Papel cuché

¿Dónde el trópico o aquella sabiduría que medra y crece?

¿Dónde el conjunto incandescente

en lugar de los fragmentos opacos?

¿Por qué este general y agusanado Anillo Gris de Terror?

Cuando el sesteante, rastreante y redondo caracol

era materia con forma, sombra con colores y gesto

en parsimonioso movimiento, Até, errante entre los mortales,

nos inspiraba el mal. Cuando el cielo era oxigenado aliento

de buey, rubia fiebre lanuda, Heracles venció a Litersés,

y arrojó su cuerpo al río Meandro.

Cuentan -árbol de bronce- que Teagena poseía fuerza descomunal,

y Melampo lo adivinaba todo mirando el ojo de un pájaro,

y Oleno y Letea eran rocas de apasionado amor…

Aquel verano se convirtió en una parodia miserable:

molleras sin sesera y operados labios apisonados.

Una pocilga de hordas de imbéciles-esos que mi

peluquera embelesada llama «famosos»- tejían el otoño

de bostezos y crujidos sin misterio. Progné no era golondrina,

ni Filomela el ruiseñor, ni Tereo la abubilla. Nadie contempla

a Itis en un jilguero. Un absurdo real ocupa bosques.

Océanos burdos de irrelevancia. Magos de brillantes labios

eran ahora pitonisas sodomitas de madrugada.

Montan el Belén con futbolistas, actrices, presentadores,

concursantes de Gran Hermano, y a los leones echan

esas especies para la glotonería de indigesta carne cruda.

Un sapo y el suspenso adoran el pueblo.

No legislan ni poetas ni dioses. Un obscuro prostíbulo sin lejía.

Como una congregación de ratones vestidos de crepé rosa.

El Famoso es lo contrario del Poeta.

El Famoso quiere comer, beber, dinero, figurar.

Se arregla, y desea que lo fotografíen.

No piensa, y no le importa nada atestiguarlo.

Está en celo, un pavo real que desea que lo follen ¡Vaya mérito!

El Famoso es natural, sudado, común, abundante,

esto es, horrible y abominable.

Por eso siempre es vulgar, lo contrario del Poeta.

El Famoso es una masturbación frecuente, una irritante

epidermis de la gloria. Bellezas artificiales y zonzas

que no van más allá del tontorrón semblante,

el sombreado de ojos y el zapato vistoso.

Están en boca de todos,

no por la pompa de su grandeza,

sino por la caricatura misma de la grandeza.

Lo bajo y zafio subido al pedestal.

Quemad el becerro de oro. Convertidlo en polvo

y esparcidlo por las aguas fecales.

El kitsch mandril anega e iguala al mundo.

La ambientación intelectual de nuestro tiempo

es el blondo y pulimentado buido hueco de esas cabezas.

Los hombres tras el balón y las mujeres abobadas

duermen noches sucesivas encima del escenario.

Y habrán más.

P.S. (i) Según la RAE, «fama» significa:

1. f. Condición de famoso. No hay que confundir la fama con el éxito. Un arquitecto de fama universal.

2. f. Opinión que la gente tiene de alguien o de algo. Los dos hermanos tienen fama de luchadores.

3. f. Buena opinión que la gente tiene de alguien o de algo. Un escándalo manchó la fama de la institución.

4. f. Noticia extendida acerca de algo.

En el Ancien Régime la modalidad espiritual de famoso estaba connotada positivamente. Es la «buena opinión» de la tercera acepción. Claro que existían afamados emperadores vesánicos, o militares y estrategas salvajes, contraejemplos en una palabra, pero la fama poseía un rasgo de imitación heroica (léase a Plutarco)

Miguel Ángel era grandioso y noble, como otros fecundos matemáticos, filósofos, astrónomos, músicos o poetas. Hoy somos arrollados por una revolución mayor. Alguien cocinando un huevo frito en calzoncillos (mejor si los suspensorios están sucios y desastrados) con la espalda tatuada con el dibujo de una serpiente comiéndose a una rata, es famoso si lo graban las cámaras de GH. Un mamarracho que en lugar de reformar la legislación para bien de la polis, se dedica a lamer váteres infectados con covid, salta a la fama. Un ganador del concurso mundial de micropenes, del concurso mundial de lanzadores de sandías o huesos de aceitunas, un mafioso destripa vientres, un graciosillo que le toca el culo a la presentadora de los mundiales en la tele con su peluca o su montera de torero y su tintura de la rojigualda en la cara, ésos, son carne de entrevistas y futuras celebrities. Lo importante no es la fama por la obra bien hecha, lo único que cuenta es ser la comidilla en la aldea más o menos global, estar en boca de todos SIN importar nada que se esté en boca de todos por ser corrupto, pedófilo, el mayor cornudo del Reino de España o el más tonto de la clase. La máquina de espectacularizar no discrimina; engulle, saliva, traga y excreta. La máquina de la fama no premia el valor, incluso lo rehúye. Hay que cagarse en tu madre para ser famoso, deglutir excrementos en un happening para ser famoso, disfrazarse de virgen y puta para ser famoso, matar con una ballesta para ser famoso.

Ser un genio inventivo o de los mejores en tu oficio carece de aura. Que en el súper y el bar hablan de ti. No importan los motivos. El resto es mala literatura.

(ii) (*) O votan solo los preparados o todos nos preparamos para votar. El sufragio bajo la influencia nociva o espada de Damocles de brutos, ignorantes, desinformados o hooligans, tiende abrumadoramente al error y la corrupción demagoga.

(**) La democracia no corre riesgos; al igual que un escritor mediocre no comete grandes descuidos porque no aspira a lo excelso; la vulgar tiranía del número es irreprochablemente corriente. El riesgo y la grandeza produce los efectos más desafortunados (y los aciertos más sublimes y memorables) La medianía niega la memoria.

(***) La democracia ha derivado en una institución de beneficencia que esquilma la riqueza general para distribuir favores (entre quienes convierten en sus «partidarios»), para distribuir favores en el mercado de la opinión pública, la peor de las opiniones.

(****) Lo políticamente correcto es una dictadura que evita el conflicto, el cinismo, la resistencia, la ironía, la rebelión, el sarcasmo, y, mucho peor, oculta una pregunta esencial ¿son las cosas así? ¿es verdad lo que nos dicen? Góngora, Quevedo y Lope iban a degüello, con la faca a punto. Buenos tiempos ésos.

(*****) Yo soy capaz de propinar, si evito el filtro, una bofetada en el rostro del gusto público. Otros también. Porque prefiero la cabeza al corazón, la máscara (o el engaño) a la sinceridad, lo complejo a lo sencillo, la fuerza a la debilidad.

Tontolabas, os enterrarán al compás del «Candle in the Wind».

(iii) La hermandad igualitaria universal se ha alcanzado mediante el kitsch.

Photo by Ekaterina Belinskaya on Pexels.com

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s