¡Viva mi locura!

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Vivo en la Dalmacia obscura de mi locura con absoluta pachorra. Oigo voces de obreros construyendo la muralla de Jericó, a una niña rubia cuentacuentos, una especie de misas en latín arcaico, retazos aislados de versos surrealistas…Prefiero mi fatal vesanía a la cinemática, al correr mecánico zangolotino, marsupial, mandril y subnormal de la radio y la televisión. Meros seres inconcretos con una psique inconcreta resumida en píldoras pegajosas inconcretas.

Admito que mi locura, mis alucinaciones, son como un polvillo de ideas enzarzado a cardos algo molestos, pereo al menos disfruto sobremanera de su dimensión-y experiencia- estética. Sus palabras aleatorias no están preñadas de vacío, nunca siguen escrupulosdamente las reglas del juejo de la vulgaridad, remodelan y educan en la rareza, nunca en el tópico de maloliente axila sudada. ¡Viva mi locura!¡Viva mi psicosis! Si hubiera que asignar un género a la vida de un escritor literario, tendría que ser la tragicomedia de mis visiones.

Deseo de estar solo

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Aunque se deshiele un caniche en tu vientre,

aunque sonrías ubérrimo a la cámara,

pese a esa galleta de mar llamada «luna»,

pese a que te apartes aristocrático de este Imperio de pingajos,

en el fondo, la añoranza de soledad y olvido permanece,

y más allá de cualquier cosa, subsiste el brutal deseo de estar solo.

Disuelto en un ácido vinagre de supermercado barato

como el ladrido que meas, enfermo, sin gloria o maquillaje.

Aunque tu soledad no sea un jaguar que derribas a puñetazos,

es tu avitaminosis, la energía en los ojos de tu tumba.

Ayuso

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Al allegro feroce de tu busto y torso

opongo el andante con moto de tu labio.////

Estupendo encanto, dulce idea, fresno en la ladera, honor de la derecha

tu hermosa teta, Ayuso, león y lobo rebelde en la Barceloneta.////

Ayuso, no me importa el dumping fiscal

sino solo tu cuerpo mineral, astral,

que veo en la tele subnormal

-ay- solo de modo ocasional, eventual.////

Ayuso, si me traicionas con Agag

me envías directo al gulag;

pero si te casas conmigo

un negro mandingo

iremos a misa cada domingo

y al cielo de coca como Diego.////

Ayuso, de piel de aguarrás duquesa

alimento y corona de condesas

favor de los ojos de las marquesas

rosado soto de coños de princesas.////

La noche es una fiesta

si Ayuso mi soledad perdona

con su boca de endriago y sirena

con el tsunami de su vulva de hiena

mojada en la judería pepera y democristiana.

Ayuso: golondrina californiana.

Ayuso: mi musa antediluviana.////

Ayuso, sarracena, pícara, Venus y bruja

perpleja paradoja, resurja

tu belleza en la punta de mi boca

y sea el epitafio de la luna

tu blusa, tu cara, tu teta,

el potro abierto de tu falda delta.////

Ayuso, te unciré los pechos con nata

y los devoraré italiano y musical;

oh musa de la derecha

que echas somníferos y bombones al champán.

Te amo, Ayuso, barroca y remota

rotación pitagórica.

Besos a tutiplén de terracota.

Maradona

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Creo que fue Hölderlin -cito de memoria- que dijo que de la pura inteligencia no brotó nunca nada inteligible, ni nada razonable de la razón pura. He pecado en mi vida -y poesía- de un moralismo burgués rancio y chato, acaso como una psicoanalítica fantasía de amor compensatorio por lo mucho que hicieron sufrir a mi papá mis desorganizados límites y mis palacios del exceso. César Aria escribió hoy en frase feliz que admiraba al Maradona drogadicto y que poco le interesó lo que hizo en la cancha. Baja esta boutade o paradoja creo que late una profunda verdad; los dioses manchados de barro fulgen con una incandescencia de la que carecen los dioses apolíneos. D.E.P. pibe.

El imperio se desmorona

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Había solo lobos para alimentar a los lobos en las ciudades vacías.

Había solo canaille en los parlamentos y en los televisores

donde triunfaban, faute de mieux, contenidos a partir de impulsos

elementales de raro primitivismo y bajeza.

Un incesante chorreo de imágenes banales a velocidad medusea

cloqueaba en las mentes de las muchedumbres, meros idiot savant

con conexión a Internet que amaban la fama y odiaban la gloria.

Lobos, en fin, alimentando a lobos en las ciudades.

Invierno sin nubes ilumina esta noche el esplendor brumoso de Satán,

y mares infértiles mitigan el placer,

un ácido letargo, una febril y torpe náusea soñolienta

recorre la tubería de las imaginaciones,

una vena de histeria trocea el cerebro de las mujeres;

Yo te odio, oh mundo, última puerta del castillo desolado.

Maldigo tu música mongola sin la resonancia de botánicas celestes y liturgias crísticas.

Orino sobre la barbarie de tus ecos de holocausto

y defeco en la boca de tantísimos lelos gansos populistas.

Solo quedan lobos alimentándose de lobos.

Disculpadme. Estoy borracho y escribo mal, atolondradamente.

Los jinetes tártaros agitan sus lanzas,

las hogueras de campamentos godos humean en Roma,

los lobos de hoscas caras rojas rompen lápidas de cementerios.

Solo soy un pobre solitario que orgulloso se yergue ante la multitud unánime e idiota

y que sueña melancólico ahora mismo

con las redondas y orgullosas lunas de pastores antiguos,

y con el queso de Epicuro, junto a un verde, junto a mí, junto a un río.

Invierno

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Los jinetes tártaros agitan sus lanzas,

las hogueras de campamentos godos humean en Roma,

los lobos de hoscas caras rojas rompen lápidas de cementerios,

la lujuria de almas rellenas de paja retruena en los televisores.

Soy un muchachito soñador en su fría cueva anudando vacíos.

Soy un muchachito soñador con el alma coagulada de inviernos.

Sobre la defenestración de gusto y opinión

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En el mundo de ayer los árbitros del buen gusto no eran Jorge Javier Vázquez ni Ophra sino el círculo restringido de los miembros de la élite superior, los patricios de la inteligencia, que las clases subalternas admiraban. En mi aldea los domingos, o bien en los casamientos, nos vestimos de gala a imitación de unas supuestas calidades que vemos y no despreciamos de las capas altas burguesas. Lo mismo pasaba en la discriminación estética; las capas burguesas y proletarias fiaban y cedían su admiración a la aristocracia estética. El de arriba, por saberes y mérito, guiaba al de abajo, con menos saberes y mérito, pero que aspiraba a tenerlos.

Hoy Belén Esteban se vanagloria y jacta públicamente de su astronómica ignorancia, y la grey se admira. El reloj da las horas al revés, la noche es ya ahora el día.

Lo bello estético se arrecima en una serie de notas; afluye el orden, la mesura, la mensurabilidad, y la correspondencia rigurosa de las partes con el todo, porque el sentido innato de simetría y proporción es ínsito a lo bello; hay asimismo un no sé qué de vaguedad y ornamento en lo bello, un prurito como de ilógico imponderable, un sentido de indeterminación muy exquisito y propio; existe también una belleza funcional, es decir, en el objetivo, de ahí lo racional de una belleza (o fealdad) pedagógica, moral, política, religiosa, probablemente también ideológica; en el racimo de lo bello otra nota es su asociación a lo sensible y a Eros, su placer sentido de inmediato por el órgano espiritual; sí, hay como una elevación hacia la grandeza sensible e inteligible que turba. Esa aprehensión es cuestión de gusto no así de capacidad; por último la belleza auténtica subvierte, no es una simple y acrítica asunción.

La alta cultura y los prescriptores o árbitros de la alta cultura tienen una íntima relación con las ideas anteriores de perfección y excelencia. Algo ejemplar, perfectamente logrado, es a la vez bello y bueno. Una obra artística y un hombre -por ejemplo Cristo- pueden ser ejemplares, resplandecer, brillar, aparecer envuelto en claridad, esplendor y luz. Una obra y un hombre pueden -podemos- ser imperfectos, torpes, feos, moralmente errados y estéticamente patéticos. Levantar la energía emotiva, intelectual, y sapiencial es hacer gran cultura. La alta cultura estuvo tradicionalmente ligada a la clase alta, así como el kitsch o midcult a la clase media, y la cultura popular a la clase proletaria o campesina. Dante para los aristócratas, las figuritas de Lladró para los funcionarios y el fútbol para los obreros.

Hoy en día la posesión de la alta cultura solo pertenece a las capas cultas de la burguesía, cada vez más adelgazadas. Triunfó el comunismo, todo se ha proletarizado. Si en mi aldea imitamos vestimentas de ricos, los ricos imitan vestimentas de pantalones (tejanos rotos como los de los vagabundos) Hoy todo es cultura vulgar, mediocre, vulgarísima, lerda, brutal, básica, abajada. Se odia lo refinado, serio, genuino, elaborado, alto. El papa y el rey gustan de «selfies» y playeras. Se insulta y desprecia la tradición y la riqueza de referentes, la coherencia formal, la aguda penetración, lo central, la luz canónica. Se admira y gusta y admira lo abajado, la escasa o nula profundidad, el símbolo elemental, la percepción mezquina y embarrada, enmerdada.

Son los tiempos de Sálvame y Ophra y Trump, no de la Filarmónica de Berlín. Se goza la pandereta y se insulta o vitupera al violín. Las capas medias y bajas han impuesto su gusto ridículo. Triunfó el comunismo, no se engañen, la «masscult» es superdemocracia y aniquilación de la distribución jerárquica de las especies. Esto lo expresé poéticamente en mi libro “El falso aristócrata”, ahora lo hago explícito con conceptos y no con símbolos y metáforas. El mercado fabrica una cultura industrial hiperdemocrática para consumo universal. Esa forma cultural es la propia de la sociedad-masa tecnológica post-industrial. Nunca asumirá la dignidad de una cultura con “c” mayúscula. Narcotiza a un público al que nada exige.

Debe asimilarse y digerirse fácilmente (cultura-palomitas) Su dios es entretener y distraer, no la calidad (cultura- divertirse hasta morir) La banalidad es su segundo Dios. El criterio es el mínimo esfuerzo mental y el máximo rendimiento industrial. Calidad mínima significa si y solo si ajustado a lo bajo, nunca tirando o apuntando a lo alto. Se desprecia lo singular y la firma debe ser una suerte de onanismo público impersonal. Siempre hay que adular y dar gusto al «populus» (cultura-vulgo) Todo se asume en el vocablo mercancía, o sea, comprar o no comprar. No aburramos ni irritamos a las masas, es el eslogan capital. El comunismo cultural no es una hipótesis, sino un hecho social. La religión, el civismo, el arte, la educación, la ideología, todo se ha proletarizado, los árbitros o mandamases son ya los Trump, Campos, Matamoros, Ophras y sus pares en el sector correspondiente. La cultura humanista se proletariza. La cultura popular se proletariza. La cultura mediática se proletariza. La cultura digital o cibercultura se proletariza.

Proletarios del mundo, no hace falta que os unáis, habéis ganado. Ahora cualquier aspiración aristocrática se percibe como elitista e inmoral. Los bárbaros golpean con sus mazas y la gente gusta de esos varapalos. Los bárbaros ganaron la batalla.

El filósofo

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Se encerró en su gabinete

pensando en la inmutabilidad del ser,

pero sonó un sutil pedete

y -despistado- sus ideas cesaron de coser.

!No distraigáis al filósofo!

!No lo perturbéis con vuestro careto gallofo!

Oh siglo veinte y uno,

caballuno, chotuno, cabruno

con seso y alma entre tuno y vacuno.

Solo das miasmas como materia al filósofo,

ritmo penoso de cinematógrafo

y un público recién salido del zoológico.

Su mente mutó en esquizofrénico espasmódico.

Contra mí

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Necesitas una enorme dosis de afecto,

la misma que eres justamente incapaz de metabolizar,

la misma que necesitaba aquel chaval del manicomio

y al que tú en una reyerta le rompiste los dos brazos.

Tu corazón es una gaviota destrozada en la turbina de un avión.

Tu alma es piel chamuscada de judío en el crematorio.

Tus calzoncillos hieden a esmegma y tus horas a bilis negra.

Tu vida la encierran círculos ácidos de orín de gatos demoníacos.

Escribe con letras arial narrow la palabra «Christian»

y verás un espejo que refleja braguitas ensangrentadas

con el pespunte deshilachado debido a tus dentelladas de lobo.

Urge la inmensa sabiduría de la Nada o que de una vez

se disgregue tu memoria y tu cerebro en el caos esquizofrénico

igual a las yemas de los dedos abriendo cartas de hijos suicidas.

La soledad es un odioso músculo que mueve

lentísimo un pulmón de buey asmático.

La soledad son extravagantes noches lluviosas

en malos días de invierno.

Es un tenebroso soldado ruso estuprando sañudamente adolescentes.

Un bar de cuadro de Hopper.

Una titánica mina de gas nauseabundo.

Un frío polar que agrieta dulces memorias antiguas.

Un lupanar con ojos grandes de madres expósitas.

Una agonía que llena de rabia y pupas los labios.

No soportas tu soledad, pero te resulta emocionalmente insoportable la compañía.

Sin la niebla violenta que cloquea en tus ojos

no puedes ni respirar ni pensar.

Solo sabes escupir en las dulces arenas rubias

que liban las muchachas en las playas doradas.

Es ya demasiado tarde para el amor

y demasiado utópico elegir la bufonesca bondad;

Señor, Señor de la Luz, perdóname o condéname

porque fui -soy- un monstruo solitario y agresivo.

Que los torbellinos de la nieve me concedan

el silencio de la última compacta extinción.

Que la emperatriz herrumbre y arrugue el óvalo de mi cara.

Otra vez te arrellenarás en la butaca con la bandeja

para cenar solo y muy autista frente al televisor.

Otra vez la acedía galopará entre los restos de la comida.

Otra vez se entrometerá en tu sangre el asco hacia la humanidad.

Otra vez, mientras lees desganado por la noche,

sabrás que los libros son solo un montón de mierda.

Sí, parece ser que este mediocre poema

serpenteó hacia el rústico tremendismo.

Acábalo para compensar con un gesto clásico,

romano, sereno, civilizado, senequista.

Dispón la «gillette» en la cómoda, a punto,

toma montones de ansiolíticos, y, sin épica, sin grandeza,

sin estética y sin ética, como un trallazo y un ritmo

de coribántica Mnemosine alcohólica,

muere al fin igual a cómo has vivido

y acude muy presto a fruncir tu oscuro ceño con el infierno.