Diario de una soledad 10

«Asombra comprobar de qué pocas cosas está hecho por dentro un español: somos muñecos de resorte, y así resulta de aburrido nuestro trato y de extremosa y de simple nuestra literatura. Nuestra intimidad es esteparia. Eso es sobre todo desconcertante en las pocas personas que poseen una refinada organización sensitiva y no poca inteligencia. Las raras veces que me he introducido en el fuero interno de un compatriota, he pensado siempre en esos gabinetes provincianos, someramente amueblados con un gusto que no es atroz, porque ni siquiera es gusto, en cuyas rígidas sillas nadie jamás se ha sentado, en donde nadie jamás a dicho a nadie nada discreto, educado, culto o cordial. El gabinete, con su olor a cajón de armario vacío, espera por los siglos de los siglos a las visitas que no llegan. ¿Y a quién se le ocurriría llegar? Ese limbo es un despidehuéspedes» J.G. de B.

Y dedicado a este gobierno de mediocres, fantoches e iletrados: “Mediocre y trepador, y se llega a todo.”

Pierre Augustin Caron de Beaumarchais.

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«E cominció la gran follia, sì orrenda, / che de la più non sarà mai ch´intenda», dijo Ariosto. ¿Locura? ¿Pesanervios? ¿El ahorita mismo?

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Entre culebrón topolino y muñeca pepona. Como una especie -no muy diferente- de la novela «Vestida de tul». Con alcanfor a Alfredo Mayo. En resumen, la estética del pepino pocho. Novelas como esos pololos inventados por la Sección Femenina. Asombra comprobar lo que una escritora española tiene por dentro.

Luz Gabás es facha.

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