Contra España

España currutaca, higona, miramelinda, plomífera,

España, demasiados retrocesos, llena de cabreros hirsutos,

con indolencia arábiga andaluza, con inane saltataulells catalán,

feísmo rural gallego, covacha quebrada cántabra,

con tienducha provinciana madrileña y costeras playas horteras,

España ufana como un gusano que el arado parte en dos.

España televisual, futbolera, barista, de mal gobierno

y zarrapastrosa, pulposa, tuercebotas, chapuzas, pugnaz inculta,

zampabollos, incauta, con mayonesa en la comisura, y baba,

cejijunta y pobre, que a su hermano fulmina con acero,

erial donde cruza errante la sombra de Caín, paño de suave

gamuza pero celda sin claraboya, espiritual y platónica

vieja y bronca España cebada para la matanza,

haragana, tumefacta, necrosada, tuitera, lo dicen las sefirot

cabalísticas: eres un ejemplo de burricie y detritus de alma.

España esquirla sin luz, de fanática negrura de confesionario,

ciclópeo atrio de la mendacidad, mucosa sentina idiota:

je acuse l´Espagne, a mi judería voy, tan solo mi biblioteca es mi patria.

España sarmentosa ágata de la mecanografía, frutera y verdulera,

país de la caterva y la inepcia. Apostato. Hereje afrancesado

o conde don Julián, o anglófilo imposible,

aquí os dejo, y feliz parto siempre al exilio.

Bajo una égida más amable se cobijará mi nombre y ley.

Un cielo de estrellas más brillantes seguirá mi sombra los caminos.

Nunca bajo los inviernos congelados y torvos de tu noche ciega.

P.S. Majestad:
Felipe IV era abúlico y apático, devoto, mujeriego y acaso poeta. A menudo se cansaba de sus validos y del ejercicio de su reinado. Carlos I fue guerrero. Felipe II solo rey. Felipe III y Felipe IV hombres nada más. Carlos II ni hombre siquiera. Carlos III gran hombre.


El duque de Lerma, afligido y consternado, afecto de asma, se trasladó a Valladolid para iniciar su mascarada. Para fingir pobreza vende bienes, para fingir santidad dice querer hacerse jesuita. El conde de Olivares da orden de detener a Lerma. Poco después se oirá un anónimo por los pueblos de España: «Aquí yace un reino entero/Olivares lo mató/catalanes lo acabaron/los monjes lo amortajaron/y Portugal lo enterró».


Atento mi rey Felipe VI, que el reino debe ganarlo. Este escritor le recuerda que en el Palacio de la Justicia de Florencia figuraba la siguiente inscripción «Oportet misereri», es decir, es necesaria la misericordia, pero que los litigantes y pleiteantes, recuérdelo majestad, traducían como puerta de la miseria. Así que muy atento.
Ahora la misericordia se confunde con la miseria, y la miseria son esos míseros orates gobernantes, el torcido Sánchez, la turbamulta a menudo injusta. ¿Qué es la Justicia? Jurris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere suum cuique tribuere, estos son los preceptos del derecho: vivir honestamente, no dañar a nadie, dar a cada uno lo suyo.


¿Lo habéis oído borrico Presidente Sánchez, seboso Junqueras, sedicioso Puigdemont, mafioso Pujol, nadería Forcadell, verdulera Colau, fea Ana Gabriel, tontolaba y lacayo Torra ? ¿Lo oyes Echenique, estalinista Iglesias, o tú ministra analfabeta? No lo habéis oído y siempre susurrará en vuestro corazón el fracaso, la cofradía del fracaso. Porque no sabéis ni jamás sabréis lo que es y significa deleitarse en la compostura del alma, en la libertad de la Concordia y el Conocimiento, o más llanamente, en la Libertad.


Y a los viles profesores de Secundaria y Universidad que son como atenienses predicando a favor de Esparta -los estudiantes son solo santos inocentes manipulados como plastilina, como chupa-chups-, a muchos viles que abundan y adoctrinan, a los viles que alimentan a la hidra catalana y vasca, o al bolchevismo de pimienta y cayena, les recuerdo que si Bocaccio o Petrarca siguieron a alguien, siguieron a los mejores, y siguieron lo que su propio ingenio y la propia eminencia de su juicio natural hacia más altura les llevara. Buscaron la gloria de la excelencia, y, como peste, evitaron ser siervos de la miseria, la bajura, que tanto abunda en la historia, general y particular.


Majestad, en vos confío, a los tunantes catalanes sediciosos hágales tragar la hiel y el ricino con vuestra grandeza. No se fíe un pelo de este gobierno social-comunista anti-español. No permita bajo ningún concepto la disgregación del reino.


Aprovecho la ocasión para mandar un saludo afectuoso a la reina, la princesa, y la infanta.


Siempre sinceramente suyo. Un escritor judeoespañol.

Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

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