Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
En sus memorias, Nabokov describe sus sensaciones (la sinestesia vincula las sensaciones entre sí) con algunas letras:
«La “a” larga del alfabeto inglés… tiene para mí el tinte de una madera envejecida, pero la “a” francesa evoca el ébano pulido. Este grupo negro también incluye la “g” fuerte (goma vulcanizada) y la “r” (un trapo cubierto de hollín siendo rasgado). La harina de avena “n”, los espaghettis “l” y el espejo de mano con fondo de marfil “o” se encargan del blanco… Pasando al grupo de los azules, está la “x” acerada, la “z” de nube de tormenta y la “h” arándono. Ya que existe una sutil interacción entre el sonido y la forma, veo la “q” como más marrón que la “k”” mientras que la “s” no es azul claro como la “c”, sino una mezcla curiosa de azur y madreperla”.
***
El tonto no descarta un error hasta que pasa de moda.
***
Donde hay ortodoxia hay totalitarismo.
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Atención a estas palabras de Lord Byron:
«He meditado en la situación de las mujeres bajo los antiguos griegos, y es bastante conveniente. El estado actual, resto de la barbarie feudal de la edad media, es artificial y contraria a la naturaleza. Las mujeres debieran ocuparse de los quehaceres de su casa; se las debería alimentar y vestir bien, pero no mezclarlas en la sociedad. También deberían estar instruidas en la religión, pero ignorar la poesía y la política; no leer más que libros devotos y de cocina. Música, dibujo, baile, y también un poco de jardineo y de laboreo del campo de tiempo a tiempo.»
***
Se acabó con los analfabetos, para multiplicar a los iletrados.
***
Si por estar yo con prisa,
y sin intención dolosa,
delante de esta Begoña
me quitara la camisa,
y ella lo viese con risa
y delectación morosa;
y se enredara la cosa,
dígame usted, padre Sánchez,
¿fuera acción pecaminosa?
¿fuera cornamenta odiosa?
***
Esto, pues, hará el bulo
apretar tuercas al pérfido periodista,
al juez la toga y bolsa:
solo el puto amo se pasa de listo.
***
SPEAK, BEGOÑA
Restituyose el honor a la afligida Begoña
y ella dijo: “Lo que puede tu pinga
disponer asín con esa prudencia mi vagina
no es bueno dejarlo al ímpetu del facha;
si follamos, ¿qué más muerte que mi vida,
sola y mujer, y en tan remota España?;
Mejor es defendernos con la maña
o con promesas de dudosa calaña”.
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«Temo a la persona de pocas palabras. Temo a la persona silenciosa. Al sermoneador, lo puedo aguantar; al charlatán lo puedo entretener. Pero con quien cavila mientras el resto no deja de parlotear, con esa persona soy cautelosa. Temo que sea una gran persona», Emily Dickinson.
***
“Hay que educar a la gente. No basta saber que a la tía María le fue bien con el acupunturista o con el homeópata, porque el efecto placebo siempre está en la cabecera de los enfermos. Y no sólo de los enfermos, sino también de los votantes.” M. Bunge.
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«La gente no vota necesariamente por sus intereses. Votan por su identidad. Votan por sus valores. Votan por aquellos con quienes se identifican. Es posible que se identifiquen con sus intereses. Puede ocurrir. No es que la gente no se preocupe nunca de sus intereses. Pero votan por su identidad. Y si su identidad encaja con sus intereses, votarán por eso. Es importante entender este punto. Es un grave error dar por supuesto que la gente vota siempre por sus intereses», «No pienses en un elefante» (2004), George Lakoff.
***
El pueblo no elige a quien lo cura, sino a quien lo droga.
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Solo poseen una existencia verdaderamente vital aquellos a los que la naturaleza no ha abrumado con ningún talento.
***
Si por un polvo con la tal Beñoga
vas a poner a España entera en llamas,
si el trato que exiges y proclamas
consiste en dimisión o su amago,
perdona que te diga que eres un cara,
un batracio, un burro,un carapijo, un chulo,
el ejemplo del paria más cero y nulo
y ella la chori más papanata de Alcántara.
***
CARTA A LA CIUDADANÍA
Señoras y señores ciudadanos,
somos altos, pudientes y yo patricio,
y mi matrimonio me cuesta sacrificios.
Me duele, y mucho, ser pisoteado,
¡sean servidores de mi polla soberana!
y no metan su dedo en mi enamorada.
Adiós, me voy a Fez a cascármela.
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El conde De Maistre avisó de que «toda degradación individual o nacional es anunciada en el acto por una degradación rigurosamente proporcional en el lenguaje».
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Pablo de Tarso está en el origen genético de la próxima desaparación de los toros en España (al ver) Ya entre los paleocristianos, en el siglo I, prohibió la práctica de la circuncisión.
El cristianismo es una religión que, desde sus inicios, no solo quiso apartarse de la compleja liturgia hebrea, sino que aprobó formas de culto menos severas y crueles.
Así desapareció del mundo cristiano, no solo el sacrificio ejercido sobre el cuerpo de los varones -la circuncisión-, sino también los sacrificios crueles sobre hombres y animales, prácticas que nosotros motejamos de «bárbaras». Pero «bárbaro» no es opuesto a «civilizado», sino opusto a aquello que hacen los extranjeros.
El cristianismo acabó «sublimando» alegóricamente el sacrificio primigenio de Jesús en la forma del vino y el pan ácimo. Bajo un pretexto ritual y caritativo se rechaza toda forma de sufrimiento de personas y animales, lo que acabará haciendo desaparecer la lidia, la última forma de representación seria en el orden de lo sagrado que quedaba en Europa.
La secularización hará perder cualquier forma de remembranza del sacrificio de Jesús; se consideró «bárbara» la ablación del prepucio, intuyo que se acabará considerando bárbara también la mera comunión y otras formas menos cruelmente simbólicas del sacrificio jesusita.
Así vamos cabalgando en una religión de sustitución donde los ídolos serán las mamarrachadas californianas New Age, los mininos y los chuchos tendrán el mismo peso simbólico y ontológico y el mismo valor que los hijos, y en donde las propiedades estéticas de las corridas y las obras insignes de genios de nuestra cultura sobre la tauromaquia serán insensisiblemente sustituidas por mantras de autoayuda y eslóganes anti-tortura animal supuestamente salvíficos.
Estamos ya en ciernes de vivir dentro de esa decadencia cultural. Una cultura que no admite la violencia ni incluso, o tampoco, simbólicamente (cuando la vida es sanguinaria guste o no per se), de un exasperante pacifismo ingenuo panglossiano, lejos de cualquier ideal de renuncia, rigor o sacrificio, y apegada a la inmediatez de un hedonismo chancho.
Preferiría no estar vivo para ver lo que se avecina o que ya se encuentra aquí.
Camino a pasos agigantados hacia la muerte. Pese a peajes inexcusables (las tres o cuatro tragedias sin falta en cualquier vida humana medianamente larga), fui templadamente feliz. Temo y deseo a la muerte, con esperanza, sin convencimiento. La acepto serenamente y la niego sanguíneamente. Su espíritu invisible se agazapa y pronto pondrá en mí sus garras. Nadie recuerda de dónde viene, nadie sabe adónde va. Chesterton creía que la muerte traía una llave con la que podría abrir todas las puertas devolviéndole el glorioso regalo de los sentidos y la sensual experiencia de nuevas sensaciones. Ni afirmo ni niego. Sea cena fría de los gusanos o portezuela a un mar casi secreto, me importó (e importa) más la vida que la muerte.
En vida gocé de verdes madrugadas adriáticas, ciruelos en los jardines de la Ribeira Sacra, olores, desde el alhelí a la retama, sombras de olores, desde la tímida azucena al oceánico maizal. Me fascinaron ciudades, y, a la postre, la Naturaleza, que empuja, conmovida, irremediable, suelta y rebelde. Leí y sentí la Belleza de las mujeres, aunque ignoro su alma. Palpé el atirantado pecho de prostitutas cuyo lujo era su hermosura. Leí al griego, al medieval y al contemporáneo. De joven, me adentré fugazmente en las matemáticas. Estudio, estudié y estudiaré. Brilló mi modesta sangre bajo el sol, sangre que dentro de poco beberá la tierra.
Pero el Mundo se convirtió en un lugar desafecto. La curiosidad intelectual desinteresada se presenta ante nuestros congéneres como una caricatura y una ofensa, una forma de demencia que impide las relaciones humanas “normales” La gentualla demanda a esta vida gordos solomillos de ternera y conos gigantes de palomitas de maíz. Su dieta está jalonada por risas enlatadas de chuscas series de televisión, la lista de los éxitos musicales del momento y las histéricas retransmisiones de los partidos de fútbol. Uno tiene la obligación de mantenerse a raya de tanta tontería. Las imbecilidades eutrapélicas lo envuelven casi todo.
Creo que la demanda de buenos libros no era en tiempos la que hoy. Leer no es un entretenimiento general. Ni los comerciantes, ni los burgueses ni los caballeros consideran deshonra la ignorancia. El saber ya no le vale a un hombre tanto como antes. Empieza a ser una excentricidad ver casas con armarios llenos de libros. Podría aducir pruebas irrefragables de ello, pero, como ya insistía en todos los liminares de la trilogía, este es un libro de ensayo, sin notas eruditas, usando un lenguaje llano, y donde se sustituye al argumento por la emoción.
Soy consciente de que mi pesimismo y fatalismo es propio de quien reniega o no comprende el siglo XXI. Me importa una higa, un bledo la revolución sociocultural de Internet. Converso con difuntos, con pocos, pero doctos libros juntos. Lo contemporáneo es una filfa de anarquía y sandez. Aún me enervan los maravillosos veranos e inviernos dando vueltas a extraordinarios libros con pastas brillantes color corinto.
Muchos nos hemos acostumbrado a que nos rodee una manada inmensa de zombis. Cuerpos derribados, almas arrumbadas, cadáveres que se arrastran. Uno no puede luchar con los elementos de su época. La gente no sabe llenar el bandullo de su cabeza sino con desperdicios. Su inteligencia se hace rala, pierde densidad y solidez.
***
El libro que el lector tiene entre sus manos forma parte de una trilogía. La componen “Diario de un esquizofrénico”, “Pertinencias e impertinencias” y este “Diario del falso aristócrata” (todos publicadas por Elcercano) Culmina aquí mi obra (tanteos bastante crudos, palimpsestos susceptibles de gran enmienda), sin apenas o nulo eco, la verdad. Dios o Zeus ojalá me den algunos años más para pulir mis poemas y añadir alguno que otro. Solo quiero leer y caminar por la comarca, leer y observar a los pájaros y al cielo. Es mi senda honesta de la virtud. Nuestra época desprecia todo lo bueno. Los hombres callan o aborrecen la virtud. Pero la virtud no necesita nombradía ni aplauso del vulgo.
***
La trilogía, y mi existencia entera, se cobijan bajo la égida o pórtico del mejor y más excelente ser humano: mi madre, luz de caoba, gloria del sol, María Ángeles Gómez Carballo. Solo ella me justifica.
***
Adiós y buen invierno. Insisto, me corto la coleta. No escribiré más. Cada vez ocupa más espacio en mi mente la locura y menos la literatura. Espero dulcemente la muerte. Muchos mueren demasiado tarde y algunos mueren demasiado pronto. Morir en el momento adecuado; esa es la enseñanza. Es el momento adecuado. Paz a los hombres.
**********
El autor, en los años fastuosos de su juventud, con gran dispendio cognitivo, estudió Lógica Matemática, Teoría de Conjuntos, Teoría de Modelos y Álgebra Universal, hasta un nivel medianamente avanzado. Y adquirió y asimiló niveles universitarios de Filosofía e Idiomas. Fueron tiempos en que era honroso y bien visto ser un estudiante brillante e inteligente.
Por desgracia, unas décadas después, se dedicó a cultivar el campo pitañoso, embarrado y “borderline” de la Literatura, a cuyos dos o tres lectores fieles les comunica, “més content que un gínjol”, que abandona ya la empresa de un modo definitivo, terminante y completo.
El autor desprecia tener que ponerse a estudiar marketing digital, convertirse en publicista, o hacer el payaso como cualquier mamarracho youtuber o influencer. Si los relojes multiplican de modo exponencial las horas muertas y analfabetas de esta civilización, si en su noche no se contempla a corto o medio plazo la presencia del alba, si la honda niebla en el puente de hierro precipita el tren nocturno al vacío, el autor se retira a las cámaras de su pazo orensano y desiste de la literatura y pretende solo leer y estudiar con paz e impasibilidad de espíritu. El autor es capaz de expresar lo que tiene atrapado en la mente, el público es incapaz de desentrañarlo. Al 99% de la humanidad, tipejos como alhajuelas vendidas por gitana, solo pueden cristalizar de modo súbito su mente ante un “reality show”, el deporte o los onerosos ritos y fantasías del sentimiento kitsch.
Cada día es el día de La Fiesta de la Imbecilidad. Cadenas babilónicas atan a la plebe. El vulgo siempre creyó que sus bienes duran siempre. Acertó. Mi mente no se va a enardecer por ello. Para evitar la vulgaridad solo puedes estar solo.
El autor se avecina con el poeta francés François Augiéras, de personalidad rebelde, lúcida, clarividente. Un radiante «outsider» (desplazado») El mundo no estaba hecho a su medida y consideraba a la actual civilización absoluta basura. Extraterritorial, vivió siempre en los márgenes. Murió Augiéres en diciembre de 1971, precisamente el mes y año en que nació el autor.
El autor quiere ser libre en otros mundos y no esclavo de éste. Ser desleal a los privilegios capciosos del tendero y el funcionario, el burgués y el proletario, la familia y el Estado. Ser en cambio leal a los privilegios del estudio, a los beneficios de la investigación, la creación y la poesía. Ser leal a una belleza sencilla, ya que una piedra preciosa luce mejor engastada con sencillez.
El autor huye a Montañas, Bosques y Palacios de Nieve, con sus nubes rosáceas y doradas, con su biblioteca de clásicos y olor a caoba. Ahí el vivir es infinitamente deleitoso y grato. El ecosistema literario formado por escritores y lectores mandriles es un aula de párvulos con déficit neural. Mejor muy lejos.
Hasta siempre.
**********
Christian Sanz Gómez, de raíces judías, nació en Barcelona, aunque mantuvo durante décadas un lazo emocional con Manresa, hoy ciudad de una bajura inenarrable.
No cree en una asamblea deliberante de hombres puros, sino en un hospital de antropoides pecadores y violentos, desde el Rey hasta el taxista que lo transporta. Al igual que Casiano en el siglo V, recomienda huir de la tristeza como de la peste, pues más peligrosa es la tristeza para el alma que la epidemia para el cuerpo.
Le espió el C.N.I. Excepto esta extravagancia, su vida transcurrió sin “trasbals”, sin mayores perturbaciones. Vida apacible y estudiosa llena (en general) de ataraxia, lujoso amor mercenario, y Platón, Quevedo, Gauss, Gödel, Bach y sus pares.
Il faut redevenir mystiques. Hemos de volver a ser místicos.
Christian Sanz nota la navaja de la muerte cada vez más cerca del cuello. A veces prefiere pensar con Juvenal: «El extremo final de la vida es uno de los regalos de la naturaleza». Al igual que César Augusto con sus palabras hacia Livia, Christian desea morir con un elogio en los labios, algo como: «Decidle a todos que gracias, mil gracias, y que mi vida fue maravillosa».
Benedicto XIII, el famoso Papa Luna, publica sendas bulas contra los judíos, una el 11 de mayo de 1413 en cuyo artículo 6º disponía:
«Que ningún judío pueda ser médico cirujano, tendero, droguero, proveedor ni casamentero […] ni las judías ser parteras, ni tener amas de cría cristianas; ni los judíos servirse de los cristianos, ni vender a éstos ni comprar de ellos algunas viandas, ni concurrir con ellos a ningún banquete, ni bañarse en el mismo baño, ni tener mayordomos ni agentes de los cristianos, ni aprender en las escuelas de éstos alguna ciencia, arte u oficio«
***
Antón de Montoro, del también converso Diego Arias de Ávila, contador mayor de Enrique IV dice lo siguiente:
A ti, fray Diego Arias, puto
que eres y fuiste judío,
contigo no me disputo,
que tienes gran señorío;
águila, castillo y cruz
dime de dónde te viene,
pues que tu pija capuz
nunca la tuvo ni tiene:
El águila es de San Juan
y el castillo el de Emaús
y en la cruz puse a Jesús
siendo yo allí capitán.
***
LOS REYES CATÓLICOS Y EL EDICTO DE EXPULSIÓN
(…) Sepades e saber debedes, que por Nos fuimos informados que hay en nuestros reinos e avia algunos malos cristianos que judaizaban de nuestra fe catolica, de lo cual era mucha culpa la comunicacion de los judios con los cristianos (…) e otrosi ovimos procurado e dado orden como se fiçiese inquisicion en los nuestros reinos e señorios, lo cual como sabeis ha mas de doce años que se ha fecho y face, e por ella se han fallado muchos culpantes, segun es notorio e segun somos informados de los inquisidores e de muchas otras personas religiosas , eclesiasticas e seglares, e consta e parece ser tanto el daño que a los cristianos se sigue e ha seguido de la participacion, conversacion e comunicacion que han tenido e tienen con los judios, los quales se precian que procuran siempre por quantas vias e maneras pueden de subvertir de nuestra santa fe catolica a los fieles cristianos.
Nosotros ordenamos además en este edicto que los Judíos y Judías de cualquier edad que residan en nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar, de manera que si algún Judío que no acepte este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y confiscación de sus bienes.
Y hemos ordenado que ninguna persona en nuestro reinado sin importar su estado social incluyendo nobles que escondan o guarden o defiendan a un Judío o Judía ya sea públicamente o secretamente desde fines de Julio y meses subsiguientes en sus hogares o en otro sitio en nuestra región con riesgos de perder como castigo todos sus feudos y fortificaciones, privilegios y bienes hereditarios.
Hágase que los Judíos puedan deshacerse de sus hogares y todas sus pertenencias en el plazo estipulado por lo tanto nosotros proveemos nuestro compromiso de la protección y la seguridad de modo que al final del mes de Julio ellos puedan vender e intercambiar sus propiedades y muebles y cualquier otro artículo y disponer de ellos libremente a su criterio que durante este plazo nadie debe hacerles ningún daño, herirlos o injusticias a estas personas o a sus bienes lo cual seria injustificado y el que transgrediese esto incurrirá en el castigo los que violen nuestra seguridad Real.
Damos y otorgamos permiso a los anteriormente referidos Judíos y Judías a llevar consigo fuera de nuestras regiones sus bienes y pertenencias por mar o por tierra exceptuando oro y plata, o moneda acuñada u otro articulo prohibido por las leyes del reinado. De modo que ordenamos a todos los concejales, magistrados, caballeros, guardias, oficiales, buenos hombres de la ciudad de Burgos y otras ciudades y villas de nuestro reino y dominios, y a todos nuestros vasallos y personas, que respeten y obedezcan con esta carta y con todo lo que contiene en ella, y que den la clase de asistencia y ayuda necesaria para su ejecución, sujeta a castigo por nuestra gracia soberana y por la confiscación de todos los bienes y propiedades para nuestra casa real y que esta sea notificada a todos y que ninguno pretenda ignorarla, ordenamos que este edicto sea proclamado en todas las plazas y los sitios de reunión de todas las ciudades y en las ciudades principales y villas de las diócesis, y sea hecho por el heraldo en presencia de el escribano público, y que ninguno o nadie haga lo contrario de lo que ha sido definido, sujeto al castigo de nuestra gracia soberana y la anulación de sus cargos y confiscación de sus bienes al que haga lo contrario.
Y ordenamos que se evidencie y pruebe a la corte con un testimonio firmado especificando la manera en que el edicto fue llevado a cabo.
Granada, 31 de marzo del año de nuestro señor Jesucristo de 1492. Firmado Yo, el Rey Fernando II de Aragón; Yo la Reina Isabel I de Castilla, y Juan de la Colonia secretario del Rey y la Reina quien lo ha escrito por orden de sus Majestades.
***
«Hablar de “madurez política” de un pueblo es propio de inteligencias inmaduras» Nicolás Gómez Dávila.
Christian Sanz Gómez, de raíces judías, nació en Barcelona, aunque mantuvo durante décadas un lazo emocional con Manresa, hoy ciudad de una bajura inenarrable.
No cree en una asamblea deliberante de hombres puros, sino en un hospital de antropoides pecadores y violentos, desde el Rey hasta el taxista que lo transporta. Al igual que Casiano en el siglo V, recomienda huir de la tristeza como de la peste, pues más peligrosa es la tristeza para el alma que la epidemia para el cuerpo.
Le espió el C.N.I. Excepto esta extravagancia, su vida transcurrió sin “trasbals”, sin mayores perturbaciones. Vida apacible y estudiosa llena (en general) de ataraxia, lujoso amor mercenario, y Platón, Quevedo, Gauss, Gödel, Bach y sus pares.
Il faut redevenir mystiques. Hemos de volver a ser místicos.
Christian Sanz nota la navaja de la muerte cada vez más cerca del cuello. A veces prefiere pensar con Juvenal: «El extremo final de la vida es uno de los regalos de la naturaleza». Al igual que César Augusto con sus palabras hacia Livia, Christian desea morir con un elogio en los labios, algo como: «Decidle a todos que gracias, mil gracias, y que mi vida fue maravillosa».
«A uno le gusta decir lo que sabe, y a otro decir lo que piensa«, Joubert, Pensamientos.
«Cada año se hace en nosotros un nudo, como en los árboles; alguna rama de inteligencia se desarrolla, o se corona y se endurece«, Joubert.
«Los versos no se estiman ni por el número ni por el peso, sino por el título«, Joubert.
***
LA ESCOPETA NACIONAL
A esta boda botarate
que en todas partes se mete,
no decidla de amiguetes,
decidle solo…coño, y vete.
***
Don José Luis Martínez Almeida
esta noche pica hembra (su señora),
y es lo que dice la parroquia:
«¡Ya era hora! ¡Ya era hora!»
***
Dejadme bordar al sol,
mariposas y cerezas…
Sí, dejadlo. Mientras folla
no escribe versos el menda
ni enmienda la M30,
y así ganaremos todos:
Marwán, Ayuso y su prenda.
***
En la boda de ayer, emérita,
hubo pastas, dulces, frutas,
maricones y hasta putas.
¡En fin, que estuvo requetebonita!
***
En el camino del Ayuntamiento
han levantado una ermita
con un letrero que dice:
¡maricón el que dimita!
***
Como no deja cicatriz la niebla
sobre la colina verde y oscura;
el maridito, como mierda de oveja,
escupió sus pelotas de carnera.
***
En la ciudad de Halifax
Almeida tomó hash,
pese a la copa de aguá
o a su pollá, menos que ná.
***
Lo primero el corazón,
y lo segundo, el trasero.
Como el prócer es bujarrón,
lo segundo es lo primero.
***
Los escolásticos distinguían tres tipos de ignorancia. Ignorantia simplicis negationis, ignorantia privationes, y, finalmente, ignorantia dispositionis. Y desconocían el currículo abisal, la ignorancia galáctica y fenomenal, de don Pedro Sánchez Pérez-Castejón.
***
TEL AVIV
El murmuri dels vents commou el nauxer.
De pressa! de pressa! les ones s´aparten…
s´apropa el que és lluny: veig terra ferma.
***
“La vida es una cosa complicada y difícil, imposible de definir, que consiste en ir tirando”, J. Pla.
El autor, en los años fastuosos de su juventud, con gran dispendio cognitivo, estudió Lógica Matemática, Teoría de Conjuntos, Teoría de Modelos y Álgebra Universal, hasta un nivel medianamente avanzado. Y adquirió y asimiló niveles universitarios de Filosofía e Idiomas. Fueron tiempos en que era honroso y bien visto ser un estudiante brillante e inteligente.
Por desgracia, unas décadas después, se dedicó a cultivar el campo pitañoso, embarrado y “borderline” de la Literatura, a cuyos dos o tres lectores fieles les comunica, “més content que un gínjol”, que abandona ya la empresa de un modo definitivo, terminante y completo.
El autor desprecia tener que ponerse a estudiar marketing digital, convertirse en publicista, o hacer el payaso como cualquier mamarracho youtuber o influencer. Si los relojes multiplican de modo exponencial las horas muertas y analfabetas de esta civilización, si en su noche no se contempla a corto o medio plazo la presencia del alba, si la honda niebla en el puente de hierro precipita el tren nocturno al vacío, el autor se retira a las cámaras de su pazo orensano y desiste de la literatura y pretende solo leer y estudiar con paz e impasibilidad de espíritu. El autor es capaz de expresar lo que tiene atrapado en la mente, el público es incapaz de desentrañarlo. Al 99% de la humanidad, tipejos como alhajuelas vendidas por gitana, solo pueden cristalizar de modo súbito su mente ante un “reality show”, el deporte o los onerosos ritos y fantasías del sentimiento kitsch.
Cada día es el día de La Fiesta de la Imbecilidad. Cadenas babilónicas atan a la plebe. El vulgo siempre creyó que sus bienes duran siempre. Acertó. Mi mente no se va a enardecer por ello. Para evitar la vulgaridad solo puedes estar solo.
El autor se avecina con el poeta francés François Augiéras, de personalidad rebelde, lúcida, clarividente. Un radiante «outsider» (desplazado») El mundo no estaba hecho a su medida y consideraba a la actual civilización absoluta basura. Extraterritorial, vivió siempre en los márgenes. Murió Augiéres en diciembre de 1971, precisamente el mes y año en que nació el autor.
El autor quiere ser libre en otros mundos y no esclavo de éste. Ser desleal a los privilegios capciosos del tendero y el funcionario, el burgués y el proletario, la familia y el Estado. Ser en cambio leal a los privilegios del estudio, a los beneficios de la investigación, la creación y la poesía. Ser leal a una belleza sencilla, ya que una piedra preciosa luce mejor engastada con sencillez.
El autor huye a Montañas, Bosques y Palacios de Nieve, con sus nubes rosáceas y doradas, con su biblioteca de clásicos y olor a caoba. Ahí el vivir es infinitamente deleitoso y grato. El ecosistema literario formado por escritores y lectores mandriles es un aula de párvulos con déficit neural. Mejor muy lejos.
Camino a pasos agigantados hacia la muerte. Pese a peajes inexcusables (las tres o cuatro tragedias circunscritas en cualquier vida humana medianamente larga), fui templadamente feliz. Temo y deseo a la muerte, con esperanza, sin convencimiento. La acepto serenamente y la niego sanguíneamente. Su espíritu invisible se agazapa y pronto pondrá en mí sus garras. Nadie recuerda de dónde viene, nadie sabe adónde va. Chesterton creía que la muerte traía una llave con la que podría abrir todas las puertas devolviéndole el glorioso regalo de los sentidos y la sensual experiencia de nuevas sensaciones. Ni afirmo ni niego. Sea cena fría de los gusanos o portezuela a un mar casi secreto, me importó (e importa) más la vida que la muerte.
En vida gocé de verdes madrugadas adriáticas, ciruelos en los jardines de la Ribeira Sacra, olores, desde el alhelí a la retama, sombras de olores, desde la azucena al maizal. Me fascinaron ciudades, y, a la postre, la Naturaleza, que empuja, conmovida, irremediable, suelta y rebelde. Leí y sentí la Belleza de las mujeres, aunque ignoro su alma. Palpé el atirantado pecho de prostitutas cuyo lujo era su hermosura. Leí al griego, al medieval y al contemporáneo. De joven, me adentré fugazmente en las matemáticas. Estudio, estudié y estudiaré. Brilló mi modesta sangre bajo el sol, sangre que dentro de poco beberá la tierra.
Pero el Mundo se convirtió en un lugar desafecto. Creo que la demanda de buenos libros no era en tiempos la que hoy. Leer no es un entretenimiento general. Ni los comerciantes, ni los burgueses ni los caballeros consideran deshonra la ignorancia. El saber ya no le vale a un hombre tanto como antes. Empieza a ser una excentricidad ver casas con armarios llenos de libros.
Soy consciente de que mi pesimismo y fatalismo es propio de quien reniega o no comprende el siglo XXI. Me importa una higa o un bledo la revolución sociocultural de Internet. Converso con difuntos, con pocos, pero doctos libros juntos.
Muchos nos hemos acostumbrado a que nos rodee una manada inmensa de zombis. Cuerpos derribados, almas derrumbadas, cadáveres que se arrastran. Uno no puede luchar con los elementos de su época.
***
El libro que el lector tiene entre sus manos forma parte de una trilogía. La componen “Diario de un esquizofrénico”, “Pertinencias e impertinencias” y este “Diario del falso aristócrata” (todas publicadas por Elcercano) Culmina aquí mi obra, sin apenas o nulo eco, la verdad. Dios o Zeus ojalá me den algunos años más para pulir mis poemas y añadir alguno que otro. Solo quiero leer y caminar por la comarca, leer y observar a los pájaros y al cielo. Es mi senda honesta de la virtud. Nuestra época desprecia todo lo bueno. Los hombres callan o aborrecen la virtud. Pero la virtud no necesita nombradía ni aplauso del vulgo.
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La trilogía, y mi existencia entera, se cobijan bajo la égida del mejor y más excelente ser humano: mi madre, María Ángeles Gómez Carballo. Solo ella me justifica.
En mi juventud, campo propicio para la especulación y las poéticas, creí que los tropos no son producto del ingenio de los escritores, sino modos necesarios de expresión, que constituyeron el lenguaje esencial de los pueblos primitivos y no solo de los poetas. Creí que era la primera necesidad de la mente humana, un medio natural de autoexpresión anterior a la prosa.
Ya en la madurez rotundamente afirmo que se tambalean todas mis convicciones. Me interesa hacer un buen poema, no así inquirir el abstruso tema de la naturaleza de la poesía. De alguna manera mis ideas hoy se avienen con el famoso artículo de Eliot en su colección de The Sacred Wood, el famoso artículo –decía- “Tradition and individual talent”.
Terry Eagleton ha resumido con acierto la idea central del ensayo de Eliot:
“Las grandes obras de la literatura forman entre sí un orden ideal, ocasionalmente redefinido por el ingreso de una nueva obra maestra. Los clásicos que ocupan el estrecho recinto de la tradición hacen sitio cortésmente para que tenga cabida el recién llegado, con lo cual presentan un aspecto diferente. Ahora bien, como el recién llegado, en una u otra forma, ya se hallaba desde un principio dentro de la tradición, pues de otra manera se le habría negado la entrada, su ingreso sirve para confirmar los valores centrales de la tradición. Dicho de otra manera, la tradición no se adormila jamás: en cierta forma misteriosa prevé las obras maestras aún por escribirse, y aun cuando estas obras, una vez escritas ocasionen un nuevo avalúo de la tradición, ésta las absorbe sin dificultad”.
La fuerza de la tradición condiciona todo trabajo creativo, y, al valorar la experiencia de un escritor, hay que tener muy en cuenta sus experiencias literarias.
***
El polvo no se mete con nadie si no se lo hurga; si lo dejamos descansar no molesta. Si alguien me lee me gustaría que prescindiera de polvo erudito, polvo que, al sacudirse, limpia, pero no resplandece. No hay crítico verdadero si no se niega a sí mismo y a su utillaje jergal, y no se pone en el lugar del poeta.
Que se sepa que detesto al crítico oscuro; que digan lo que quieran, pero que al menos se entienda. Descreo de lo barroco, indisciplinado y oscuro. No hay peor época que aquella que no está convencida que no decir las cosas con claridad es no decirlas de ningún modo. Clarín:
“Nada más hermoso y útil que la erudición fecundada por el ingenio; nada más inútil que la manía del papel viejo profesada por un espíritu opaco, adocenado y estéril”.
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Estoy a años luz de igualarme con el verso a Virgilio y con la prosa a Tulio. El emperador Maximino el Tracio, descomunal y bárbaro, cuando le aconsejaron aflojar en sus enormes empresas respondió: “Pero es que cuanto mayor sea, más por ello debo esforzarme”. Frase impropia de un bárbaro y que invita a evitar la acediosa holganza.
Si los dioses me proveen de un extra de tiempo, intentaré reescribir mi trilogía publicada o fragmentos antológicos de la misma (única obra de la que me hago responsable y que solo permito que reedite mi albacea)