Al honorable Comité del Premio Nobel de Literatura.
Ilustrísimo Comité:Honorables personas que formáis parte de este Comité:
El doctor Christian Sanz puede considerarse un hacedor inestimable del feminismo, y de la paz personal y social con su obra relativa al conocimiento y mejora de transexuales, gente afroamericana y transformación de nuestra sociedad mediante la revolución. Adora los tebeos y el rock & roll, como se destaca (entre otras) en su aclamada obra «En busca de la pitufina perdida».
En el sutil terreno que desbroza las sombras y las luces, siempre se inclinó por las luces, pese a algunas sombras de machismo que moran en su corazón y encarecidamente desea expatriar. Pese a lo afirmado por sus ex-esposas en varias entrevistas de difusión internacional, podemos afirmar que en su corazón no anida la doblez, el whisky, la traición o la torcedura.
El humanismo del sabio Christian Sanz culmina una vida de investigación en la práctica terapéutica de la literatura al servicio de todos sus congéneres. Ha enseñado a miles de personas a sobrellevar el sufrimiento, al PP, mostrándoles la esperanza que une al cielo con la tierra. Su obra le hacen plenamente merecedor de este prestigioso galardón.
Reciban un cordial saludo.
Pablo Iglesias Turrión. Vicepresidente del estado autonómico ibérico.
Polvo no seré, ni reliquia en la nada. Ante el obispo, ante el rey, ante mis antepasados, ante los barrizales con luna y los ojos de los ciervos, se irá mi cuerpo huesudo, pero no así el afán de claridad e infinito de mi alma. ¡Jesús vivo! Es un paseo elegante la vida. La piel de los melocotones brilla en el más allá. El campo nevado insiste sus diversiones. Las estrellas altas son mujeres cuajadas. Eres invulnerable Señor y ninguna cruz puede matarte. La vida es un tufo dulce de leche de infancia. ¡In manus tuas! No se resquebraján ahora los labios por el duro invierno. y el alma no morirá encerrada en el vil cementerio del cuerpo. Las tinieblas no gozarán ahora de su maldito temblor ciego. No existen infiernos excavados en la lluvia, ni existen noches de soledad y Orfidal. No, la muerte no arrebata al Mejor de los Mejores,
y nosotros descansaremos en la orilla de un mar muy rubio. ¡Jesús es vivo!
(1) La vida es una amalgama caótica de dicha y turbulencia, un intercambio de crecimiento y decadencia, de éxtasis y agonía. El bello estornino con lentejuelas de la tristeza vale tanto como la plastificada -mema- felicidad de centro comercial.
(2) En el vino hay sabiduría, en la cerveza hay fuerza, en la ginebra hay atisbos de inmortalidad, en el vodka orquídeas heladas, en el champán poesía embotellada, en el agua hay bacterias.
(3)
En mi soledad / hay mucha sinceridad / sin pizca de verdad.
En mi soledad hay un barro bizarro y pitañoso, lo admito sin complacencia y moderado dolor. Sobre un fondo de cortinas desflecadas malvivo. Un fondo con a veces unos ponientes magníficos.
Por ignorancia y error la abrumadora mayoría de los hombres están tan ocupados en tareas suferficiales y en rudas monotonías que sus vidas tienen menos calidad que una sopa de pollo de sobre. El destino de cada hombre está determinado por lo que piensa y hace de sí mismo, y jamás por la opinión pública o la conducta -burda y sandia- de rebañego.
Nunca tuve amigos. Medito y contemplo en mi latebra. En mi madriguera no sueño un sueño con amigos. Mi soledad napoleónica se nutre de lo mejor que se ha escrito y pensado. O, también, de la energía del silencio que es una fértil, tropical orquídea con los colores de Dios. Y el hecho más glorioso de mi experiencia es haberme convertido en un irrefutable loco incurable.
Escupo sobre vuestras tumbas con olor a ajo y cebolla rancia. Son mejores los huesos secos de mi yo, es mejor mi cerebro agusanado de voces y alucinaciones visuales, a sufrir vuestra acebollada compañía.
Ningún asalto al banco podrá robarme mis riquezas, porque son soledad, fosforescente locura e inteligencia. Manteneos juntos unos con otros, calientes como cerdos en su corte. Pobres de espíritu.
Me gusta que mi vida tenga una amplia psicosis, como un hongo de Laponia afiebrado y visionario. El ganso salvaje es más bello y más rápido que el domesticado; mi locura tiene salvajes ramas y pensamientos opulentos.
Mi locura -vano insistir- cae desde cornisas marinas a salas donde gira el tetrarca. Un claroscuro con rumor de fruto, de tufo a lagar hondo, de orquestal y escamoso calabozo.
En esa soledad el mundo ya no descansa sobre principios, sino, y al igual que en la infancia, en inmaduros fragmentos. Fragmentos suavemente cosidos a la niebla.