Diario (y la prosa de Lamas)

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NOTA: Escribo “Lamas” en lugar de “Profesor Lamas”, como debiera con respeto y en verdad escribirse. El tuteo, otra plaga.

Llego a casa a las dos. Pegar la hebra con un taxista puede ser mortificante, y, en mi intimidad quimérica e histriónica, sueño que me gustaría llevar a menudo un cartelito, un rótulo gris de cartón bien acordonado al cuello y entrevisto en mitad del pecho, con esa información garabateada y fructuosamente liberadora: “Perdonen, soy sordomudo”.

Pero el mínimo cordial, o la educada decencia humanista, o bien la noción bien entendida del verdadero significado de cultura, implican que jamás debes hacer sentir incómodo a tus interlocutores, tengan las condiciones y género de inteligencia, ilustración, sensibilidad, belleza, dinero o simpatía que tengan.

Solo al malvado debemos expulsarlo de nuestra comunidad moral, y por tanto de nuestra cercanía y círculo de afecto, pero tener un carácter huraño no es necesariamente tener (ni no tener tampoco) el carácter de un gran hombre ni de un hombre genialoide.

Adam Smith y Gibbon (o Hume, o Gerardo Diego) eran personas cálidas y nada conflictivas; Nietzsche, Schopenhauer o Diógenes (o Cernuda, o Wittgenstein) eran declaradamente antisociales, con una morbosa y caldeada energía en el trato.

La realidad, si vale la metáfora, se puede comparar a un rico poliedro de múltiples caras; topológicamente hablando, hay caras opuestas, ergo, ciegas una respecto a la otra. El antipático y el simpático, el irónico y el incapaz de humor, el tímido patológico y el expansivo locuaz, viven unas dimensiones que ciegan o anulan sus dimensiones lógicamente contradictorias.

Estos días estoy estudiando diletante y apasionadamente a Wordsworth. Un poeta que la primera vez que lo leí me pareció poeta titiritero de meros juegos florales, muy agrario, muy agropecuario, casi un chillón tubérculo de granja. Poeta de póster de bar de pueblo. Pero el tiempo apacigua y afina el juicio grosero.

Y encima hace diez años que vivo en una aldea gallega feudal, y fosforecieron, brotaron en mí como las leyes implícitas de los cielos estrellados, otra euritmia en el tiempo y la percepción. Me sobrecoge la belleza del ímpetu de la niebla a la mañana posada en el fondo del valle, allí cerca, en los cañones del Sil, la hechizada en agosto o casi siempre que se atisba porque no la tapan las nubes dragon moon, la desmesurada constatación de doce o catorce (dieciséis, veinte, cuarenta y nueve) tonos y matices de verde espolvoreados en un metro cuadrado de bosque. Cada vez, sí, me gusta más Wordsworth.

Mi chata poesía propende más a lo urbanícelo y ensayístico que a lo bucólico-pastoril y lírico, pero existe un retrogusto o reflujo, una contradeclaración que se cuela en ella y cuya fuente es la mística naturalista, o las (alguna que otra) “peak experience” que experimenté en Nogueira.

Ah la reconcentrada soledad y la energía vibrante del silencio, como un rojo mar bullendo en el fondo de un pozo, como un emperador de helados tutti frutti cascabeleando en el ocaso, igual a una danza de ala de agua y frescura de pájaro. Todo radiado por los bosques orensanos, ejemplos irrefutables de lo mágico, hermoso, geomántico y más onírico de España.

Un bosque, por cierto, es un fragmento de la realidad, un trozo del universo. Al hilo de mi hipótesis de la innúmera riqueza de la realidad (que un mero simio como nosotros siempre será incapaz de entender, que el registro de un extenso, sutil y monumental diccionario es, si se piensa bien, casi una “reductio ad absurdum” de aquello que nombra y de aquello que ineludiblemente no designa ni clasifica) acerca de la riqueza proteica de la realidad, decía, se puede razonar con el ejemplo mismo del bosque.

Para un matemático un bosque es primordialmente un conjunto estructurado de relaciones algebraicas y geométricas que saca del cajón de la sabiduría matemática acumulada y aplica en una reducción drástica de su naturaleza original (la del bosque), para un físico serán ecuaciones no lineales o física de fluidos o casos de teorías del caos, para un botánico fenómenos de fotosíntesis y un sistema ecológico autorregulado, para un aldeano un lugar que alterna entre el hogar, la fascinación, el miedo, cierto cansancio y apatía, y algún respeto, para un pintor una disposición cromática, aguda, cinestésica, tan viva como su propia inspiración y expiración, para un poeta un lugar o interregno entre la impresión emocional y el racionalismo mágico que, cual manto, todo lo envuelve, para un maderero o economista algo básicamente utilitario, traducible a un fajo de billetes, para un teólogo o un creyente el espíritu que está en lugar de la materia, a saber, el símbolo o plan divino encarnado en árboles y hojas y vientos, para un excursionista un lugar ajeno, un ínterin de relax y diversión, etc.

Si con nuestro cerebro pensamos acerca del universo, al ser nuestro cerebro una parte del universo, entonces nuestro cerebro se convierte en el lugar geométrico en que el universo se piensa a sí mismo.

Wordsworth -opino osadamente- tuvo una suerte de autoconciencia mística del universo o de su contemplación, a partir de la obsesiva auto alusión entre su experiencia o biografía (sobre todo de la infancia) y los data sense del paisaje del distrito de los lagos donde vivía.

Ando algo obsesionadillo con Wordsworth. Como nota erudita al margen mencionar dos comentarios negativos sobre él. El de Shelley, que disparó a dar: “Menudo desgraciado patético y bestial es ese Wordsworth…La única persona con la que puedo compararle es Simónides, el lisonjero de los tiranos de Sicilia”. Y el no menos ácido de Thomas Moore. “Wordsworth es bastante pesado. Me he dado cuenta de que es un hombre que pontifica; alguien que no entiende la toma y daca de la conversación”

…………………….

Después de comer y charlar un rato con mamá me fui a un banco sombreado de la plaza a leer poemas de W (en mi jardín me abrasaba)

Me despista el musgo cenizoso del suelo, las nubes de un blanco tímido y presumido, esos huecos hondos en que se aquerencia soberbio el cielo. Miro el silencio y me parece un pergamino de mármol goteando con tempo giusto, un palimpsesto en el que se adivina la escritura de otra época. A veces, al contrario, creo que es una editio princeps altiva empeñada en afirmar ideas heroicas. O un carmín que pintara rosácea mi vida. Pero siempre tiene cosas que decirme.

Repaso mentalmente la jornada y murmura en mí, pasando a ocupar toda mi atención, un comentario al desgaire de Lamas en la tertulia de la mañana en que adjudicaba a su prosa, o a su estilo de escritura, el del simple periodismo. Me rebelo con furia. No sé suficiente gallego, ni leí un mínimo decoroso de literatura gallega y a autores gallegos. No leí al mismo Lamas con profundidad y suficiente atención escrupulosa. Pero intuitivamente me parece una enorme barbaridad.

Pues, ¿es verdad? ¿la prosa de Lamas no se diferencia de la de Bieito Rubido, Pedro J.?, ¿ de la de David Jiménez…?, ¿es similar a una crónica o reportaje de suplemento de belleza y moda escrita en un diario dominical y redactada con cierto esmero por un periodista veterano?

Si fuera un intelectual alemán me encerraría cinco años en una biblioteca para acabar escribiendo un denso y hermético -intransitivo- ensayo titulado “Idea de la prosa de Lamas derivada de la idea de Prosa Trascendental”; si fuera intelectual francés me pasaría cinco años colaborando en magazines culturillas, desentendiéndome de Lamas, fumando Galois, saliendo en la tele como epítome del fast-thinker exitoso y famoso, yendo de putas caras, en fin, perdiendo el tiempo entre corbatas de seda, vida pitañosa literaria y seminarios donde los en verdad eruditos advierten mi acusada indigencia. Pero, un día, una tarde, al cabo de un lustro, recordaría que debo escribir un trabajo sobre la prosa de Lamas. Me sentaría ante el ordenador, me serviría un vodka con zumo de naranja natural, e improvisaría cualquier cosa al buen tun tun, sin ton ni son, como un gato paseándose encima de las teclas del piano (se publicaría acaso en Le Figaro: “El dandi de la psicohabla. Labios y pértigas para un Lamas verbívoro”) Si fuera inglés (el idioma en que mejor se estudia) pasaría a un archivo informático todo el texto de Lamas, y, con un sofisticado software de lingüística computacional, haría el retrato robot científico de su prosa (recurrencias sintácticas, tipo y familia lexical más frecuente…)

Yo soy un pensador (mejor: un orate diletante) impresionista. En esta época de academicismo escolástico, de inundación de la bibliografía secundaria, en esta Era de Rumiación Técnica Compulsiva de Trivialidades, el talante impresionista es un rasgo tan escandaloso casi como ser punk heroinómano en los setenta o franciscano pobrista en el Nueva York de hoy.

Así que, dado el axioma de que sin comparación no existe el conocimiento, intentaré aclarar el supuesto valor (o no) exclusivamente periodístico de la prosa de Lamas.

Ese es el problema para inquirir.

Para ello (un tipo de estrategia expositiva y argumentativa tan lícita como otra cualquiera) expondré ejemplificándolos tres bloques de prosa escrita por diferentes ensayistas, un bloque con una prosa a mi juicio humilis o abajada o mala o terrorista, otro con una medium o funcional o mediocre o periodística, y un tercero donde se ejemplará prosa sublime o alta o buena o elaborada o artística.

Debo aclarar que he estipulado un nuevo sentido a los términos “humilis”, “medium” y “sublime”. No me refiero estrictamente al significado consensuado por la retórica clásica y medieval, aquel cuya fuente es Cicerón en “El orador”, y, algo anteriormente, la Rethorica ad herenium (y que recogieron muchos tratadistas medievales)

Aludo solo a un estilo malo, o mediocre, o bueno, circunstancias que se pueden dar cada una de muchas maneras. Más o menos transfiguro y traslado los conceptos culturales de Dwight MacDonald, cuando distingue tres niveles culturales, highcult (alta cultura), midcult (cultura intermedia o mediocre) y masscult (cultura de masas), a, primo, la prosa de calidad, diría como cardenalicia, propia de reyes o dioses enjoyados, secundo, a la ni buena ni mala calidad, ni fu ni fa, como de burgomaestres tibios, y, tercero, a la de nula calidad, afirmaría que bufonescamente rústica, casi de patán y bárbaro hooligan.

Parece ser que estas categorías (highcult, midcult, masscult), están hoy desacreditadas, insensiblemente sustituidas por lo buzz, el gossip, y lo mundialmente cool. Una prueba más de nuestra imparable decadencia.

Que el hipócrita y desganado lector, leyendo los tres bloques, ejercite sus mientes en el ejercicio de decidir o inferir con qué bloque de prosa la de Lamas comparte más propiedades o aire de familia (“aire de familia” en el sentido precisísimo y técnico en que lo define Wittgenstein en las Investigaciones filosóficas)

A veces mostrar es más convincente, persuasivo y eficaz que demostrar. A veces capitalizar la sesera, lograr que fluya la mollera, produce más impacto que esa suerte de flatus voci mental, con un episódico y volandero rastro leve en la memoria, en que caemos al leer con un automatismo no analítico, irreflexivo, “tragapáginas”. Lean los bloques y respondan la “questio” devanándose el seso.

BLOQUE A (HUMILIS O MALO)

  • “Diré que mis textos no pertenecen ni al registro “filosófico” ni al registro “literario”. Por ello se comunican, o al menos eso espero, con otros textos que, habiendo producido cierta ruptura, pueden llamarse “filosóficos” o “literarios” solo según un tipo de paleonomía: la cuestión de la paleonomía: ¿cuál es la necesidad estratégica a una operación que en última instancia se niega a dejarse gobernar por un horizonte teleoescatológico? ¿Hasta qué punto es posible esta negativa y cómo negocia sus efectos? ¿Por qué ha de negociar estos efectos, incluyendo el efecto de este por qué? ¿Por qué la estrategia se refiere al juego de la estratagema más que a la organización jerárquica de los medios y los fines? Estas preguntas no admiten una organización sencilla), cuál, es pues, la necesidad “estratégica” que requiere el mantenimiento ocasional de un nombre viejo para lanzar un nuevo concepto” Derrida
  • “Llevando las cosas al límite, ¿no resulta que cada gran filósofo establece un plano de inmanencia nuevo, aporta una materia del ser nueva y erige una imagen del pensamiento completamente nueva, hasta el punto de que no habría dos grandes filósofos sobre el mismo plano?” Deleuze & Guattari
  • “¿Y por qué llamar Semiótica a esto?: La estilística como precedente, la Poética como denominación omnicomprensiva, las Teorías del texto Literario como último desarrollo. Sencillamente porque todos estos caminos tienen en común su atención central al signo y porque una Teoría del lenguaje literario o Poética de fundamentación lingüística es quizás la única disciplina en este campo que lleva a sus últimas consecuencias la intuición sausseriana de la posible semiología: “la vida de los signos en el seno de la vida social”” M. A. Garrido Gallardo
  • “Error que el matemático puede cometer aceptando suposiciones implícitas, dejándose llevar por el ideograma, por una analogía no adecuada …Incluso en la derivación lógico formal el matemático puede cometer errores porque la propia formalización va guiada, en el fondo, por la matemática previa informal…

Dos caras de lo que calificar error matemático: en el plano epistemológico formal, en el epistémico. Dos caras de un falibalismo que no supone que sea el Hacer matemático en sí el que sea falible, sino aceptar de que es un producto de quien es falible, el matemático. Y que, también, como producto, cambia y se transforma” Javier de Lorenzo

  • “Mientras que los ingleses abordan la o las culturas como una prolongación del campo de batalla social, sus colegas estadounidenses -de formación más a menudo literaria que sociológica o histórica- privilegian el auge de la pop culture de masas como entidad nueva, cuyos desafíos en la lucha social les interesan menos que la invención de códigos específicos y la “creatividad” de los receptores. Y es que en Estados Unidos se ha producido un cambio de generación intelectual. Con la emergencia de la cultura de masas proteiforme a gran escala, favorecida por la ampliación del tiempo de ocio y las nuevas estrategias de la industria cultural, los años sesenta coinciden con un relevo de especialistas en la universidad: los investigadores que se adherían “a las mitologías heroicas del intelectual disidente” ceden su lugar a los que aceptan “las contradicciones de una vida en la cultura capitalista” y están listos incluso para “servirse de su compromiso de la pop culture como un modo de protesta válido”, como resume Andrew Ross” François Crusset
  • “El desembarco de Iván Redondo, profesional de la comunicación polítivca, en la Moncloa como jefe de gabinete del presidente Sánchez es en sí mismo una demostración de la vertiente marquetiniana que ha adquirido la política en estos últimos años. Era la primera vez que alguien de ese perfil ocupaba un cargo ostentando tradicionalmente por personalidades con años de trabajo en la Administración y en las bambalinas del poder […]Según el modelo de Componentes de intercambio político, de Manuel Ortigueira, las organizaciones política smantienen una relación bidireccional de retroalimentación con los lectores. Las primeras ofrecen partidos, candidatos y un programa idológico a la ciudadanía. Los segundos les devuelven, eventualmente, su apoyo a trav´ñes del voto. Eso es lo que permite a los líderes políticos acumular poder legislaticvpoo po ejecutivo para gobernar después” Estefanía Molina
  • “Otra cosa no, pero los socialistas lo que tienen es una consoladora preocupación por la Cultura. A lo mejor no huelen otras materias, que no dan una en el clavo, pero de preocupación por la Cultura, cantidad. Éstos no vendrán con la longaniza, pero vienen con la Enciclopedia. Con razón convocaron a los intelectuales durante la campaña electoral para organizar lo de la “infraestructura”. Y con razón quieren el Ateneo, que lo han tenido desde siempre. Ya se sabe, la derecha a mirar la peseta, y la izquierda, a leer libros. La derecha siempre ha tenido miedo a los libros, porque en cuanto los obreros aprenden a leer piden aumento de jornal” Jaime Campmany

BLOQUE B (MEDIUM O MEDIOCRE)

  • “Actualmente hay unos catorce mil filósofos profesionales (es decir, docentes de filosofía) en los colleges y universidades de los países anglosajones (En los de lengua española el número es probablemente parecido) Estos filósofos anglosajones publican unos doscientos cincuenta libros al año y multitud de artículos en las doscientas revistas de filosofía a su disposición. En total, publican unas ciento cuarenta mil páginas al año, es decir, unas diez páginas por filósofo y año. De este inmenso caudal de textos, más de la mitad corresponde a la filosofía analítica, en sentido amplio” Jesús Mosterín
  • “Gottlob Frege es el fundador de la moderna lógica matemática, Como lógico y filósofo de la lógica está a la misma altura que Aristóteles; como filósofo de la matemática no ha tenido rival a lo largo de la historia de esta disciplina. […] Su obra apenas fue leída mientras él vivió, y durante bastante tiempo su influencia en filosofía se ejerció principalmente a través de los escritos de otros filósofos.” Anthony Kenny
  • “El racismo siempre ves deleznable, sea contra los negros, contra los blancos o contra cualquier otro color de piel. El racismo es una injusticia contra la humanidad. No obstante, hemos de reconocer que personas de cualquier color (y sexo) son capaces de ser racistas (y sexistas)” Lou Marinoff
  • “Por ejemplo, nos gusta ir al cine a ver una película de estreno que nos conmueva, nos eleve a una cumbre exquisita de sensibilidad, tristeza y emoción. Y nos vamos prometiéndonos que reconsideraremos tosa nuestra existencia a la luz de los valores que nos muestren desde la pantalla y que purgaremos nuestra decadencia y permanente apremio. Pero la noche siguiente, tras un día de reuniones y agravios, nuestra experiencia cinematográfica ya va camino del olvido” Alain de Botton

BLOQUE C (SUBLIME O EXCELENTE)

  • “Las ocho y media. El sol se ha ido del jardín y los árboles ondean como vegetaciones sumergidas; lo que se ve del cielo entre el ramaje es gris muy claro, casi blanco. Paso casi todo el día solo, leyendo y escribiendo, escucho música…Por las noches, cuando apago la luz, estoy tiempo despierto y pienso al azar. O sea, que mi vida es casi un continuo soliloquio. Sin embargo, me parece tan ajena, tan dada, como cuando estoy en la oficina: en ningún momento la confundo conmigo. Existe una zona donde se produce una discontinuidad, una inversión de la conciencia semejante a un reflejo social. Yo trato conmigo y no encuentro en mí más realidad que la que encuentro en cualquier otro. Ni siquiera me identifico del todo con los recuerdos, a pesar de cómo me poseen aquí” Jaime Gil de Biedma
  • “Aproximar el nombre de Whitman al de Paul Valéry es, a primera vista, una operación arbitraria y (lo que es peor) inepta. Valéry es símbolo de infinitas destrezas, pero asimismo de infinitos escrúpulos; Whitman, de una casi incoherente pero titánica vocación de felicidad; Valéry ilustremente personifica los laberintos del espíritu; Whitman, las interjecciones del cuerpo. Valéry es símbolo de Europa y de su delicado crepúsculo; Whitman, de la mañana en América” J.L. Borges
  • “En la vida de Miguel Ángel es fácil ver como su fuerza se convierte a menudo en amargura; como si una voz discordante se empeñara en estropear una hermosa melodía. “El mismo rey de Francia no osaría tratar al Papa como lo hace Miguel Ángel”, camina por las calles de Roma “como un verdugo”, dice Rafael. Todo parece indicar que en una ocasión se encerró en su casa con la intención de dejarse morir de hambre. Cuando al leer su vida nos encontramos con este tipo de incidentes, tempestuosos y violentos, surge en nosotros la idea de que fue uno de esos hombres que Dante juzgó por haber vivido “voluntariamente en la tristeza”” Walter Pater
  • “Sus ideas [se refiere a loa de los críticos de pacotilla] son como figuras de yeso en un molde, tan frágiles como superficiales, que se rompen antes de que ñes dejes abrirse camino. De hecho, este personaje es el representante de una gran parte de la comunidad de los frívolos, presuntuosos e indolentes, de aquellos que tienen tiempo para hablar, pero no se sienten obligados a pensar; y considera que cualquier desviación de las selectas formas de lo vulgar, o del prestigioso lenguaje de la impertinencia convencional, supone comprometer su autoridad diplomática. Es maravilloso cómo los personajes de esta clase simpatizan unos con otros; cómo se juntan en manadas cuando tratan sus propias opiniones; qué tacto tienen para la estupidez; qué instinto para lo absurdo; cómo se localizan unos a otros mediante signos inconfundibles. ¡Es como si fuese una masonería!”  W. Hazlitt
  • “Si en el decurs d´aquest llibre es podria demostrar tantes vegades la vaguetat dels meus coneixements -i això modèstia a part- no pas menys aviat de les amanides. I ara no utilitzo la ironía normal, cosa que, de vegades, càndidament practico. Farem, doncs, una amanida corrent, d´enciam i escarola, etc., del que sigui. Primera cosa fonamental a fer: cal assecar acuradament i totalmente les herbes amb un tovalló impecable: cal assecar-les fins que no quedi, en aquestes fibres, una sola gota d´aigua. Cal també premsar-les una mica, treure de les seves formes la cosa lineal i abrupta que puguin tenir perquè s´embeguin bé amb el suc coadjuvant. Ho diré una vegada més: aquestes amanides que es presenten en remull, nedant en aigua, són horripilants. No tenen gust de res, són insípides i inútils. […] Ara, al meu entendre, una amanida no és un eslógan propagandístic sociològico-polític.Una amanida és, simplemente, una amanida” J. Pla

BLOQUE D; PROSA DE LAMAS

(abriré al azar alguno de los libros de Santiago Lamas y copiaré tres o cuatro parágrafos. Juro que no busco intencionadamente un pasaje u otro para fundamentar mi hipótesis)

“Dese Entroido vestimentario puido decatarse Arturo Pérez Reverte cando paseando cun amigo foi advertido por este de que a súa forma de vestir, zapatos de coiro, pantalón chino longo, camisa azul claro, chaqueta e chapeu provocaría moitas olladas. O amigo tiña razón. Ao seu redor, cinco de cada seis homes calzaban chanclas, pantalóns curtos fosforescentes ou vaqueiros rachados, camisetas coas axilas descubertas, puchas de bésisbol e todos eses refugallos complementarios de tatuaxes e ferranchos hoxe xa tradicionais.

[…] Hoxe moitas tendas de luxo en >Londres, venden roupa feitas con tecidos de grande calidade que imitan a roupa dos guetos e suburbios do gran Londres. ¿Como explicalo?…¿É que mesmo os ricos están tan influenciados polo igualitarismo que teñen mala conciencia de ser máis ricos ca media?. Semella non ser o caso. Non están dispostos a desprenderse da súa riqueza polo ben dos outros pero poden imitar a estética vestimentaria dos menos afortunados coa esperanza de que a súa riqueza pase desapercibida aos menos afortunados e non se trata do que pretendía Andrés Fernández de Andrada (1575-1648) na súa Epístola moral a Fabio:

Quiero imitar al pueblo en el vestido,

En las costumbres solo a los mejores,

Sin presumir de roto y mal ceñido

No resplandezca el oro y los colores

En nuestro traje, ni tampoco sea

Igual al de los dóricos cantores

Una mediana vida yo posea

Un estilo común y moderado,

Que no lo note nadie que lo vea”

ESCOLIOS AL PROBLEMA PLANTEADO

Los libros de Lamas, ¿a qué bloque se acercan más, al A, B ó C? Mi hipótesis es que se encuentran en el interregno o frontera o límite entre el bloque B y el C. Que viven en la tierra de nadie entre esos dos reinos.

Supongo que sus enemigos afirmarán que pertenecen al A y sus entusiastas al C. Mi hipótesis es de que son copartícipes de ambos mundos. A veces (y lo leí muy superficialmente) parece que en la invención y la disposición se acercan al C, y a veces parece que el tono elocutivo permanece más bien en el B. Si tiene un momento alado sus propiedades como ensayista se acercan a C; otras mantienen una línea más rutinaria encuadrándose de pleno en el B.  

Estoy cansado. Escribo mal.  Mi mente corva y entablada no discurre bien. Denegridas y arrugadas mis ideas. El mundo glorifica folclóricamente la bajura. Al menos Lamas (discípulo de Pla) y yo (torpe pupilo barroco de Lamas) resistimos. Frente al confuso jaleo, los libros. Frente a lo oscuro, lo culto, que culto no es oscuro. Frente al horrible pez borrón -grumoso y bulboso- la elegancia como de escabel cortés. Frente a la escritura minipimer y tartaja, la negación de ese kitsch universal que nos iguala y anega. Frente al asianismo, el aticismo (solo puedes decir algo claramente si y solo si lo entiendes claramente)

Hay una prosa de carromato gitano (A), una de utilitario de gama media (B) y una de Rolls Royce (C) Hay ideas obligatorias, otras opcionales y unas terceras solo sugeridas. Hay buenos libros buenos, buenos libros malos, malos libros buenos y malos libros malos.

No soy filólogo. Pero leí lo suficiente para que no me den gato por liebre. Leyendo prosas de muchas clases discriminas automáticamente la delicatessen del fast-food. El riguroso, natural y desnudo modo de escribir y pensar, lo tuvieron Pla, Fuster, o mis maestros Gerard Vergés y Josep Tomàs Cabot (hoy totalmente olvidados) Buscar la belleza en el orden estrictamente necesario, en el orden absolutamente correcto. Buscar la comprensión inmediata y evitar el galimatías, la prosa pegajosa, ensalzar lo sobrio, lúcido y sereno. Halagar el control racional, la elegancia en la expresión, el odio a toda falsa brillantez. Evitar la ampulosa vaciedad. El relleno falsario. El mundo se ha convertido en un sinsentido bibelot kitsch. Como dijo Demetrio en Sobre el estilo «El camino sin señales y monótono, aunque sea corto, se hace incierto». Los libros salchicha resoplando grasa. Las páginas que corren, pero no se elevan. El malestar de vejiga, la incomodidad sensible, al leer tanto libro malo. El escribir adjetivos como suelta un burro sus pedos.

Estoy muy cansado. Escribo muy mal. Mis maestros Vergés, Cabot, ahora este gallego de Lamas, ignorados, mientras encumbran a incompetentes. Esa absurda escuela de la depravación. Lo chillón presentado como algo vivo.. No sé.

…..

Vuelvo a mi covachuela, a mi sombría latebra. «Escolto el refilar del ocelles i com s´ esmicola la llum». Afuera, en las afueras, el panorama no puede ser más desalentador. Vale.

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