La sala de espera del vestíbulo provinciano,
el matrimonio, la atiplada luna,
la dentadura postiza dentro del vaso de agua,
los coches y el lunes y el hábito,
los Bancos, la cocaína, los confeti sobre el suelo
en el vagón del metro,
los aqueos, el cine, el jardín botánico,
la amistad y los ojos y la discoteca,
el amor y el espíritu y la biblioteca,
los bares de los polígonos industriales,
los párkings color índigo, color rata mojada,
la amenaza del alba, también la súbita gótica madrugada,
la sombra chata, polvorienta, ajada, triste de los bosques,
el metalizado psicópata y animal de la metrópolis,
los pasos de cebra húmeda, el adolescente y su
videojuego,
los palacetes con grifos de oro y sombras de fantasmas,
la poca luz que alcanza cualquier sabiduría,
Alejandría y un bebé solo en la cuna, Nogueira de Ramuín y una perrilla durmiendo muy quieta junto a mí,
el estreboscópico agujero del corazón,
las callejas, las aldeas, las verbenas, los museos,
la música rubia y lenta sobre los labios,
el jungle y las raves y las ermitas,
los poetas y los reyes,
la nieve que cuaja encima del campo verde,
la televisión gagá, la mercadotecnia mercachifle,
los tour operadores,
las escaleras mecánicas, los acristalados perfumes,
y kleenex y jeringuillas y coca-colas y tantas alcantarillas,
las verdes estrellas de la infancia de Jesús,
las rosas estrellas con mucho ser y poca nada,
los periodistas, las farmacias, las fosforescentes tiendas atiborradas…
a qué seguir…
todo retahíla de palabras o expresiones que proceden o derivan
de un único término omnipotente y universal,
omnisciente y no benevolente,
de esa negra palabra con bilis pegajosa
que en castellano llamamos, no sin temor ni nervioso temblor,
«soledad».
De la soledad como estado físico y sentimental
Todo lo extraje de los libros.
Mis nubes son de papel
y mis mares de tinta.
La isla de los jóvenes dulces
era poco más que una suma
de palabras. La hermosa mujer
un tropo o una obvia metáfora.
Pero mi soledad
durmiendo entre los bosques
abundante entre los ríos rojos
es real,
el rubor caliente de la soledad
como tropezar con grieta
de adoquín
o como anoréxica mirándose
en el espejo
es real,
las entrañas solitarias de mis ojos
como un sonido atonal
en el cerebro
son bien reales.
Soledad:
están tus dardos bien clavados en mí.
Soledad:
me estás abrasando
-desde siempre y desde nunca-
igual a una innoble victoria.
Sobre unas líneas de Montaigne

No me he enfrentado a grandes empresas,
el estilo de mi mente patinando alrededor de sí misma
mientras avanza por las galerías de sus enigmas
creo muestra un ser apocado, estepario y sereno,
el aspecto épico de mi verdad, es decir, mi tosca sabiduría,
consistió en decir poco y suspender mucho el juicio.
No crucé el Bósforo, no viví en Tanganika, las rojas espuelas de mis verdades
no enloquecieron a los negros potrillos,
mi vida fue una serie de colisiones con el pasado, no así con el futuro,
no me transformé en ángel o tigre o poeta memorable,
en general los días que pasaron fueron migajas de un pan bueno,
mi última noche en la tierra será ingrávida como una pompa de jabón.
No me batí en duelo con el capitán Drake,
no atesoro peligrosos y oscuros secretos de Estado,
no fantaseé con la inmortalidad (esa puta de lujo),
no subí a la cima de los reinos imponderables,
no poseo escándalos, ni locuras, ni patologías sexuales ni creencias extravagantes.
Soy incapaz de ordenar a los vientos o a los lentos sueños azules
que encrespen con rigor a las hadas de agua,
soy incapaz de perseguir los misterios naturales (parecidos a alquimias veleidosas)
que asoman en las entrañas de la música o en la turbiedad de la droga,
y he amado con discreción, sin entusiasmo, con ritmo pausado,
y conquistado solo como patrimonio esta pequeñita alma mía.
Cuando me dejen a solas con la muerte alabaré el rímel pródigo de tus ojos.
La ley de las estrellas fue mi cosecha; seguiste ese camino.
Escogí (¿te arrepientes?) una radical -casi inhumana- soledad y una vida lectora defendida de infortunios.
¿Pero, aún con modestia, supiste meditar y dirigir entonces tu vida,
acercado lo mejor a ti para poder dirimir y juzgar,
compuesto la mente con ideas claras y distintas,
enfebrecer tu corazón con altos pensamientos mortales,
ahuyentado los demonios y ciegas servidumbres del lacayo,
dañado a las mezquindades y a los instintos y sopesado tu inteligencia?
En tal caso has hecho el trabajo mayor de todos.
En tal caso eres tan libre como hombre.
Cita de Biedma
«Asombra comprobar de qué pocas cosas está hecho por dentro un español: somos muñecos de resorte, y así resulta de aburrido nuestro trato y de extremosa y de simple nuestra literatura. Nuestra intimidad es esteparia. Eso es sobre todo desconcertante en las pocas personas que poseen una refinada organización sensitiva y no poca inteligencia. Las raras veces que me he introducido en el fuero interno de un compatriota, he pensado siempre en esos gabinetes provincianos, someramente amueblados con un gusto que no es atroz, porque ni siquiera es gusto, en cuyas rígidas sillas nadie jamás se ha sentado, en donde nadie jamás a dicho a nadie nada discreto, educado, culto o cordial. El gabinete, con su olor a cajón de armario vacío, espera por los siglos de los siglos a las visitas que no llegan. ¿Y a quién se le ocurriría llegar? Ese limbo es un despidehuéspedes» J.G. de B.
Valor
Si tuviera valor (en los dos sentidos del término) me encerraría en una cabaña en un bosque solitario con cien libros y -lo dijo el poeta- memoria ninguna. Leer, escribir, no sufrir, no pagar cuentas, pensar, pasear, sin ordenador, sin amigos, sin mujer, acaso un perro y la luna y el lobo como única compañía. Eremita en lo hondo del bosque orensano. Esa felicidad, si tuviera valor.
Longitudes
Promedio de palabras por frase en la novela europea: 41 entre 1740 y 1790, 29 entre 1800 y 1860, 25 entre 1860 y 1920, 15 entre 1920 y 1980. La prosa, sucesivamente, cada vez utiliza periodos sintácticos más breves. La prosa actual es telegráfica, nada paratáctica, como veloces razzias, como fulminantes stacattos. Con ello se pierde la hondura vertical a favor de la excursión panorámica del travelling. La prosa se adelgaza, el alma deviene liviana. Signos del tiempo.
Libros
!Tratados de la imaginación y la gracia!
!Alcázares de las ideas del alma!
Obedeceros es mi libertad
y vuestro gobierno mi soberanía
y vuestra fe mi confianza.
Sois una orden mendicante y un esplendor,
el bosque donde calmos sueñan los hombres,
la iluminada religión de los solitarios.
Tres objetos son uno:
la playa rubia, el amarillo enigma, las áureas letras.
Y fatigando literaturas
algún día asomarán a mis ojos
las palabras verdaderas
que no ha de resquebrajar el invierno.
Educación
La cultura y la educación son imponderables, temas capitales en cuanto a la mejor salud espiritual de una nación. A mejor equipamiento intelectual y cultural de demócrata per cápita mejor será la democracia como un todo. Y a la inversa también. Un país puede colapsar por exceso de mediocridades. Iglesias hizo una apología acrítica de la educación pública. Es típicamente ideológico el sesgo pública/privada. El eje sobre el que debe pivotar el debate es Calidad/ Sin Calidad. Y a partir de ese eje tenemos cuatro posibilidades lógicas:
(1) Pública de calidad y Privada de Calidad
(2) Pública de calidad y Privada sin calidad
(3) Pública sin calidad y Privada con calidad
(4) Pública sin calidad y Privada sin calidad
La política educativa de un país debe insistir encarecidamente en lograr (1) y evitar (4). Y debe haber un pacto estatal entre todos los partidos para alcanzar ese óptimo lógico. Lo otro es ideología, y, por cierto, de la peor calidad.
Palabras para Clara
No seas solitaria, no seas perezosa,
es necesario que acabes la tarea aunque no estás obligada a terminarla,
no pidas excusas ante el amor sin medida,
sé fiel a Sefarad,
escribe cartas que siempre lleguen a destino,
oye los arpegios de las arboledas,
degusta la luz en la panza de una nube como espuma de café,
pon diademas a la albada
y cangrejos peludos a los de la casta moral hipócrita,
no seas fanática ni somnolienta,
quiere a tus papás y reza a las inmensas hadas del agua,
corteja la alta música de las estrellas,
y que muchas cremas y besos doren tu piel.
Pequeña sobrinita mía con deditos como guisantes,
con piel como de pimiento,
de finos tobillos como trenza o pulpa de mujer,
tu alma está uncida a un destino.
Amuralla tu alma poderosa frente a los ejércitos enemigos,
trenza de rosas la mansión de tu alma,
cuida tu pequeña, brillante, temblorosa alma,
y que tu alma llena de valor cuide tu camino.
Benet y G. Montero
Leí Como una novela de Danniel Pennac. Con un estilo desenfadado y coloquial, íntimo como si te susurrara al oído, pretende esclarecer la paradoja de que todos hemos sido unos niños amantes de los cuentos que nos contaban nuestros papás, en una rara alquimia íntima de lectores-oidores deslumbrados, y, muchos ya en la adolescencia, son lectores extraordinariamente refractarios, donde el libro que se les obliga a leer en el instituto es una papilla sólida intragable, un pedrusco inerte ajeno a sus intereses y ambiciones, un adoquín pétreo que separa del amor, el placer, la aventura y la intensidad. Un libro convertido en mero trámite para rellenar unas esteriotipadas fichas de lectura, para la argucia de formalizar unos asépticos comentarios de texto cuya única función es el aprobado más o menos raspado. La literatura en la escuela nunca o casi nunca es ese placer fácil o difícil que te cambia la vida merced a la identificación metafórica con los protagonistas del libro. Suele ser asunto funcionaril, o cubrir un expediente rutinario, o la apoteosis del Gran Bostezo. Se lee para ensanchar y engrandar la soledad del yo enfrentándote contra los límites. Se lee para palpar la grandiosidad, la sublimidad del amor, el conocimiento de lo inefable. Se lee para poblar la soledad con los pensamientos mortales de seres inmortales. Leemos y escribimos como se tuerce la rama en busca de sol; es una cuestión de propia respiración. La mejor vida es la vida solitaria, y la mejor soledad es la del lector y escritor. Al final del camino nos espera la muerte, la enfermedad, la muerte de amigos y personas queridas, la corrupción de la carne, el enlentecimiento de la marcha y los gestos, la pérdida de agudeza y chispa mental. Todo decae. Pero en tu habitación solo y con el libro amurallas, te amurallas frente a esas desidias, abulias, apatías, corrupciones. Te esculpes para medir y sopesar tu mortalidad y tu acabamiento. Usas el escalpelo y el bisturí y las tijeras para desbrozar de ti mismo hierbajos, malas yerbas. La lectura es el antagonista del insustancial bla bla social, de los neuróticos correos electrónicos a decenas por hora en la oficina, de los pensamientos horteras televisivos y la mierda abstracta de la información que fluye como un tsunami caótico y vesánico. Leer es pausa contra la incuria a velocidad patológica del mundo. Leer es el silencio que se medita a sí misma. Leer es la suma bendición de la soledad aquilatada por una mente inteligente. Leer es un destino; probablemente, con el amor, el destino humano más feliz y soberbio. Y, decir por último, que yo escribo porque mucho leí, es una forma victoria de mi amor por la lectura.
