A los pocos que logran mi altura

Mi otoño: el campesino sin aflicciones

encendiendo el fuego y ninguna tormenta

cerniéndose sobre el bosque, entrar en la calma,

lejos del mundo y sus peleas.

Los hombres son gusanos de casco rojo con uñas sucias.

Epicuro: “No me preocupo de agradar a la masa.

A la masa le gusta cosas que yo desconozco,

y lo que a mí me gusta sobrepasa su entendimiento”.

En pie sobre una barca, solitario, sin compañía

de insolentes bestezuelas. Para mí la Belleza

o mi Mente cuajada de sí misma.

Gobiernos y votantes calzonazos, babuchas mohosas,

España tatuada y atrozmente mediocre. Mío:

hojas de morera con gusanos de seda, monasterios

con hechizo y caracoles, ser en un punto quieto,

la duermevela en el campo de conchas,

la nieve que pisa el País de los Gatos. Para mí

la casa en calma, apacible, suspensa, mi mundo en orden.

Lucrecio no calla: barrizal espeso de diamantes,

silenos para las coníferas dentro de la Luna,

iglú de soledad y bendición del silencio.

La casa en orden, mis libros, mi mundo en calma.

Mi otoño: irme lejos, apartar de mí la mediocridad

brutal, el olor a bistec requemado y acelgas.

¿Qué leyes rigen “felicidad” y “desdicha”?

¿Quién dirime “éxito” o “fracaso”?

Cuando en el edificio gritan como bestias,

cuando el Parlamento farfulla su vacío,

yo releo a Horacio, Euler y Wang Wei, y vuelvo la vista

a mis colinas de los cañones del Sil.

Canciones de trilladores flotan en mi memoria.

Cantos de pescadores se oyen a lo largo del valle.

Mi lema fue: “Láthe biósas”, “Pasa inadvertido por la vida”,

“Vive sin hacerte notar”, “Vive oculto”. Mi destino

fue medirme con los genios y despreciar al vulgo espeso.

Ahora mi voz cruza las avenidas de savia del Universo.

Puede ser una imagen de lago, montaña y naturaleza

A Emil Man Martínez

Tenemos Genio e Inteligencia.

Somos Príncipes de la Mente.

Los pocos que saben, saben que somos

dos de los escritores más notables de estos días.

Trivial el nulo renombre entre la tromba logorreica

y el mero chirrido vacío de los Mediocres.

Somos Príncipes.

Nosotros sabemos que lo somos.

Algún día, junto a los poemas de los grandes muertos,

alguien leerá deslumbrado nuestros poemas.

Esmeraldas y delfines corren por nuestros dedos,

Mar de Sargazos preñados de mandrágora

donde nuestra Luna arriba se hace exacta.

Nuestra es Troya y el calipso, o selvas de Tebas

y asfódelos sin reguero de hormigas.

Somos Príncipes. Nuestros Poemas:

muebles eduardianos comprados a medida

en anticuarios de Florencia y New York,

grandes ventanales de cristal por donde pasean

jóvenes hermosas y desnudas con labios de mermelada,

biblioteca de centellas repleta de los más nobles nombres,

piscina con vistas a la bahía, mayordomos,

domésticas, vírgenes, cuadros italianos, cocheras, Gloria.

Variaciones a un poema de Kalidassa

Como una muchacha que sale

de las aguas a la orilla, con el bikini rojo y

húmedo marcando sus pezones,

mi alma es estrella de mar bajo la Luna.

Alma que exacta dijo Pessoa: “Para ser grande,

sê inteiro: nada / teu exagera ou excloi. /

Sê todo em cada coisa. Poe quanto és /

no mínimo que fazes.” Para ti, hipócrita lector,

bisbiseo de ardilla en el patio,

que sabes poco del ceceo de mi mente,

y sacudes la cabeza, entrecierras

los ojos entre el desorden de mis páginas,

y salta clara y limpia tu alma indiscernible de la mía,

para ti escribo la Idea de este poema.

Las dos vías

¿Por qué esta vana e inútil palabrería?

Solo dos mundos valen nuestra devoción:

la biblioteca del sabio repleta de editio princeps,

sosegada frente a la locura de todo,

inflamada por largas y silenciosas noches de lectura,

o el desierto del estilita.

Diario de una soledad 3

Nací en la burguesía hacendada culta, con muebles de estilo eduardiano y salas espaciosas de techos altos; éramos señores de Barcelona, en una época en que el dinero lo tenía quien debía tenerlo.

Libros en cuatro idiomas encuadernados en pieles negras, chimenea de madera maciza tallada, cerámicas azules y blancas, flores rosas, restaurantes de categoría no discutible, mesa de juegos, sofás decorados con chales, suelo encerado y conversaciones muy inteligentes a la hora de comer. Vivir ahí era como vivir dentro de la opulencia del Arte.

Mi madre se muere. Se acabó aquella dulzura intemporal de la existencia. ¿El ahora? Periodistas sub-dotados sacando hilo (o embrollando) subnormalidades deportivas, rosas o de mero magazine. Libros recargados de ignorancia de la gramática y con aventuritas de capa y espada. Horrorosa y analfabeta España tatuada.

Nuestro carácter gratuito nacía del optimismo. Ahora priman pasiones mezquinas y vulgares, brutalmente desatadas. España intestinal.

No contenerse representa una inobservancia de los debidos modales. Pero constatemos: mi madre ha sido deleite, excelencia y distinción para mi mente; vosotros, vil basura.

Diario de una soledad 2

En el mundo, hay Academias de todo jaez. Sabemos que Tasso, en Padua, ingresó en la Academia de los Etéreos (donde estaría hoy el vaporoso Sánchez y la insustancial Irene Montero) Y que en la corte napolitana del Conde de Lemos, estaba la Accademia degli oziosi, de la que se lamentaba no pertenecer Cervantes.

Y en Valencia, lo explica Ludwig Pfandl, en el s. XVII había una que se llamaba Academia de los Nocturnos, en la que todos sus miembros tenían un sobrenombre «nocturno»; Silencio, Miedo, Sombra, Tinieblas…

Aunque la mejor es la desternillante Gran Academia de Lagado, del Viaje a Laputa, en los Viajes de Gulliver. Nuestra Academia discute sobre «solo» y «sólo». A las mientes traigo a Séneca: «Nunc quae dementia est superuacua discere in tanta temporis egestate?»

Entre el 8M y estos Académicos gagá, recordemos a Petrarca:

«A ti quizá, si, como mi alma espera y pide, has de sobrevivirme largamente, te aguardan mejores siglos: no ha de durar para siempre este sopor letal…»

Inminente

“Sobre el inmenso abismo nadan, raros, los náufragos” Virgilio

No hay bosques de brujas o sombríos cepos

ni grutas oscuras en la hermosísima patria

de tus ojos. Unos pocos días (o bien horas)

y se apagarán para siempre. Todavía juego

lo que resta de las tardes contigo. Tú eres un mar

negando el abismo, y yo un náufrago siempre

bañado por tus estrellas. Aurora blanca entre

las negras regiones del éter, tú mamá,

dorado centro, mi amada, esculpes

las coronas de la Luna. Me educó tu armonía.

Te vas durmiendo lentamente. Protégeme mamá.

Autobiografía

Oigo cómo me acompaña el bosque,

acepto mi genialoide y única soledad.

Aquí acostado, según el ritmo

de las páginas de energía silenciosa,

dulcemente espero la muerte.

“Soy y fui grande.

El Arte es el que se ha hecho pequeño”.

Mi mente arde. A falta de sol, o de luz,

mis palabras madurarán en el hielo.

…Polainas de Grub Street, novelitas

como gazettes ulceradas sobre

el pavimento de las banlieues...

Uno se cansa de escribir bien.

Espero el olvido.

Diario de una soledad 1

Mi madre enferma, mucho. Mi padre muerto.

Tengo ante mis ojos la fotografía de mis padres cenando de noche en un restaurante de lujo. Él, satisfecho de sí mismo, mira a la cámara como un actor de moda seguro de gustar. Mi madre, con una mano en la mejilla, lo mira arrobada, enamoradísima, llena de suntuosa y alegre gloria. Detrás, burgueses muy bien vestidos, supongo que hablando de las viñas, casas en la playa, importaciones y otros “costumas rica”.

Se podría coger la luz del restaurante y ponerla dentro de un ánfora griega, de un río poblado de peces de oro. Papá y mamá tienen las copas de champaña a rebosar, como si de ahí procedieran todos los pensamientos mejores y de ahí salieran las Lunas del resto de noches por venir.

Retumba en torno el verso de Dante (Inferno, Canto XXVI): “Fatti non foste a viver como bruti / ma per seguir virtute e conoscenza” (No naciste para vivir como las bestias, sino para seguir virtud y conocimiento)

…

En la foto mi madre está embarazada de mí de pocos meses. Lo que entraña impulsos instintivos y deseos primitivos (alucinadamente benevolentes) respecto al hijo.

Hacia mí debieron tener altas expectativas, ambiciones, sueños, altas y hermosas conjeturas. Mi vida modificó esos sueños y deseos, y los convirtieron en pesadillas.

Pero pese al infierno en que convertí sus vidas, siempre hubo amor. “Fuiles queriendo bien, que siempre traía pan, pedazos de carne, y en el invierno leños a que nos calentábamos”. Lázaro asocia la felicidad a objetos materiales; en casa la asociamos (yo la asocio) a imponderables inconcretos y sutiles: afecto verdadero. Y, siempre, pese a las tormentas que causaba mi cabeza, hubo amor. Entre mis padres y yo “más dulzuras hubo que Ovidio escribió”.

Tomás Moro: “Aman apasionadamente estos jardines; en ellos cultivan viñas, hortalizas, hierba y flores. Los cultivan con esmero, tanto que nunca he visto nada semejante en belleza y fertilidad. Los amourotanos gustan de la jardinería no solo porque les entretiene, sino por los concursos de belleza organizados entre las diversas manzanas. Difícilmente, en efecto, se podría destacar un aspecto de la ciudad más pensado para el deleite y el provecho de la comunidad. Cosa que me hace pensar que la jardinería fue de especial interés para el fundador”. Mi familia fue un jardín donde, pese a la cizaña surrealista que yo representé, en él las flores se distribuían con presteza, orden y clasicismo.

…

Recuerdo ahora a mis papás grave y severo y triste. Pero me expando en innumerables y opuestas direcciones que van a dar al mismo lugar, rememorando siempre su ternura, tesón o creencia en mí.

Agradezco al destino que los pusiera en cada vuelta y revuelta del camino.

Ahora estoy completamente solo. Si los recuerdo, no todavía abandonado. Pero compactamente, terminantemente solo.

***

He de escoger los párrafos que quiero leer o releer esta tarde y a la noche. Y disfrutar del sofá donde los sábados por la tarde, hace más de cuarenta años, me sentaba en medio de cada uno de los dos para ver una película. Y notaba sus manos posadas en mis hombros.

Vuelvo a los viejos Momentos. Demasiada Melancolía en el Corazón.

Diario de un esquizofrénico 93

(El falso aristócrata se despide de ustedes)

Lionel Trilling arguye que la diferencia entre Dreiser y James «es la sempiterna creencia americana de que existe una oposición entre la realidad y la mente, y de que se debe tomar partido por la realidad» El realismo empírico y mostrenco, los hechos pelados, la apología de la taberna, suelen prevalecer en las literaturas (y en el gusto lector) a aquella literatura como análisis de las capacidades mentales abstractas, de la interiorización, de la constante distinción de tipos humanos y la elucidación de sus propósitos, sensibilidades, valores e intenciones.

El grosero sentido común, el tópico sentimental, son más frecuentes que el esclarecimiento de la variedad, la dificultad y la complejidad; porque la llanura realista es multitudinaria, municipal, y la altura de las cumbres, el refulgir del hielo en las cumbres, plateado y ligero como un pez, allí donde moran leopardos solitarios, esas cumbres son atributo o patrimonio de las felices minorías capaces, de artistas de potente y singular visión y una gran voluntad para no desfallecer defendiéndola.

La literatura (y los escritores) son un trozo o miembro de la sociedad, y si los hombres en la sociedad se inclinan con (poca) tensión espontánea al realismo y abdican de la mente y la inteligencia, nada extraña que una alta frecuencia de obras literarias sean chatamente realistas y sus ingredientes mentales poco más que remociones de periodismo barato y sugerencias de magazine.

El crítico Sven Birkerts explica como una serie de alumnos universitarios suyos fueron totalmente derrotados por Henry James. Más que la dificultad del lenguaje, el estilo, el vocabulario, la mampostería lingüística; más que los giros de la mente jamesiana, o su peculiar ironía, o la época pretérita de la acción o el singular pathos moral; más que las alusiones indirectas, los modos arcaicos de caballerosidad; más que las elipsis, o las añejas costumbres; fue TODO, TODO James lo que no entendieron y los dejaron in albis. Les derrotó no esto o aquello en particular, sino TODO en su conjunto, el TODO en su armonía y dinamismo.

¿Qué ocurrió? Las suposiciones implícitas de los estudiantes, la asunción más o menos conscientes de sus mitos, su velocidad moral, su forma de integrar experiencias, su crianza con la televisión y los ordenadores, su posibilidad o límites de inteligibilidad, sus libros culturales, su tempo de concentración y atención, eso y mucho más definían un nuevo paradigma INCONMENSURABLE con el paradigma de Henry James. A ambos los separa una falla de orden epistemológico y, me atrevería a decir, también de tipo ontológico. Eran especias distintas en planetas con hábitats distintos.

La filigrana y el esmero de la mente de James opaca las mentes discotequeras, fiesteras, ruidosas, electrónicas, despistadas, superficiales e unidimensionales de los estudiantes universitarios que lo leían. Vivimos en una cultura en franca y exponencial disolución. Con bárbaros y ágrafos sentimientos de la vida, con ilotas pensamientos de articulación balbuciente e inconexa.

La música no es humanista (por tanto es incapaz de educar, es una música desencajada de la trascendencia) sino que apela a rugientes deseos sexuales, a la mera experimentación de la posesión coribántica; las inferencias que los estudiantes extraen de sus observaciones son desamuebladas, superficialidades, agusanados clichés; el cosmos moral se reduce a los juegos frívolos de los programas de telerrealidad o a las interactuaciones apocopadas y anónimas (y agresivas o maleducadas) de las redes sociales; se descree del cartesianismo cambiándolo por la emotividad expresiva; estos universitarios no son capaces de distinguir entre lo sublime y la basura, entre la profundidad y la mera propaganda; el deleite, el consejo y la sabiduría, el heroísmo y la bondad, se degradan debido a un consumo tropical de información audiovisual. Sus mentes no influyen sobre sí mismas porque se desparraman en el acicalamiento social de la hiper-conexión, de esos bucles lúdicos (y adictivos) que niegan la meditación, la divagación creativa, el autoconocimiento, que los impiden estando como están inmersos en un ininterrumpido «divertissement» banal.

Además leen libros cuyo desmenuzamiento o clave hermenéutica es extraliteraria. Libros cuyo libro de instrucciones está en la música popular, el cine, la psicología de las revistas de autoayuda, las evasiones parasicológicas o esotéricas tan pasmosamente irracionales, en una especie de historia como «atrezzo» vulgarísimo y ecléctico y de cartón piedra, o en la imaginación cibernética, o la iconología «pulp«, o los antihéroes mafiosos y delincuentes, etc…Asimismo el conocimiento se desprecia y orilla en aras de la diversión y la expresión como moneda de más peso en la tabla de valores ( «¿Por qué debo ser culta si yo solo deseo expresarme?» dijo en una entrevista una artista de éxito)

James escribía libros que remitían a un lenguaje literario, a unas densas resonancias retóricas, y a unas fuentes o influencias librescas tan ricas como clásicas. Eran libros ahormados en la tradición literaria, que se montaban a lomos de esa fértil tradición. En esa época los libros eran esquejes de un tronco literario anchísimo. En el nuevo paradigma de estos estudiantes derrotados por James los libros con que se nutren son mónadas sin ventanas a la tradición y a la anatomía literaria, y el idioma es poco más que un sucedáneo (como arenque reseco) del lenguaje periodístico, un lenguaje de tele tipo o de crónica de sucesos.

Era de esperar esta decadencia. Acaso uno de sus orígenes se encuentre en la universalización de la educación a finales del siglo XIX. El infierno suele estar empedrado con un camino lleno de buenas intenciones. Una educación pública que creó un nuevo tipo de hombre, el patán que sabe solo a base de píldoras, el estúpido que pretende refinar su mente, pero carece de la suficiente diligente inteligencia.

Nietzsche ya señaló que la educación pública universal representaría una debacle colosal para la cultura. A mi juicio su profecía se confirma más cada década que pasa. La democratización y el igualitarismo tienden a nivelar por un rasero muy bajo. La única vía regia para cultivar la humanidad es mediante la lectura reflexiva y perspicaz de lo mejor que se ha escrito y pensado. Y la Universidad ya no obliga a estudiar a Platón, Shakespeare, Cervantes, Montaigne, Kant o sus pares, sino a feministas homosexuales, negros anarquistas, o hermafroditas obreros, o a aprender un mero inglés comercial, o a saber cada vez más de cada vez menos hasta saberlo casi todo de prácticamente nada.

En las Facultades de Letras o Humanidades se ponderan obras obviando la consideración del mérito o demérito objetivo de su contenido (idea, incluso, la del valor regulativo de la verdad, que también se pone en entredicho mediante sofisterías verbosas y plúmbeas -triste cultura que no solo desprecia la verdad, sino el ideal de verdad) Sumemos a ello que el nuevo soberano es el ordenador y lo multimedia, una especie de irrealidad que convierte la mente en un erial yermo, en un secarral sin aguas que lo puedan regar.

Tolstoi, Shakespeare, Platón, Milton, Quevedo, Valle-Inclán, Emerson, Goethe, Cicerón Tucídides, Suetonio, etc. todos son derrotados en la nueva Era de Google, que aniquiló a la Era de Gutenberg. Dada esta miniaturización de la mente, después de Henry James todavía quedan los anabolizantes didácticos de, digamos, John Grisham, Pérez Reverte, Mónica Carrillo, etc…pero, si mi profecía no es una mera alucinosis, insensiblemente se irán sustituyendo por las películas de Hollywood, las series de Netflix, los vídeos de You Tube, Pinterest, Wikipedia, Shakira, Bollywood, Disney, las telenovelas, el hip hop, el reggaetón, y demás plaga anti-intelectual y espectacular [Nota. Aquí no es dable elegir entre la mente o la realidad, sino entre la realidad y sus excrementos. Fin de la Nota] Las cuñas de ese «enterteinment» cultural, del «mainstream» cultural global, se afilarán cada día más hasta romper esa medio cultura («mid-cult«) -ella misma una parodia chusca de la alta cultura- y lograr que casi todo el planeta consuma esos detritus o palomitas grasientas.

En sus cuevas héroes del Ancien Régime mantendremos esas islas de arcaica conservación llamadas Henry James y sus iguales. Gracias a esos héroes monásticos, a esos eremitas solitarios, veremos un renacimiento intelectual en -pongamos – dos o tres siglos. Yo no permitiré que Madame Récamier enseñe un piercing en un «after-hours«. Si millones de seres espirituales vagan invisibles de un lado a otro de la tierra, me vestiré con galanas ropas curiales cada vez que entre en mi voluminosa biblioteca. No permitiré que Madame de Stäel quede narcotizada y estupidizada frente al televisor. O que Cromwell se compre una barbacoa, un chándal y escriba «pósits» de autoayuda en la puerta de su nevera. Juro que evitaré que Mozart desayune Coca-Cola en un MacDonalds. JE VEUX LA VIE SOLITAIRE.

Postscriptum: Yo no fui engendrado en un cafetucho de Calcuta. Normal mi orgullo de clase. Mi familia no proviene de la estirpe gangrenada de los mercachifles. De ahí mi blasón. Creo que nos anega un diluvio de barbarie. Hay dos rangos sociales: los ilustrados y los vulgares; alcanzamos tal cota de decadencia que los vulgares no se saben vulgares o bien presumen de su locuaz vulgaridad.

Soy un señorito esnob; juzgo la leche en polvo, la comida enlatada y los best-sellers una blasfemia, algo que irrita la mente divina. Baudeliare condenó la fotografía como un sacrilegio que permitía a la vil multitud contemplar su propia imagen trivial. Y ahora, para más inri, la orgía de los selfies. Con los libros baratos, el cine, la prensa, la radio, Internet, desaparece la vida interior. Creo que es obvio que en la vida pública existe una tiranía de los menos valiosos y más necios.

Pero si algún lector me considera un vanidoso desmedido, un fatuo presuntuoso ridículo, permítaseme esta íntima confesión; yo, Christian mi nombre, también tengo en la estrella de mi destino ser «massa damnata» o «massa perditionis«. Vale.