Mamá

Mamá, te ha cambiado algo el carácter,
demasiados achaques y demasiados disgustos.
Papá nos dio mala vida, y, al final, solo tú y yo lo cuidamos
(un hombre con su carácter y su violencia en el 99% de los casos
acaba solo como un perro y ni en una residencia lo hubieran querido)
Tu prometiste que si tenía una buena muerte-en el fondo lo quisiste mucho-
no irías a la peluquería en cinco años. La semana pasada
fuiste y celebramos el difícil amor de papá -su madre era una bestia-
en el restaurante San Miguel, entre lágrimas y risas, con unas deliciosas ostras
y arroz con bogavante.
Mamá, te haces viejita, te vas haciendo viejita.
Un poco más egoísta, sí, pero igual de buena.
Y nada más dulce, sutil y enigmático que la bondad.
Y hermosa. Fuiste una de las mujeres más hermosas de Barcelona -trabajaste de maniquí para pagarte la Universidad-
y para mí, pese a tu pelo cano y a tus arrugas, sigues siendo hermosa.
La mujer más hermosa del planeta Tierra.
La mamá más hermosa del mundo.
Noe y yo te queremos con locura, Eva también, aunque está casada con un imbécil y enfermo espiritual.
A veces creo que Dios existe porque tú existes.
A veces me apena la súbita pudrición de mi alma pensando
que tú eres espectadora de ella.
Te he dado disgustos. Mi mala cabeza, mi impulsividad, mis depresiones.
A menudo nos peleamos (a mí me dura
el enfado cinco minutos) pero hace cincuenta años
que todavía no hemos parado de hablar.
Pero si no tuvieras esos problemas graves de movilidad
viajaríamos por Europa -yo te haría de traductor, que para
algo nos diste una educación de colegios y clases privadas-
Mamá, pon el oído a esta confesión pública:
en el fondo sigo siendo aquel niño que arrobado acariciaba tu cara,
en el fondo sigo siendo el niño extraviado en la ciudad populosa,
y tu amor me da cuerda como a un antiguo y hermoseado reloj dorado,
tu amor me alza como si estuviera subido al más alto trapecio,
tu amor es una claridad de sol, jade y nieve,
Mamá, ya sé que es irracional y muy cruel, pero en el
fondo no me gustaría sobrevivirte.
Mamá, que altísimas llamas, nos abrasen a ti a mí en altos cielos.
Que abejas de plata con piel húmeda
merodeen en un jardín donde eternamente tomamos el sol.
Que los criados preparen mi capa mcferlán y tus abrigos de pieles
y nos vayamos a un lugar de vida lleno de porcelanas rosas
y amapolas y lechuzas y mares.
Que vivamos tú y yo en mitad del bosque
o en una apartada villa romana.
Tu amor, querida, es una fábula de fuentes verdadera.
Tu amor, querida mía, es un verano sin escorpiones.
Demasiados disgustos te he dado,
una comezón dolorosa de no haber sido el mejor hijo
de los posibles a veces me ataca,
pero ahora, desde este poema, cojo tus delicadas y bellísimas manos artríticas,
te miro llorando de alegría a los ojos
y escribo la única verdad que sé
te querré siempre, y todavía después.

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