Deseo ser pájaro

“Noli foras ire, in te ipsum redi.

In interiore homine habitat veritas”

San Agustín

Respiro amurallados bosques verdes de culebras.

La locura produce miedo, abatimiento, melancolía,

desesperación y otras horribles pasiones. Se abate

el rostro, se inclina pesada la frente, gotea la nariz,

babeas por la boca. El estómago está tapiado de crudezas

y mucosidades, la sangre no purga los humores,

el cauri lacera tu piel, y yaces mil días y una noche.

Christian, tienes el ojo ortopédico por lavar en el fregadero.

Un tren, al amor de la locura, se despieza en el museo

lleno de moscas y óxido de planetas por sus galerías.

Desear ser un pájaro. Aunque cueste leer

al salir del manicomio construirás un palacio de hadas,

llenarás tu mente de fosforescentes fantasías

y pensamientos hermosos, de recuerdos satisfechos

e historias nobles, habitarás una casa con alfombras de oro.

Al salir del manicomio decidiste ser sabio sosegado:

estudiar y no escribir, nadar y ser un pájaro,

alimentarte de sésamo, adormidera y menta.

Una casa con ventanas elíseas y luz de cima.

Alaba y agradece a los dioses mortales pertenecer

a la ciudad de las Ideas, pues no poca cosa lograste.

Un pájaro que cruza el torrente impetuoso

precipitándose desde lo alto de una montaña.

Pájaro, no perro sarnoso. La vida no se puede discutir

porque defenderla resulta absurdo y difícil.

Una casa construida con tus manos

donde se funden el cielo con la tierra y sueñas

embrujado el esplendor del instante, fugaz y eterno.

Sean estas las últimas palabras que escribo

y brille la Luna en mi renovado corazón.

P.S.

Ningún asalto al banco podrá robarme mis riquezas, porque son soledad, fosforescente locura e inteligencia. Manteneos juntos unos con otros, calientes como cerdos en su corte. Pobres de espíritu.

Me gusta que mi vida tenga una amplia psicosis, como un hongo de Laponia afiebrado y visionario. El ganso salvaje es más bello y más rápido que el domesticado; mi locura tiene salvajes ramas y pensamientos opulentos.

Mi locura -vano insistir- cae desde cornisas marinas a salas donde gira el pelícano. Un claroscuro con rumor de fruto, de tufo a lagar hondo, de orquestal y escamoso calabozo.

En esa soledad el mundo ya no descansa sobre principios, sino, y al igual que en la infancia, en inmaduros fragmentos. Fragmentos suavemente cosidos a la niebla.

Vivo en la Dalmacia obscura de mi locura con absoluta pachorra. Oigo voces de obreros construyendo la muralla de Jericó, a una niña rubia cuentacuentos, una especie de misas en latín arcaico, retazos aislados de versos surrealistas…Prefiero mi fatal vesania a la cinemática común, al correr mecánico zangolotino, marsupial, mandril de la radio y la televisión. Meros seres inconcretos con una psique inconcreta resumida en píldoras pegajosas inconcretas.

Admito que mi locura, mis alucinaciones, son como un polvillo de ideas enzarzado a cardos algo molestos, pero al menos disfruto sobremanera de su dimensión-y experiencia- estética. Sus palabras aleatorias no están preñadas de vacío, nunca siguen escrupulosamente las reglas del juego de la vulgaridad, remodelan y educan en la rareza, nunca en el tópico de maloliente axila sudada ¡Viva mi locura! Si hubiera que asignar un género a la vida de un escritor literario, tendría que ser la tragicomedia de mis visiones.

La vida interior es como una casa encantada. Casi un mayal aventando el grano, o el polvo brillante sobre la puerta del galpón. ¿Und die welt?

Je crois en la croissance

Je trime puis je dépense

Je dépense et puis je trime

Sans savoir à quoi ça rime.

Photo by Mehmet Turgut Kirkgoz on Pexels.com

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