Tentativas 140

Nada sé de la compañía o la amistad. Me gustaría haber abdicado mezclándome, pero pierdo el hilo, babeo, me temblequea la voz. Huí de los hombres, no por odio, sino por incapacidad, por descuido. Todo lo debí sacar de mi celda. Sostengo una soledad pesada que me deforma.

La verdadera vida de la conciencia ocurre lejos del ruido humano, me gusta pensar a veces. La conversación, incluso la más inteligente, introduce una imprecisión inevitable: obliga a simplificar lo que en nosotros es complejo, a traducir en palabras lo que solo posee forma en la percepción silenciosa. No es que el mundo desaparezca cuando uno está solo; al contrario, se vuelve más presente, más exigente. Lo trivial cae por su propio peso, lo esencial permanece.

El trato con los hombres ha llegado a resultarme insoportable, no por una repulsión automática, sino por un cansancio acumulado. Las mismas conversaciones, los mismos gestos, los mismos clichés repetidos me producen una fatiga incontenible. En la soledad cuidadosamente construida, cada sensación puede ser elegida, cada objeto examinado con una atención absoluta.

La independencia intelectual requiere una forma de aislamiento. No se trata únicamente de disponer de un espacio físico, sino de preservar un tiempo que no esté continuamente interrumpido por las demandas de los otros. El retiro permite que el pensamiento siga su curso, que una idea se desarrolle hasta sus últimas consecuencias sin ser desviada por la intrusión constante del mundo exterior.

En mi aislamiento feraz, los pensamientos dejan de ser meramente pensamientos para adquirir cualidades perceptivas: se oyen, se imponen, se repiten con una autonomía que uno no reconoce como propia. La falta de contraste con otros —de esa verificación continua que la vida compartida introduce— hace que la experiencia subjetiva se vuelva autorreferencial. El mundo exterior pierde consistencia, mientras que el interior se densifica hasta ocuparlo todo. En ese punto, la soledad deja de ser un espacio de elaboración y se convierte en un medio cerrado, donde la mente ya no distingue con claridad entre lo producido y lo recibido. Ahí estoy.

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