Papá

PAPÁ
De “El fals aristòcrata”

Ahora educan las discotecas, Facebook, la pandilla, Instagram,
el haxix, la pandilla, los videojuegos, te lo juro papá.
Nadie ayuda con su propio bolsillo a los necesitados,
la ropa y los labios de la gente recuerdan sus malas horas,
no se soporta el castigo ni el útil consuelo,
los secretos y las virtudes no se guardan bajo llave,
el ardor no se acomoda con la razón,
se apaga la estrella de Dios en un río de juglerías,
los cangrejos de las tabernas de Sitges saben insípidos,
pero mamá se viste como una señora del siglo XIX si vamos a cenar.
Este mundo no sería tu tipo; ni es el mío, la duda ofende.
Los pensamientos se expresan fuera de las elegantes palabras,
el cielo es un juicio falaz de gasolina de avión feo,
la plebeyez de turistas un insoportable tsunami,
la neblina de Zara un turbión de gas que no deja respirar.

 

Os agradezco la tradición, el stylo que me legasteis. Las clases
de pintura y música privadas, la fe que en mí vive.
Cuido mucho de mamá.
Cuido de mamá y cuido el desdén robusto, solidísimo que siento por la realidad.
Ahora educan porros, discotecas, facebooks…

 

Mamá

MAMÁ
De “El fals aristòcrata”

 

Eres mi única aurora en las extrañas regiones del éter,
y la cortesía y anchura de tu amor
una carta tan hermosa que no puede sino llegar a destino,
o renovar a cada instante un mundo sin cepos ni insolencia.
Solo tú me has amado en esta vida.
Solo pido excusas ante tu amor sin medida.
Y la muerte no finiquitará el contrato.

 

Los filósofos terrestres

LOS FILÓSOFOS TERRESTRES
De “El fals aristòcrata”

 

Los filósofos terrestres expresan un necesario Orden, pero vil,
no hojaldrado. Cuidan lo que no importa. Su aire es de Padua
leprosa, de Eurídice loca, de flujo de ingresos y creaciones de capital.
Lo que no importa. Necesario, pero no importa. No importan
los antidisturbios, la utilidad de los bienes, sí el poema
concebido como un lujo sexual celeste. Los filósofos terrestres
son negro sueño de alquimista déspota, niebla y graznido
de glaciar sin gloria. Relevantes son las nubes sin hormigón del cielo
y la palabra de Dios que acaudilla la materia inspirada, y el esplender
de algo de nieve cubriendo los cordones del zapato.
Cacarea filósofo terrestre hasta el fin del mundo.
En su lugar es celeste el biombo de seda que grita dentro del sol,
o mi paseo por El Sendero de los Tristes, cuando pensamientos
acrobáticos, lujuriosos y rococós me poseen con lascivia
y mi cerebro piensa con el mismo cerebro que un caballo
ese mismo que acabé de ver bebiendo en la albarca
y mi cerebro piensa como verde cerebro de helecho
y los ciervos lamen mis muslos con fruición
y emergen palabras con piel de abeja, y palabras-oruga,
y emperador celeste o pontífice de las moscas, pienso y siento, vivo.
Los filósofos terrestres cuidan de sacarme mi pajarita de seda.

 

Bendigo los dones celestes de la tierra y el lujo y la amistad y eros,
bendigo el planeta de los vivos lirios de Neptuno,
al cardenal Augusto Bompiani que acaba de sodomizar a la hija del Papa,
a la elemental Paola Alfonsi por su nada elemental belleza.
Bendigo el celeste azul de mi pasta dentífrica sin el moho
que le ponéis los terrestres. Los filósofos terrestres reyes
de esta Era de Sota de Copas Vestida con Zara.
Cuidáis lo que no importa.
No pondréis vuestras sucias manos en mi corbata de seda.