peligro actual. Este es el don que la historia del antijudaísmo puede ofrecer al presente y el futuro.
Los historiadores tienen la esperanza de que los prejuicios se volverán menos convincentes cuando la gente comprenda lo gastados que están y cuántas veces han fracasado en propiciar el mejor futuro que sus partidarios prometían. Esta esperanza ha sido con frecuencia desmentida. La historia no es un amuleto mágico que podemos frotar para protegernos del peligro mientras avanzamos por un mundo cambiante. Pero es un recordatorio poderoso de cómo generaciones previas lucharon con problemas como los nuestros, y un precioso obsequio de humildad a nuestra época, tan llena de apasionadas convicciones. Cuando la meta es confrontar prejuicios, juicios previos y hábitos de pensamiento, necesitamos toda la ayuda que la buena historia puede ofrecer», David Nirenberg.
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El poeta George Herbert formula esto en 1633:
«Aquel que ama, y ama erróneamente,
las delicias de este mundo antes que la verdadera alegría
cristiana,
ha hecho una elección judía […]
y es un Judas-judío».
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En la sexta parte de «La insoportable levedad del ser» (novela escrita en 1984 y ambientada en la Praga de 1968), casi cuando empieza a insinuarse el final de esa novela cíclica, Kundera dedica un extenso apartado al kitsch, y al mismo tiempo que intenta una elaboración propia acerca del término, también emplea ese concepto para explicar o ayudar a comprender la conducta de sus personajes:
«En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón. Por supuesto, el sentimiento que despierta el kitsch debe ser compartido por gran cantidad de gente. Por eso el kitsch no puede basarse en una situación inhabitual, sino en imágenes básicas que deben grabarse en la memoria de tanta gente: la hija ingrata, el padre abandonado, los niños que corren por el césped, la patria traicionada, el recuerdo del primer amor.
El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lágrima dice: ¡Qué hermoso, los niños corren por el césped!
La segunda lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped!
Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch».
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Europa perdió el «savoir vivre», los buenos modales, el gusto contrastado, triunfa el dudoso e inculto gusto de la sociedad de masas, un estado espiritual generado por la sociedad industrial. Todo se abarata en un frenesí mediocre.
La gimnasia mental moderna y recomendable es el comistrajo. El arte se convierte en la alegría más baja que el hombre se brinda a sí mismo. Los hombres tienden a vivir como kitsch incluso lo que no es kitsch. Lo aberrante entretiene y se simula el arte. Eurovisión no es más que otro eslabón en la cadena.
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R. Martí en «Pugio fidei adversos Mauros et Judaeos»:
«Con los libros del Antiguo Testamento que recibieron los judíos, además del Talmud y otros de sus textos auténticos, compondré una obra tal que sea capaz, casi como un puñal, de rasgar a los perseguidores de la fe cristiana».
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En el código castellano de las Partidas leemos:
«Oyemos decir que en algunos logares los judíos ficieron et facen el día de Viernes Santo remembranza de la pasión… furtando los niños et poniéndolos en la cruz e faciendo imágenes de cera et crucificándolas, quando los niños non pueden haver».
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Alonso de Espina en el libelo «Fortalitium Fidei» de 1460, se refiere a un sacristán que necesitado de dinero acudió a un prestamista judío y éste a cambio del dinero le pidió que le entregara una hostia consagrada, a lo que el sacristán accedió y el judío profanó la hostia.
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En el IV Concilio de Letrán convocado por el papa Inocencio III y celebrado en 1215, tras reiterar la condena hacia los judíos como pueblo deicida, se acordaron allí una serie de medidas discriminatorias para aislarlos de la población cristiana.
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España reza el «Oremus pro perfidis Judaeis» desde sus iglesias mediáticas.
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Diversos textos jurídicos, como el Código Teodosiano, promulgaron leyes y decretos antijudíos, y un concilio como el Cuarto Concilio de Orleans de 541 estaría básicamente consagrado a disponer medidas contra los judíos. El antisemitismo pervive.
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Así aparece la entrada de JUDÍO en el Tesoro de Covarrubias:
“JUDÍO. (…) Hoy día lo son los que no creyeron en la venida del Mesías Salvador, Cristo Jesús, Señor Nuestro, y continúan el profesar la ley de Moisés, que era sombra desta verdad. (…) El año de mil y ciento y ochenta, siendo rey de Francia Filipo, se descubrió semejante maldad, que los judíos de Francia cada año el Viernes Sancto, habiendo robado un niño cristiano, se encerraban con él en una cueva y allí le azotaban y le coronaban de espinas y le daban a beber hiel y vinagre clavándole en una cruz por los mismos pasos de la pasión de Cristo Nuestro Redemptor, y habiendo sido castigados los delincuentes, fueron generalmente echados de Francia todos los judíos, pero sabiendo que el rey estaba en mucha necesidad se aprovecharon de la ocasión y le ofrecieron gran cantidad de dinero porque les permitiese volver al reino, pero ellos, continuando su mala intención con los cristianos, emponzoñaron las aguas de los pozos y la fuentes, de do se siguió grandísima mortandad no solo en aquel reino mas en toda Europa”.
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«Marido de pie de cruz
con una muchacha rubia,
¿que engendrará, si se casa,
sino un racimo de Judas?»
Quevedo
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La idea popular: el judío es un ser sucio que huele a ajo, narigón, pelo bermejo, usurero, cómplice de ladrones cuyo botín pone el mercado, cobarde, es sobre todo un avaro muy astuto que con sus «sutilezas» envuelve y engaña a los honestos españoles. El judío es un ser abyecto y miserable, personificación de toda clase de vicios y maldades, como un demonio o endomoniado, un asesino y genocida.
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«El 13-V-24 me llegan estos dos libros, gracias a la generosidad de su autor, Christian Sanz Gómez: «Pertinencias e impertinencias» y «Diario de un esquizofrénico».
En una primera aproximación, estoy asombrado. Me parecen obras prodigiosas, como un libro de arena de Borges, cuajado de relámpagos de belleza, de gritos de rebeldía ante la vulgar realidad. Siempre en defensa de la alta cultura, y de las tradiciones más exquisitas y elevadas. Con sus maestros al frente, uno de los más destacados el gran poeta José María Álvarez, p. ej.
Me hace pensar en esos libros maravillosos, fértiles e interminables, como el del «Desasosiego» de Pessoa – Bernardo Soares…
Entre el humor de un chiste y el deslumbramiento lírico, entre las paradojas rabiosas y rebeldes sobre eso que llamamos la realidad, por un lado, y la melancolía del esteta solitario, con desdén aristocrático, por otro. Mezcla de Huysmans y Montaigne, con vetas (o fogonazos) de Leopardi o los clásicos latinos o franceses.
Su vasta erudición no es vanidad hueca, más bien entrelazamiento, sintaxis, de ideas, como un palimpsesto de lecturas. Juego de referencias y citas que no es mera exhibición libresca, sino laberinto de espejos, reflejos y ecos que se matizan mutuamente y dialogan con los textos genuinos de Sanz Gómez.
Libros que están entre el aforismo, el dietario, la prosa poética, el microensayo, los poemas propiamente dichos…» Emil Man Martínez (Gracias por tus elogios desmesurados, maestro)
«Solemos perdonar a los que nos aburren, pero no perdonamos a los que aburrimos» François de La Rochefoucauld.
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No le digas nunca a una mujer lo que tiene que hacer. Por eso se dice en latín «quid adito».
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«Corruptissima re publica, plurimae leges», Tácito, «Annales», Libro III, 27. «Cuanto más corrupto es el estado, más numerosas son las leyes».
No a la metástasis de leyes, sí al cumplimiento estricto de las que se tienen.
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«Contra todo pronóstico, la alfabetización del pueblo no ha traído consigo un perfeccionamiento de la democracia, sino su conversión en pantomima dialéctica, y eso se debe a que esa alfabetización ha sido sólo formal. Quienes antes se veían excluidos del debate y lo aceptaban de buen grado por ser conscientes de que no tenían las herramientas para afrontarlo hoy ya saben leer (literalmente) y escribir (a duras penas). Animados por esta habilidad, se zambullen, a través de las redes sociales, en las discusiones más técnicas con el entusiasmo del ignorante, y el resto de neolectores conceden más peso a sus palabras que a las de un premio Nobel, porque les parecen más inteligibles. El resultado es la expansión, y a veces la consolidación, de los discursos más memos que uno se pueda imaginar, y el desprestigio absoluto de lo popular a los ojos de cualquier observador externo, que no puede sino volverse partidario del despotismo ilustrado», Camilo de Ory.
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Jajajaja, es que los católicos son analfabetos. Analfabetos como Descartes, Santo Tomás, Chesterton, Erasmo de Rotterdam o Pascal.
En cambio, Willy Toledo, Rufián, Cristina Fallarás, las Towanda Rebels, los de Mongolia y Alberto San Juan, llevan enriqueciendo la cultura y el pensamiento de Occidente durante décadas.
Ahora, tras meses, empiezo a aclimitarme a la enfermedad y decadencia de mamá. La soledad, en líneas generales, y pese a algunos días y noches bajos, la asumo. Los manuales de matemáticas me mantienen con cierta capacidad deductiva en mis ideas. Los fármacos también ayudan. No tengo ninguna idea suicida. Ahora se acabó el invierno (época cruel si se vive en una minúscula aldea orensana) No trabajo, pero mis gastos no superan mis ingresos. Dentro de 15 días voy a Barcelona a pasar una temporadita con mi hermana pequeña y mi sobrina. Pues sí, tan mala vida no tengo. Y quiero y me quieren.
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Mi pensamiento empieza a perder su hilo coherente. Cada vez la demencia ocupa más lugar en mi mente.
Me veo como una ameba perdida y olvidada en la inmensidad de la vida.
Yo, un loco, y el mundo prosaicamente práctico, innoblemente soso.
No escribiré más. No lograré leer más.
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Los que nos inclinamos por naturaleza hacia la inteligencia, la racionalidad o el alejamiento de un mero y grosero sentido común, no es que despreciemos a la mayoría de la gente, ni las encontremos ridículas u odiosas, simplemente las sentimos terriblemente LIMITADAS.
No es que uno sea un rapsoda de la fuerza intelectual, el triunfante frente a la pequeñez. Veo a la gente forjada en una minuciosa pasividad, en alucinada poquedad. Veo que son extranjeros de la conciencia refinada, que están exiliados de las relaciones sutiles. No reconozco en ellos unas propias e inmensas capacidades, una forma exacta para sus ideas y temas. No logro imaginar o escenificar la vida de sus mentes, ni me llenan. Mi perspectiva respecto a lo fructuoso de las relaciones sociales es sombría y afligida.
Para explicarme a mí mismo y para explicar mi época no necesito a los demás. Aunque ansío tener lectores, al final únicamente escribo para mí mismo. Como diría Emily Dickinson: “Una prisión se convierte en un amigo”. Mi vida se convirtió en una serie de lacónicos o prolijos soliloquios.
No amo a la raza humana. No creo en el divino ciudadano medio. No creo en las poderosas personas sin estudios. Creo en las mentes cuya visión de la vida incluye ideas.
Me inclino por una vida elegante, independiente, inconformista, sencilla, sin sobresaltos, y en la medida de lo posible plena de pensamientos elevados. Para ello no necesito habilidades sociales.
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Judías despiezadas, torturadas con una saña bárbara. Más de mil muertos. Ni una palabra de compasión por parte de los acémilas universitarios.
Solo cabe una reacción; la expuesta en Números 31, Jeremías 22, Josué 8, Salmos 11, Salmos 18, 1 Macabeos 3.
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Reconocer un estado palestino tras la masacre del 7 de octubre, es recompensar a Hamás por asesinar a más de 1.000 israelíes.
Es recompensar al régimen iraní.
Es vivir con la posibilidad de otro 7/10.
La única forma de promover la paz es a través de las negociaciones directas.
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Definiré «mediocridad», para poder discutir sobre cosas y no sobre palabras. Para mí mediocre se resume en una vida interior poco interesante, plana y no traspasada por la hiperestesia ni por las ideas. De alguna manera todos hemos tenido la sensación intuitiva de una vida interior interesante; al vivir una historia de amor, al crear un hogar, al dedicar anchas y largas energías a un proyecto ETC…El crecimiento interior continuo es señal de una buena vida.
Todos morimos ignorantes, pero DEBEMOS morir menos ignorantes que al nacer. Para mí no ser mediocre es que de forma lenta y gradual, y gracias a la alta cultura, puedas crear nuevas estructuras de significado, conexiones entre esas estructuras, liberarte de lo meramente contemporáneo, comprender algo mejor el lugar que ocupas en el espacio y en el tiempo, saber de dónde proceden las ideas con que vives, empaparte con los modelos de los más altos pensamientos, sentimientos e imágenes.
La mediocridad solo genera mediocridad. Y, por cierto, se puede ser un mediocre famoso (sobran los ejemplos) y un exitoso anónimo (y también alguien popular que, por decirlo así, tiene altas cualidades y genera «un clima de opinión», tanto como un anónimo que sea un hombre sin atributos)
El problema del siglo XXI es que la cultura letrada se sustituyó insensiblemente por la cultura iletrada; la segunda, la cultura mediocre, se extiende planetariamente ya que carece de los anticuerpos de una buena educación. La crisis occidental de la educación es lo que permite la imposición y reinado de la cultura iletrada. La educación es un disolvente contra el analfabetismo. Si falla la educación la consecuencia es obvia: se impone la barbarie cultural (la preponderancia sin matices de la cultura iletrada la podemos observar en los medios de comunicación, la televisión y las redes sociales)
Hoy el arte de vivir te lo venden con recetas y eslóganes mágicos, como si al venderte la idea de felicidad te vendieran pasta dentífrica o un automóvil. La cultura sirve para convertir tu interior en algo más interesante, la faramalla publicitaria de autoayuda ni es realista ni sagaz, y si no te empeora, seguro que no te mejora. El mejor instrumento de descrubimiento personal es la cultura y no su ortopedia o su mero marketing (que son bajezas de trazos arbitrarios)
Thoreau afirmó: «La mayor parte de los hombres lleva una vida de callada desesperación» (frase que se aplica perfectamente a nuestros días) Vivir bien no es vivir en un ciego «Seguir hacia adelante», con el pilototo automático puesto, como un zombi, sin moldear el alma. Vivir una vida con los ojos abiertos, lúcida, es mi idea de vida no mediocre. Y eso, aunque no es el pasaporte seguro a la felicidad, no se logra comprándola en el supermercado, pero -y no es poco- (y esta es la tesis de mi argumentación) ENTONCES NO TE ENVILECERÁS.
***
TRAJANO
Ya no hay ruinas, no se pierde nada.
Todo ha sido reconstruido por el poder
de la voluntad, la risa y los sueños.
Y en esta Roma indestructible
y prodigiosa viviremos eternos,
con calor de hielo radiante,
enalteciendo nuestros dioses de suaves
párpados, sin fin entre lecturas, conversación
y paseos lentos por el Palatino y el Coliseo.
Aquí en Roma, lejos de murallas teñidas
de sangre, la vida se remonta al cielo,
cuis sit penitus nota fides animi.
Nota bene: Más que una variación, este poema está inspirado muy directamente en uno del enorme poeta, de quien me considero discípulo, Emil Man Martínez.